Becas como esfuerzo del contribuyente y educación del estudiante
jueves 27 de junio de 2013, 01:40h
Lejos de aplacarse, la polémica del nuevo sistema de becas que quiere instaurar el ministro de Educación, José Ignacio Wert, sigue ocupando un lugar destacado en la actualidad política. De la exigencia inicial de un 6,5 de nota media para beneficiarse de una de dichas becas puede pasarse ahora a un 5,5, sin que dicha rebaja sea tampoco del agrado del PSOE. Su líder, Alfredo Pérez Rubalcaba, afirmaba ayer estar dispuesto incluso a llegar al Tribunal Constitucional, sin apearse de un planteamiento más demagógico que realista, sobre todo viniendo de un profesor universitario que conoce bien la verdad de los hechos.
Se da la circunstancia de que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico -OCDE- respaldaba recientemente el sistema propuesto por Wert. El propio director de Innovación e Indicadores de Progreso de esta institución, Dirk Van Damme, aseguraba que la reforma que está haciendo el Gobierno español en esta materia “está en línea con la mayoría de los sistemas educativos”. Y es que no se trata únicamente de evaluar los recursos familiares del alumno, sino también -de un modo relevante- sus calificaciones. El hecho de que la universidad esté abierta a todo el mundo no implica necesariamente que haya que financiarla a quien no haga un mínimo esfuerzo.
Por otro lado, cuesta entender la cerrazón socialista en un tema tan importante. Si Alfredo Pérez Rubalcaba cumple su amenaza de llevar las becas al Constitucional, sería la octava vez que utiliza este recurso en lo que va de legislatura. Muchas, en todo caso, para alguien que se jacta de no querer judicializar la vida política. Quizá tanto el señor Rubalcaba como los suyos deberían empezar a tomar conciencia del problema real que existe en España con la educación, en parte agravado por sus nefastas políticas a este respecto. Urge, pues, una reforma por encima de ideologías y con sentido de estado. Y uno de sus puntos fundamentales es recuperar valores como el mérito y el esfuerzo, también a la hora de la concesión de una beca.
Las becas suponen un sacrificio considerable para el contribuyente e implican una inversión que, prima facie, detrae recursos considerables que podrían generar rentas de trabajo, aunque, a medio y largo plazo, supongan una inversión sumamente rentable para el crecimiento del país y un elemento de movilidad social e igualdad de oportunidades de enorme interés. Pero hay algo más: porque las becas no son la sopa boba; son la sopa del mérito y el esfuerzo. Y no se concede sólo para garantizar la posibilidad de que aquellos económicamente desfavorecidos puedan estudiar: se concede también para que quienes la obtienen estudien con provecho y lo hagan con esfuerzo y constancia. La beca tiene, pues, una dimensión educativa que conlleva responsabilidad, aspira a la excelencia y cultiva el mérito. Eso lo entendían muy bien los ministros socialistas de la República, como don Fernando de los Ríos, educados en la cultura institucionista de la responsabilidad, el esfuerzo y el culto al trabajo bien hecho. El señor Rubalcaba debería repasar los orígenes de su propio partido.