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El espejismo de Brasil

jueves 04 de julio de 2013, 00:44h
Antes del 10 de junio, Brasil era propensa a despertar la envidia de sus vecinos de América Latina. La sexta economía del mundo mostraba hasta hace unos días, la vívida imagen de estabilidad, en donde su presidenta, Dilma Rousseff, poseía un índice de popularidad que le garantizaba un billete directo a la reelección, hasta que la realidad nacional se impuso a la “realidad internacional” del gigante del Sur.

Como ocurre con la gran mayoría de los emergentes del otro lado del Atlántico, el crecimiento económico que ha experimentado la región, ha estado enfocado en lavar más su imagen de cara al exterior, que de atender los problemas de fondo de sus países. Las protestas en las principales ciudades de brasileñas, no es otra cosa que exponer al sol, los trapos sucios de las deficitarias políticas públicas latinoamericanas.

Rousseff le ha tocado digerir el amargo trago del colosal espejismo que supone vender el sueño del caché que supone un Mundial de Fútbol y unos Juegos Olímpicos, en detrimento de urgentes mejoras en la sanidad, la educación y medios de transportes públicos. Lo que en algunos países de esas latitudes se traduciría en encender la’ “luz para la calle y la oscuridad para la casa”.

Ahora la mandataria se encuentra acorralada por unas protestas que no cesan, pese a las intenciones del Ejecutivo de prestar atención a las demandas de una ciudadanía cuyas exigencias nacionales, comienzan a pesar por encima de la ambición nacionalista de hacer de Brasil el ombligo de América Latina.
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