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La CIA no es tan lista como se cree

domingo 07 de julio de 2013, 09:09h
El mundo está lleno de ilusos, de biempensantes, de utópicos baratos. La primavera árabe llenó de euforia los periódicos, las tertulias periodísticas, las declaraciones de los políticos más atontolinados, como la mejor solución para restablecer la democracia y la libertad en los países árabes.
No saben que, desde hace mucho, el lavado de cerebro de los ciudadanos de esos países es absoluto. La sharia, el Corán manipulado y retorcido, es la única hoja de ruta que se extiende por todos los rincones de las naciones árabes. Las escuelas, las mezquitas, los medios de comunicación sólo se dedican a inyectar en vena a los ciudadanos el odio a Occidente. Es la guerra santa. Quieren conquistar el mundo de los infieles por las buenas o por las malas. Sobre todo, con las armas y las bombas.
Cuando estalló la famosa primavera árabe, los despistados de muchos políticos y analistas, incluso de la CIA, creyeron y aplaudieron las revueltas con estruendo y con la vana esperanza de restablecer la democracia y la libertad en esa zona del mundo. Craso y grave error.
A los americanos habría que perdonarles porque no conocen a Homero, ni a Da Vinci, ni a Cervantes… Y eso se nota. Ahora andan celebrando su día patriótico, con banderitas, guirnaldas, confetis y horteradas varias. Es una nación joven con una cultura muy limitada y endogámica. Por eso, les pillan cada vez que espían, porque, además, no tienen pudor: espían a todo el mundo. Muy demócratas. Es lo que tiene la soberbia de creerse los amos del mundo. ¿Hasta cuándo?
La CIA hace tiempo que sólo hace el payaso. Desde Wikileaks a Snowden se ha comprobado que no se enteran de nada. Los secretos de Estado de EEUU mejor guardados se publican hasta en las hojas parroquiales, aunque los agentes de la CIA se creen muy listos. Pero, está claro, que no lo son. Que los ordenadores que guardan los secretos cibernéticos más delicados y comprometedores de EEUU sean un coladero de “hackers” amateurs constituye la prueba de la vulnerabilidad de Internet y de la memez de las autoridades americanas. Es que son americanos y se creen los más astutos del orbe. Pero, cada día, dan un paso atrás. Y el Imperio tiene los días contados, acosados por los chinos, los rusos, los países llamados bolivarianos y, sobre todo, por el islamismo radical.
Cuando Obama sacaba pecho por haber ayudado a derribar a los dictadores de esos países (que aun siendo una panda de sátrapas crueles y antidemocráticos eran sus aliados), cuando creía que había pacificado a los árabes aparecen las revueltas en Egipto que derrocan a Mursi, que, pese a ser elegido más o menos democráticamente, con la aquiescencia y el apoyo de los servicios secretos norteamericanos, no dejaba de ser un islamista radical.
Y tras las revueltas de sus opositores, ahora llegan las algaradas violentas de sus aliados, trufados de agentes de Al Quaeda, que ya han declarado la yihad, la guerra santa, dispuestos a aniquilar a todo aquel que se oponga a sus postulados asesinos hasta reponer a Mursi en la presidencia de la nación. O a otro igual. De momento, El Cairo y media nación arde en llamas y ya van cientos de muertos.
El futuro de Egipto es más que incierto. El golpe militar ha derribado a Los Hermanos Musulmanes, pero la transición va a ser sangrienta. Y si se producen nuevas elecciones será elegido otro islamista con cara de santo y con la metralleta en el armario. Este sábado, el Premio Nobel de la Paz, El Baradei, ha sido nombrado primer ministro para dirigir la transición. Podría ser una buena noticia, pero ya nadie se cree que los musulmanes no volverán a tomar el poder. Por las buenas o por las malas. El pobre El Baradei, el político y diplomático liberal y antinuclear, intentará buscar el equilibrio y dirigir la transición a la democracia. Pero lo tiene crudo. Ya le han rechazado los salafistas. ¡Menudo embolado le ha caído!
El peligro se extiende también a Argelia, Túnez, Libia… como a todos esos países que han sido apoyados por la CIA para celebrar elecciones democráticas con el resultado previsto por todos, menos por los agudos agentes de la inteligencia americana y de muchos panolis de los analistas internacionales. Ahora, EEUU se dedica a apoyar a los rebeldes sirios, que son una panda de radicales antioccidentales, infiltrados también por Al Quaeda. Ya ocurrió en Irak, que armaron a Sadam Hussein hasta los dientes con el resultado consabido.
También los islamistas radicales están tomando buena parte del continente africano ante la apatía de Occidente. El último ejemplo: el atentado de este sábado en Nigeria, en una escuela al noroeste del país con un balance estremecedor: 40 muertos, casi todos niños, muchos de ellos quemados vivos. Pues eso: la guerra santa.
Los musulmanes han ganado en todos los países árabes las elecciones, más o menos manipuladas, y ya se sabe que cuando tienen el poder no se andan con bromas. Lo primero: cumplir la sharia, la repugnante “ley” en la que basan la Constitución y todas sus medidas gubernamentales.
De momento, las mujeres, atadas a la pata de la cama y, si salen a la calle, con el burka hasta los pies. Y si miran donde no deben son lapidadas en público. A veces, incluso por sus propios familiares. Esa es la libertad que otorgan los musulmanes a sus ciudadanos. Y Al Quaeda, al acecho para que nadie se salga del carril. Sólo queda el resto de África, buena parte de Asia y Marruecos en el alambre. Y España, al otro lado del Estrecho. A un tiro de piedra. O de misil.




Joaquín Vila

Director de EL IMPARCIAL

JOAQUÍN VILA es director de EL IMPARCIAL

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