www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

CRÍTICA

Javier Montilla: Los muros de Cataluña

domingo 21 de julio de 2013, 13:10h
Javier Montilla: Los muros de Cataluña. Prólogo de Aleix Vidal-Quadras Anaya Multimedia. Madrid, 2013, 200 páginas. 14,50 €. Libro electrónico: 6,99 €
Frente a la deriva soberanista e independentista liderada por Artur Mas y acentuada por ERC, nada más oportuno que esta obra de Javier Montilla para explicarnos las verdaderas razones y finalidades que se esconden detrás del órdago convergente. En ningún caso encontraremos en Los muros de Cataluña un libro doctrinario o sectario. Por el contrario, está escrito por una persona que sabe de lo que habla, que ha vivido (y sufrido) los delirios del nacionalismo en su propia carne. Es, por tanto, una obra en primera persona que describe y denuncia.

Asimismo, ofrece las recetas para subsanar el panorama actual, aspecto donde se aprecia una suerte de pesimismo realista en Javier Montilla, puesto que es consciente de que difícilmente quienes pueden revertir lo que acontece en Cataluña (los dos grandes partidos de ámbito nacional) vayan a hacerlo, ya que han sido muchos los casos, minuciosamente relatados, de actuaciones en sentido opuesto.

En cuanto al estilo, Javier Montilla emplea una estructura de 8 capítulos más prólogo y epílogo. En cada uno de ellos se centra en un tema particular (la lengua, la corrupción) sin que por ello sean compartimentos estanco. El liberticidio practicado impunemente por el nacionalismo catalán es el que hace de hilo conductor. De la misma manera, son recurrentes las citas de autoridad, lo que enriquece el contenido y refleja la solvencia cultural del autor. Esta tesis la apreciamos, por ejemplo, cuando desmonta la manipulación de la Historia efectuada por el nacionalismo catalán (la guerra de 1714, el rol en la misma de Rafael Casanova…).

El hecho de que el prólogo lo haga Aleix Vidal-Quadras es pertinente, pues bien puede afirmarse que se trata de un pionero a la hora de combatir los excesos del nacionalismo catalán, los cuales han dejado como principal secuela que la libertad se vea minada. Con sus mismas palabras: “Si una nación no se respeta a sí misma, nadie la respetará. Y eso es exactamente lo que nos sucede a los españoles en este momento histórico, la Nación se encuentra inerme frente a los que pugnan todos los días por destruirla, mientras los que han recibido el encargo de defenderla y preservarla no actúan a la altura de los desafíos planteados ni de la responsabilidad que las urnas les han otorgado”.

Otro factor que exige su lectura es que se trata de un libro esperado. En efecto, Javier Montilla ya analizó en una obra inmediatamente anterior (La causa de la libertad) su condena de la asfixia que el nacionalismo estaba propiciando en Cataluña. Ahora, en Los muros de Cataluña realiza una actualización necesaria, ya que cada día que transcurre, comprobamos como el gobierno CIU-ERC lanza una nueva acometida al Estado de Derecho mediante el uso de conceptos problemáticos y polisémicos (“derecho a decidir”), que encierran ansias rupturistas, cuyo objetivo final es tapar con la bandera la corrupción acumulada a lo largo de 30 años.

Es espectacular el listado de corruptelas asociadas a CIU, interpretadas de forma victimista por los convergentes como “ataques a Cataluña”. Nada más lejos de la realidad. Los casos Banca Catalana, Pallerols o Palau, son muestras de que el tan cacareado oasis catalán es una charca putrefacta, como sentencia en varias ocasiones Javier Montilla.

Obviamente, un libro de esta naturaleza y con semejantes argumentos corre el riesgo de ser calificado por el oficialismo de “enemigo de Cataluña”. Y así ha ocurrido. Sin embargo, no hay ninguna enemistad por parte del autor hacia Cataluña (donde ha nacido y desarrollado buena parte de su trayectoria vital y profesional) y sí una nostalgia de cuando aquélla era sinónimo de “tierra de convivencia, de ilustración”

De manera coherente, se puede querer a Cataluña sin ser nacionalista, lo que acarrea una consecuencia: quien así piense y obre, será etiquetado como un mal catalán. Para ello, los medios empleados serán de naturaleza sibilina ya que “no se utiliza la violencia física contra los disidentes, sino la violencia simbólica. No se apalea a quienes no comulgamos con el régimen, pero se nos niega nuestra legitimidad y se nos tilda de catalanes de segunda […]. No se nos encarcela, no obstante, en ciertas profesiones, como la periodística, se nos condena a la muerte civil y se nos obliga de facto al exilio laboral”.

Con todo ello, el nacionalismo no es el único culpable del escenario denunciado. En efecto, los sucesivos gobiernos de la Nación han permitido bien por un mal entendido pragmatismo, bien por omisión, que se vulneren las leyes fundamentales de un Estado de Derecho, como por ejemplo, las relativas a garantizar la educación en castellano. El autor, buen conocedor de las elites políticas catalanas y de sus comportamientos, las desenmascara, poniendo de manifiesto que aquéllas no dudan en llevar a sus hijos a colegios trilingües. José Montilla y Artur Mas son dos ejemplos de este proceder, aunque no los únicos.

Relacionado con la imposición de la lengua (catalana), en la Cataluña nacionalista se instauró la figura, cual régimen comunista, del delator. Roger Seuba López y Eric Bertán fueron elevados a la categoría de “héroes nacionales” cuando simplemente eran un par de chivatos. Su único mérito fue contar al poder político los nombres de quienes osaban rotular sus establecimientos en castellano. Esto tiene mucho que ver con otras las prácticas del nacionalismo catalán: fomentar una red clientelar, lo que en última instancia ha generado una sociedad aséptica que acepta cualquier mantra de su gobierno como verdad absoluta.

Finalmente, el autor hace una descripción pormenorizada del victimismo de Artur Mas con su defensa del pacto fiscal: aunque Rajoy se lo negó, sin embargo, el gobierno de la nación no ha dejado de costear sin rechistar la independencia por etapas en la que CIU y ERC han embarcado a Cataluña. Mientras tanto, la deuda moral que España tiene con quienes se han opuesto al nacionalismo sigue sin satisfacerse.

Por Alfredo Crespo Alcázar
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios