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Terele Pávez, en la plaza de Santa Ana

Juan José Alonso Millán
viernes 02 de mayo de 2008, 22:33h
Esta inmensa actriz hace unos días, echó un sueñecillo al lado de un mendigo en la Plaza de Santa Ana de Madrid. Se encontraba agusto, hacía solecito, el mendigo era amiguete y además le dio la real gana. En el año 1964 Terele, participó en el elenco de una comedia mía; CARMELO, que montó sabiamente José Osuna en el Reina Victoria. Era joven y lúcida actriz. Buena compañera, inteligentemente divertida que dejaba traslucir el fabuloso porvenir que la esperaba. Desde entonces la guardo respeto y amistad. Como su abuelo fue el célebre compositor maestro Penella, autor de la ópera EL GATO MONTÉS, iba con cierta asiduidad por la Sociedad de Autores a cobrara el derecho de autor que legalmente le correspondía. Iba acompañada de su pequeño hijo Carolo, sin duda el hombre de su vida y me divertía los minutos de charla que tenían como madre e hijo. He tenido debilidad por las tres hermanas; Emma Penella, Elisa Montés y Terele. Emma hizo EL VERDUGO y Terele LOS SANTOS INOCENTES, dos de las mejores películas españolas de todos los tiempos. ¡Qué barbaridad! Solo por este papel, se debería el respeto de la prensa ya sea amarilla, rosa o gris marengo. En la escena, recuerdo una CELESTINA gloriosa. En fin, una actriz de quitarse el sombrero. Como ser humano, no recuerdo nada más que juicios positivos y comentarios siempre elogiosos hacía sus compañeros. Pero de pronto, aparecen televisiones, regando dinero a menos llenas, dispuestas a comprar indignidades; un stripper que se hace novio de una famosa, uno que sale de la cárcel, con la pasta en los bolsillos, una que echó siete polvos con uno del “cuerpo”, otra que cuenta sus operaciones, otra que cobra por no contar lo que sabe todo el mundo, uno que relata sus cuernos, atracadores que negocian programas desde la cárcel. La que se queda embarazada o la que no se queda embarazada. Hijos que machacan a sus padres, padres que reniegan de sus hijos… toda clase de indignidades son compradas por esta televisión que padecemos. Este Saturno devorador de ruindades, ya había echado sus garras a Terele, a sus hermanas y sobre todo a su padre. ¡Ser genial en su trabajo no cuenta, echar un sueñecito en una plaza…! ¡Leña al mono o qué se pase por los programas, qué para eso están! El éxito honradamente ganado con trabajo y genialidad apenas cuenta, no interesa... cosas de share...

Ante la falta de escándalos, truculencias o crónicas inventadas, se recurre a lo más bajo para destruir la reputación y la vida laboral de quién está más a mano. Las televisiones esperan que Terele levante el teléfono y acuda al olor de la pasta, a llevárselo calentito y todos tan contentos... siempre que el share responda. Pues de eso, nada. La dignidad de la que hizo LOS SANTOS INOCENTES, le impide el cachondeo mediático y manda la pasta gansa a hacer puñetas. Espero que esas televisiones que tanto se han preocupado por Terele, cuando trabaje corran a ponerla en el sitio que está y que nadie se lo ha regalado. Chapeau por Terele, por hacer con su vida lo que le da la gana, sin hacer daño a nadie.

Juan José Alonso Millán

Comediógrafo

JUAN JOSÉ ALONSO MILLÁN es comediógrafo

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