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De nuevo sobre la comisión de competencia y una reflexión sobre la manera de legislar

José Eugenio Soriano García
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josesorianoelimparciales/11/11/23
miércoles 03 de julio de 2013, 20:37h
Escribía el último día sobre el réquiem de la CNC, a la que acompañarán otras varias Agencias reguladoras en su despedida, ya que la legislación publicada ya el texto de Ley 3/2013, de 4 de junio, de creación de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, supone el funeral de importantes Agencias Reguladoras Sectoriales

Me referiré a la CNC porque habiendo sido Vocal del Tribunal de Defensa de la Competencia, es la que más cercana me cae, pese a haber tenido necesario contactos con las demás.

Debo decir que se extingue con el honor del deber cumplido. Ha sido, en general, un ejemplo de independencia, siempre mejorable desde luego, como toda obra humana, y naturalmente con algún exceso fruto del celo con el que tenía que implantar sus actuaciones. Pero con carácter general me parece justo rendir algún homenaje, ahora que vivimos en una sociedad donde siempre se hace leña del árbol caído, porque no cabe duda alguna de que ha sido una excelente Comisión, visto su desempeño general.

Sustituyó al Tribunal de Defensa de la Competencia, del que algo debo decir también, ya que ahora se extingue con esta Ley del mes pasado un modelo que llevaba nada menos que medio siglo, cincuenta años exactos, dedicados a tener un órgano de vigilancia sobre los mercados.

El Tribunal, realmente cogió vuelos en 1989, apenas años después del ingreso de España en las Comunidades Europeas – así se llamaban entonces – y consiguió romper con bastante esfuerzo, sacrificio y trabajo, una inercia de cárteles y abusos de posición dominante, que constituían la base de la economía anterior, la economía “castiza” en expresión del inolvidable Fuentes Quintana. Y también fueron famosos sus Informes, una novedad notable, ya que en unos momentos en que apostar, por ejemplo, por el teléfono móvil era considerado como obra de una economía de élite, da idea del esfuerzo que hubo que hacer. Y también los grandes incumbentes de la economía se sintieron amenazados e hicieron lo posible por entorpecer la labor del Tribunal, quien pese a todo, logró poco a poco, con palo y zanahoria, persuadirles de que merecía la pena luchar por una economía de mercado. Y tanto se logró que los propios incumbentes se acabaron dando cuenta de la importancia que tenía la competencia vista legalmente y la utilizaron, en no pocas ocasiones, unos contra otros. Fue así una lucha en la que poco a poco se dieron condiciones para homologarnos con el resto de los entonces quince miembros de la Comunidad Europea. Tenía una ventaja a mi juicio que merecía la pena resaltar y era la absoluta lejanía, incluso física, entre el Tribunal y el Servicio de Defensa de la Competencia, lo cual, desde luego, es una garantía que siempre me ha parecido que sirve para llevar el principio de separación de poderes al seno de las propias Comisiones Reguladoras.

Acabó su historia el Tribunal con la creación, en 2007, de la Comisión que ahora se extingue, y que continuadora de aquella tradición, ha contado con un buen liderazgo tanto en el Presidente que ocupó el cargo ampliamente desde su creación, Luis Berenguer Fuster, como el actual que apenas lleva año y medio, Joaquín Garcia Bernaldo de Quirós, ambos acompañados de un conjunto de Consejeros entregados a la causa de introducir competencia y reflexión sobre la misma , algunos provenientes inclusive de cargos en el añejo Tribunal de Defensa de la Competencia, y un notable equipo de colaboradores, todos ellos entregados fielmente a la introducción de competencia y a mantener al Estado en el lugar que le corresponde en el mercado: una posición institucional de vigilancia y disciplina, pero no de intervención directa. De ahí que, siguiendo también la tradición anterior, hicieran numerosos y valiosos informes, tanto sobre temas que directamente les concernían, como los que indirectamente han concluido por afectar a la competencia en los mercados, muy especialmente examinando las normativas dictadas. Por ello deja un buen legado y ese repositorio tiene que conservarse ya que constituye una joya de la mejor orfebrería jurídica y económica.

No se han explicado suficientemente las razones del cambio de modelo. Se habla de algún otro modelo comparado, desde Australia a Holanda, pasando por algún país recién ingresado en la Unión Europea.

No se sabe y por tanto no se puede criticar, pero es exigible que se explique mejor, qué proyectos se tienen previsto para realizar dicho cambio.

Habrá que desear suerte y éxito a esta complicada organización nueva. Pero en estos momentos, y como despedida de una Institución, que en un país que no tiene tantas es lástima que no se prolonguen más y hagan buena la existencia de tradiciones (que no son inmovilismo sino una forma inteligente de adaptarse, máxime en un país invertebrado, Ortega y Gasset dixit) y que se premie el trabajo bien hecho.

Si sirve de algo esta modesta aportación, querría desde aquí, públicamente, recordar que todos los miembros han hecho bien su trabajo y que al igual que el anterior Tribunal, se despiden institucionalmente habiendo cumplido con excelencia el deber público que se les encomendó

José Eugenio Soriano García

Catedrático de Derecho Administrativo

JOSÉ EUGENIO SORIANO GARCÍA. Catedrático de Derecho Administrativo. Ex Vocal del Tribunal de Defensa de la Competencia. Autor de libros jurídicos.

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