Se abren las apuestas: ¿cuánto aguantará Rajoy?
José Antonio Sentís
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directorgeneralelimparciales/15/15/27
miércoles 10 de julio de 2013, 20:43h
Si un marciano viera la efervescencia político-periodística de estos días pensaría que España está al borde del cataclismo. De hecho, la guerra civil en Siria, las matanzas en Egipto o las revueltas de Estambul son cuestiones menores en comparación con el tsunami Bárcenas.
La media España que no votó a Rajoy se frota las manos. Y la otra media, la que le votó, duda, se angustia, quiere explicaciones. Todos se preguntan qué viene ahora, cuál será la próxima revelación, qué trapo sucio de qué año alcanzará al partido gobernante con mayoría absoluta. En suma, cuánto aguantará Rajoy.
Me apresuro en la respuesta. Rajoy aguantará y Bárcenas irá a la cárcel. Y si me equivoco en lo primero, no será culpa de mi pronóstico, sino de Rajoy. Pero, en lo segundo, no me equivoco.
El extesorero del PP puede parecer listo. No lo pongo en duda. Pero hasta el más inteligente puede ser cegado por la pasión. Y pasión importante es la soberbia. Y ya lo hemos oído antes a otros: yo caeré, pero me los llevo por delante. Lo mío es una bomba atómica. El Gobierno va a hundirse.
Pues bien, no es tan sencillo eso de cargarse a un Gobierno, y con él a todo un sistema político. Porque a nadie se le oculta que acabar con un Gobierno de mayoría absoluta, que es único elemento político que sostiene la estabilidad de una España al borde del abismo económico e institucional, no es fácil, precisamente. Y lograr la implosión del sistema, como la de la Italia de los noventa, no es tampoco excesivamente atrayente.
Antes de Bárcenas, otros han intentado superar sus pequeños problemas judiciales con la amenaza de aniquilación. Uno del que nadie se acuerda fue el contable de Filesa, el chileno Van Schouwen, que, en efecto, puso en serios aprietos al PSOE al demostrar su financiación ilegal. Todo lo que logró fue que unos cuantos comisionistas pasaran por el talego y que un secretario de organización dimitiera por responsabilidad política, pero sin consecuencias penales. Pero los jefes del partido, los responsables de la trama, González y Guerra, ni se despeinaron; y sacaron algunas mayorías absolutas más, por cierto.
Otro caso bien conocido fue el de Amedo. Éste sí que se iba a cargar al Gobierno. Pero tuvo que conformarse con piezas menores, porque Felipe González salió de rositas; y si perdió por la mínima algunos años después fue más por los ladrones que por los asesinos.
Y ahora viene Bárcenas. Un personaje secundario en la trama política con aparente vis de negociante. Un maestro, según parece, del arte de la intermediación. Un comercial con fuertes comisiones. Otro admirado self made man ahora en horas bajas. Un señor que no entiende (quizá como Urdangarín) por qué veía pasar dinero a su alrededor y no podía llevárselo él, que también es hijo de Dios.
Y, cuando le pillan, no se le ocurre otra cosa que defenderse al estilo del dilema del prisionero. El que empieza diciendo que nadie es culpable, por si se compromete él mismo, y termina acusando a los demás, por si eso le salva.
Pues bien, Bárcenas, como todos los administradores políticos de tres décadas de juegos subterráneos conocidos por todos, pero consentidos tácitamente (porque todos queremos partidos, o sindicatos, o periódicos, pero no pagarlos) está lleno de información jugosa. Y ahora cree que con ella puede hundir a sus correligionarios, porque no le han respaldado suficientemente en la defensa de sus millones de euros logrados con el sudor de su corrupción.
Se hacen apuestas sobre su éxito. Una larga fila de periodistas demandantes de información (quizá para no ser demandantes de empleo) hace cola en su celda. Algunos conmilitones en el PP tiemblan por vicios antiguos, aquellos tiempos de hace más de una década en los que el partido completaba su magra soldada pública.
Bárcenas va a dejar, y está dejando, su imagen por los suelos. Pero difícilmente llevará a ninguno a hacerle compañía entre rejas, porque, por escandaloso que sea, el yo acuso de Bárcenas llega muy tarde para lo penal, pues casi todo está prescrito y, desde el punto de vista de la corrupción eran pinuts, significativos políticamente, pero una insignificancia económica en comparación con los cuarenta y ocho millones de euros en las cuentas del denunciante.
A Bárcenas, y a todos sus fans en la oposición política, sólo les queda la esperanza de que algún juez se ponga Garzón y ligue las donaciones al PP con concesiones de obras, es decir, acuse de cohecho y tráfico de influencias. Un salto que tampoco será sencillo, puesto que los donantes lo han sido para todos los partidos. Y si el PSOE se pone garboso, a lo mejor alguien le recuerda que es lo mismo recibir dinero que obtener la condonación de una deuda.
Y si hay poco caso penal, el recorrido de los escándalos es tan largo como aguante el acusado. Bárcenas ha tirado muy pronto muy alto. Ha ido a por Rajoy. Después de eso, cualquier otra pieza es menor. Es decir, que si no puede con Rajoy, no habrá podido con nadie.
Alguna oposición se está frotando las manos demasiado pronto. Incluso es previsible que su estrategia sea prudente (porque aquí todos tienen demasiado que ocultar) pero le echen a Rajoy los perros callejeros, los mismos que le están echando a la Familia Real.
Lo va a pasar mal, por tanto, Rajoy. Pero, curiosamente, haberle apuntado a la cabeza va a aliviar la presión a los suyos. Fue mejor la estrategia de Garzón de ir a por los subordinados de González en escalada hacia arriba. Aquí han ido a por la cabeza, por lo que algunos del PP van a quedarse tranquilos en segundo plano.
Y si su jefe resiste, los demás también. Y, aunque parezca sorprendente, creo que resistirá. Y Bárcenas terminará en la cárcel.
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Director general de EL IMPARCIAL.
JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL
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