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Vicente Huidobro, el poeta está de vuelta

Alejandro San Francisco
lunes 22 de julio de 2013, 20:56h
Dicen que Chile es país de poetas, y hay algunas razones para sostenerlo. En el plano que podríamos llamar de los reconocimientos objetivos, entre los países hispanoamericanos es el único que cuenta con dos Premios Nobel de Literatura: Gabriela Mistral (1945) y Pablo Neruda (1971). A ellos podríamos sumar tres escritores que han recibido el Premio Cervantes, como son Jorge Edwards (1999), Gonzalo Rojas (2003) y Nicanor Parra (2011), estos dos últimos también poetas.

Uno de los más destacados no obtuvo ni el máximo galardón universal ni el de las letras hispanas: se trata de Vicente Huidobro (1893-1948), polifacético personaje de la vida cultural en la primera mitad del siglo XX, en Chile, Francia y España, entre los más importantes lugares en que vivió e influyó. Se le reconoce como el padre (o uno de los cuantos que reclaman el título) del creacionismo, esa convicción de que el poeta debe separarse de lo “descripcionista y anecdótico” para crear todo el poema, separándose de la realidad existente “para crear una nueva realidad inexistente antes de su poema” (1926).

Su primera publicación es de 1911, dos años después fue coeditor de la revista Azul (una de las tantas publicaciones en que participó) y el año que comenzó la Primera Guerra Mundial proclamó su famoso Non serviam. En medio del conflicto se trasladó a París, hizo amistades entre la intelectualidad francesa; después partió a Madrid, donde también frecuentó interesantes círculos artísticos. Tempranamente definió una de sus posturas más logradas, en Arte poética, donde afirmó que “el poeta es un pequeño Dios”, tras inquirir: “Por qué cantáis la rosa, ¡oh, Poetas!/Hacedla florecer en el poema”.

“Demiurgo y cantor del verbo nuevo”, lo llama Gabriele Morelli en una excelente edición reciente titulada Vicente Huidobro. Poesía y creación (Madrid, Fundación Banco Santander, 2012), que contiene poemas, manifiestos y cartas del escritor chileno. Convencido de su talento, incluso genialidad, Huidobro aspiró desde muy joven a ser el principal poeta de América, o incluso del siglo XX, y no temía pronunciar frases como “la poesía que más me interesa comienza en mi generación y, para hablar claro, le diré que empieza en mí” (1939).

No solo le interesó la poesía, sino que su personalidad quiso ampliarse a la política. En 1925 estuvo de vuelta en Chile para asumir una fallida candidatura presidencial después de los dos golpes de Estado que afectaron al país; condenó los males de la política criolla; proclamó la necesidad de que una juventud “limpia y fuerte, con los ojos iluminados de entusiasmo y de esperanza” asumiera la tarea de regeneración nacional en la que se había involucrado. Años después, en medio de la guerra civil española, decidió alinearse con el bando republicano, aunque no logró tomar las armas por la desconfianza que había hacia sus capacidades militares y la convicción de que sería más necesario con los versos y la pluma que con la pólvora que estremecía al país. En esos años llegó a afirmar: “El poeta es revolucionario en el estado actual de la sociedad, porque tiene que serlo. Lo contrario sería como pedirle que fuera ciego y sordo” (Revista Terra, 1937).

Huidobro no podía quedar fuera de la contienda considerando que era comprometido e impetuoso. Era excéntrico, irrumpía como un trueno, así en los amores y las amistades, en los compromisos sociales y políticos, en la apreciación de su persona y de su tiempo. Huidobro nació para reinar, asumió el desafío con decisión, tuvo aciertos y tropiezos, fue querido, admirado y también se ganó enemistades duraderas (Neruda, su coterráneo, fue una de las más famosas). Tuvo genio y lo lució sin complejos, lo proclamó cuando estimó que era necesario y lo recordó contra el olvido o la envidia, como solía comentar.

Tuvo –históricamente hablando– mala suerte, fue incomprendido o quizá llegó demasiado pronto a las letras universales. Su nombre sonó para el Premio Nobel en la tercera década del siglo, pero “la verdadera poesía se busca en la Europa de los años 1920 con los signos de identificación “sencilla” y notablemente popular”, como afirma Kjell Espmark en su valioso El Premio Nobel de Literatura. Cien años con la misión (Palencia, Nórdica Libros, 2008). Ahí nos confirma que eso mismo dejó fuera a Paul Valéry, Paul Claudel y al propio Vicente Huidobro.

Espmark, quien fue hasta el 2005 presidente del Comité encargado de decidir el Premio Nobel, agrega que no hubo comprensión hacia la obra del chileno, ni tampoco hacia su creacionismo. Se burlaron de él, no lo entendieron, se quedó fuera del galardón, como antes Tolstoi y posteriormente Borges por razones diversas. Si merecía o no el máximo reconocimiento de las letras universales es, como casi siempre, discutido y discutible. En cualquier caso, Huidobro marcó una época con su talento, abrió nuevas posibilidades para la poesía y llenó de colorido el mundo que conoció su personalidad compleja, brillante y original.

En este último tiempo se ha producido un regreso a Vicente Huidobro, fruto de publicaciones que aparecen en España y en Chile; la vitalidad de la Fundación que lleva el nombre del poeta; los estudios actualizados de su vida y de su obra. En el verano español del 2013 la Fundación Chile-España, la Asociación Cultural Plaza Porticada y Fundación Banco Santander, en colaboración con Embajada de Chile en España, han decidido organizar una interesante reunión sobre Huidobro y Gerardo Diego, curso de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, en Santander. Excelente ocasión para volver al poeta que quiso ser “un pequeño Dios”, inventando con sus versos lo inexistente, proclamando la poesía del nuevo siglo XX, dispuesto a vivir intensamente su vida y su historia.

Después de todo, ha pasado mucho tiempo y la poesía en español continúa “prolongándose” de verso en verso, de poema en poema. Y la vida de Huidobro también recobra nuevo valor, sin furias ni venganzas, sino simplemente para continuar “la marcha infinita” de la que habla Volodia Teitelboim en su biografía sobre Huidobro (Santiago, Editorial Sudamericana, 1996).
Poeta sin Premio Nobel, poeta y no Dios, poeta y aventurero. Era Vicente Huidobro.
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