Italia y la financiación de los partidos
miércoles 24 de julio de 2013, 11:27h
El primer ministro italiano, Enrico Letta, se ha mostrado firme en seguir adelante con el proyecto de ley que ha presentado para que de manera escalonada se suprima la financiación pública de los partidos políticos. Así, la actual financiación se vería reducida en un 40 % el primer año, después de que entrase en vigor la ley, un 50 % el segundo y un 60 % el tercero. En el cuarto año, la idea es eliminar cualquier financiación pública. Sin duda, esta iniciativa del Gobierno de coalición presidido por Letta resulta enormemente oportuna y goza de gran apoyo entre la ciudadanía.
No es correcto que todos los contribuyentes tengan que financiar a organizaciones como los partidos políticos –y en el mismo caso estarían, por ejemplo, los sindicatos- por obligación y sin que estén de acuerdo con su ideario. Y muchos menos en épocas como la actual con una crisis galopante en la que resulta preciso gestionar los fondos públicos en beneficio de todos. Evidentemente, los partidos políticos son un pilar esencial e irrenunciable de un sistema democrático y merecen un claro apoyo social e institucional. ¿Pero por qué un ciudadano debe destinar parte de sus impuestos a financiar a una formación política en la que no cree o cuyos presupuestos ideológicos y estrategia le son ajenos? Esto que se está dando también en nuestro país, resulta totalmente inadecuado y debe reformarse.
La senda emprendida por el Ejecutivo italiano es la correcta. España debería plantearse sin dilaciones una reforma de similares características. La financiación de los partidos no ha de basarse en fondos públicos sino en las cuotas de sus afiliados y en las aportaciones –abiertas, publicadas y transparentes- de quienes simpaticen con sus premisas y programas. Esto requiere una nueva ley sin condiciones irrealizables que abocan a situaciones de una gran hipocresía política. Y, obviamente, una nueva ley que garantice una total transparencia en las cuentas de las formaciones políticas, algo que hoy por hoy, desgraciadamente, estamos muy distantes de ver cumplido.