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Crítica de ópera

Un cinematográfico Il Postino finaliza la temporada del Real

jueves 18 de julio de 2013, 10:34h
Desde hacía varios días, el público del Real se había venido haciendo a la idea de que la ópera de Daniel Catán inspirada en la película franco-italiana Il Postino y basada en la novela “Ardiente paciencia” del escritor chileno Antonio Skármeta, y escrita especialmente para que Plácido diera vida en ella a Pablo Neruda, no iba a contar con la presencia del tenor madrileño. La decepción, por supuesto, era también para Plácido, que el pasado domingo asistía al ensayo general para dar su apoyo a la compañía, porque no iba a poder cantar en su ciudad natal esta ópera a la que se siente tan ligado y en la que su nieto Álvaro, de siete años, debutaba con una fugaz aparición interpretando a Pablito. Por su parte, Vicente Ombuena, el tenor encargado de sustituirle, confesaba a los medios que era consciente del reto al que se enfrentaba, ya que, según sus propias palabras, muchos iban a pasar las más de dos horas que dura la obra sin poder resistirse a hacer comparaciones. Sin embargo, el encuentro del “público de Plácido” con el tenor valenciano se ha saldado la noche del estreno con exclamaciones de bravo, dirigidas tanto a Ombuena como al joven tenor italo-estadounidense Leonardo Capalbo, que ha sabido construir un Mario Ruoppolo, es decir, un “postino”, muy cercano a aquel con el que el malogrado Massimo Troisi nos robó el corazón a todos en la preciosa película de 1994 dirigida por Michael Radford.

Catán, cuyo sueño era alumbrar lo que él llamaba “Ópera en Español” con un núcleo que no consistiera tan sólo en que la obra estuviera escrita en el idioma de Cervantes, si no que bebiera de las profundas raíces propias de nuestra cultura, estaba convencido de que la ópera es la unión de dos artes extraordinarias: la poesía y la música. Con Il Postino, el compositor mexicano se encontró, además, con dos protagonistas poetas: uno ya consagrado, hombre de letras, comprometido y de aguda inteligencia y otro, sencillo hombre de mar en tierra, que también era poeta sin ni siquiera saberlo, un poeta del alma que necesitaba del primero para descubrir que lo de ser poeta se lleva dentro, que se nace poeta con el destino de consumirse para siempre, sin más remedio que la escritura, en el generoso fuego de esas metáforas que hacen que la vida tenga para todos más color, más sonido, más belleza. Porque “la poesía no es de quien la escribe, sino de quien la necesita”.

PIE DE FOTO

La historia relatada por Skármeta, presente en el estreno del Teatro Real, llevada al cine años más tarde y convertida después en ópera, está, así, cargada de poesía, de amor, de romanticismo, pero, sobre todo, es la historia de una amistad entre dos hombres tan dispares y, a la vez, tan iguales. Y su final trágico, por supuesto, contribuye a que la obra, a pesar de algunos altibajos que rompen el ritmo, sea de esas que gustan, sin pretensiones de vanguardia ni ansia alguna de remover conciencias. Il Postino es una obra que se inspira en la literatura y bebe del cine sin complejos, no sólo en lo referente a las escenas que se van sucediendo de manera cinematográfica, sino también en lo referente a la propia música, melódica y romántica, interpretada anoche por la Orquesta Titular del Teatro Real a las órdenes de Pablo Heras-Casado, muy aplaudidos por el público, junto a los dos tenores protagonistas, los citados Vicente Ombuena y Leonardo Capalbo. Aunque, sin duda, podría decirse que ha sido la soprano española Sylvia Schwartz quien más ha brillado en la primera vez que se ha subido al escenario de la Plaza de Oriente, dando vida a Beatrice Russo, la apasionada mujer de raza a quien conquista el humilde cartero con corazón de poeta.

La escena, a cargo del brasileño Ron Daniels, ha sido concebida igualmente desde los ecos del séptimo arte. Y ha recibido, por fin, la aprobación unánime, aunque no entusiasta, del público madrileño. Con una eficaz escenografía, responsabilidad de Riccardo Hernández, a base de telones y de plataformas deslizantes, se iban sucediendo las escenas en las principales localizaciones de la historia: la casa de exilio donde Pablo y Matilde Neruda - interpretada por Cristina Gallardo-Domás - vivían su amor esperando la oportunidad de poder regresar a Chile, las calles de la luminosa isla italiana que Mario recorría con su bicicleta para llevar a Neruda la numerosa correspondencia que recibía y el único bar del humilde pueblo de pescadores donde Beatrice trabajaba junto a su madre, Donna Rosa, a quien se ha encargado de interpretar con brillantez la mezzosoprano Nancy Fabiola Herrera. Y como no podía ser de otra forma, Daniels ha apostado, a su vez, por el ultra romanticismo, a veces exagerado, pero congruente, en todo caso, con la esencia de la obra cuyo libreto escribió el propio compositor y que podrá verse en Madrid hasta el próximo 28 de julio. Porque, aunque sea sin la esperada intervención de Plácido Domingo, el espectáculo debe continuar y, además, merece la pena asistir a la extrema rareza de una ópera en español.