¿Arde Brasil?
jueves 20 de junio de 2013, 01:01h
El aumento de la tarifa de transportes ha incendiado las calles de las principales ciudades brasileñas, que pese a los esfuerzos del Gobierno de la presidenta, Dilma Rousseff en bajar impuestos y reducir la pobreza, aún tiene pendiente la tarea de mejorar los servicios públicos, los cuales dejan mucho que desear en el país suramericano.
Es está causa el detonante de tanta “ira” e “indignación” desbordada en la hoy sexta potencia mundial, y el líder de las economías emergentes. Carteles y consignas arremeten contra los recursos destinados a la Copa Confederaciones, el Mundial de Fútbol de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016, en detrimento de las mejoras en materia de infraestructura para el transporte o la sanidad pública.
Y, en este sentido, es comprensible este estallido social en Brasil, país que se ha convertido en uno de los referentes del modelo económico latinoamericano, pero que las protestas de estos días han desvelado que mucho del “sueño” suramericano ha estado centrado más en la forma que en el fondo.
Mientras las protestas se intensifican, a veces de forma muy violenta, ante la pasiva mirada de la Policía, la presidenta Rousseff las califica como el derecho del pueblo a manifestarse, con el argumento que las mismas fortalecen a la nación brasileña. Un derecho que no ponemos en duda, pero tales declaraciones más que una defensa de la libertad de expresión, podrían interpretarse como un gesto irresponsable de condescendencia hacia los manifestantes, quizá por populismo o por exceso de confianza.
La señora Rousseff no puede limitarse a ver los incidentes como un hecho momentáneo, producto de una situación puntual. La volatilidad de la sociedad latinoamericana es una realidad incluso para un gigante como Brasil, que ya no puede darse el lujo de la irrelevancia debido a su status dentro del mapa mundial.