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el imparcial analiza a la estrella galesa

¿Qué tiene Bale para que el Madrid quiera pagar más de 100 millones de euros por él?

jueves 01 de agosto de 2013, 17:07h
El arranque de la pretemporada del fútbol internacional ha quedado eclipsado esta semana por las pomposas negociaciones que mantienen Real Madrid y Tottenham en pos de dilucidar el futuro de Gareth Bale. La apuesta de Florentino Pérez alcanzaría los 145 millones de euros tras la serie de negativas de Levy, presidente de los Spurs, según los tabloides británicos, colocando este fichaje en la cima histórica. El Imparcial analiza por qué el club español está dispuesto a romper todos los récords de gasto por este centrocampista galés. Por Diego García
El 26 de octubre de 2008, Juande Ramos rescindió su contrato con el explosivo Sevilla que había conquistado Europa para firmar por el Tottenham y convertirse en el entrenador español mejor pagado del momento. En su breve aventura británica, el actual técnico del Dnipro ucraniano se encontró con una perla gales recién llegada al club. El veloz y endeble centrocampista de 18 años conquistó el preparador manchego, que le entregó la titularidad hasta que sufrió una grave lesión. Aquel sorprendente hallazgo se llama Gareth Bale, el futbolista por el que el Real Madrid está dispuesto a pagar la mayor suma de dinero registrada en este deporte. Preguntado por el progreso de aquel novel que encontró en el vestuario de White Hart Lane, Ramos ha subrayado que "es un gran fichaje para cualquier equipo porque es un magnífico jugador que se adaptará perfectamente a otro club". "Con 20 años ya tenía una personalidad definida y me hubiera gustado contar más con él, pero no me ha sorprendido su rendimiento esta temporada porque, entonces, ya se veía que tenía unas características especiales y unas condiciones excelentes", diagnosticó el entrenador que apostó por él para que, con el tiempo, liderara el camino de los Spurs.

Zinedine Zidane, mano derecha de Carlo Ancelotti e icono del nuevo proyecto madridista por su simbolismo en la historia reciente del club capitalino, ha confirmado esta semana que el Madrid no va a "rendirse" en el fragor de la batalla que ha planteado el presidente del club judío. Aunque Daniel Levy ya ha rechazado dos ofertas que rozan los 100 millones de euros -cifra récord en el mercado de fichajes del balompié internacional-, el líder de la Novena Champions League conquistada por el equipo madridista se ha mostrado firme en el propósito de añadir a la estrella británica al vestuario del Santiago Bernabéu. "No vamos a rendirnos para traer a Bale porque es imposible olvidarse de un jugador de su calidad y ya hemos dejado claro que es uno de nuestros principales objetivos", sentenciaba Zizou en una entrevista concedida a 'Le 10 Sport'. Pero, amén de convertir la negociación en protagonista de la pretemporada del fútbol mundial -eclipsando el debut de Guardiola o de Neymar-, y aunque el propio jugador haya declarado su intención de abandonar Londres o su familia haya intercedido para ablandar al rocoso dirigente inglés, el Tottenham -que acaba de fichar a Roberto Soldado por 30 millones de euros- no necesita vender a sus estrellas, por lo que el equipo de trabajo de Florentino habrá de hacer historia para convencer a Levy. Pero, ¿por qué el gigante español se plantea romper la baraja de nuevo por este galés?

Arrinconando con mesura el arrollador argumento económico -los ingresos provenientes de la ventas de camisetas y de la parte proporcional de los derechos de imagen del futbolista cubrirán un importante porcentaje del costo de su fichaje-, el Real Madrid basa su obsesión por Bale en elementos futbolísticos. De hecho, la Premier League, cuna de este deporte, ha declarado al extremo del Tottenham como el mejor jugador de la liga más famosa del planeta. Sin espacio para el debate. La explosión goleadora de esta temporada le ha convertido en el líder único de su equipo y en el rey del football, sin parangón con otros primeros espadas venidos a menos como Van Persie o Rooney. El club merengue ha convertido en prioridad para ejecutar un salto de calidad sobre su plantilla a esta estrella de nuevo cuño.

Con 24 años, Gareth ha experimentado un crecimiento exponencial en su rendimiento. El talento técnico y las capacidades que vislumbraba Juande Ramos han elevado su nivel y han recibido el aliño de la experiencia en competiciones europeas y de las modificaciones posicionales que Harry Redknapp y André Vilas-Boas le han impuesto. Si bien comenzó su carrera pegado a la banda, como un carrilero de exhuberante potencia y velocidad, poco a poco fue puliendo su natural verticalidad, seleccionando cada vez mejor cuándo atacar al lateral rival y, sobre todo, puliendo el desequilibrio con espacios, en los últimos 12 meses, por decisión del técnico luso, ha transformado la concepción de su rol en el terreno de juego, centrando su espacio territorial, desechando su lucidez pasadora y adquiriendo la responsabilidad goleadora de un equipo resentido por la escasez de puntería de sus puntas. Sin embargo, el temible golpeo de balón -potente o ajustado, según la ocasión-, su velocidad en la conducción del balón y el regate en el cara a cara con el zaguero rival siguen reluciendo con brillantez en su amalgama de herramientas para hacer daño.

La presentación oficial de Bale como nueva estrella de la Premier League llegó en competición europea, con el Inter de Milán en el papel de sparring. Con el mítico Giuseppe Meazza como escenario, el desconocido galés ejecutó su primera obra maestra. Los nerazzurri, espoleados por el áurea del entorchado europeo conquistado en al temporada previa con Mourinho en el banquillo, dispusieron el rodillo para golear al Tottenham. Sin embargo, en el segundo acto de aquella batalla, el sucesor de Giggs hizo suyo el partido. Anotó tres goles. Pero, más allá de ese abrumador registro -con 21 primaveras a cuestas- arruinó la reputación de Maicon, el mejor lateral derecho del planeta, con una exhibición de desborde. El brasileño no olvidara aquella noche. El festival de movimientos y desmarques a la espalda de Maicon, de controles precisos y combinaciones inteligentes, quedó culminado por una serie de cañonazos ajustados a los postes defendidos por Julio César. Una actuación memorable que permitía atisbar que en el cuerpo de Bale empezaba a desarrollarse una estrella capaz de decidir partidos en solitario.

Pero, de aquel Tottenham concebido para contragolpear por las bandas -con Bale en la izquierda y la flecha Lennon en la derecha-, el club londinente ha pasado a poblar el centro del campo de músculo y a entregar los carriles a los laterales. En ese guión, el prolífico extremo galés se ha tenido que reconvertir en interior o mediapunta, según la ocasión. Si ya fue nombrado mejor jugador de la Premier League en 2011 -completando el año futbolístico con 11 goles y 11 asistencias-, y elevó su nivel en 2012 -con 12 tantos y 17 pases de gol-, ha sido en la pasada temporada cuando ha explotado su rendimiento de manera irrefrenable. Las necesidades del equipo, despojado de su delantera tradicional y con la baja de Modric como cerebro en la creación de juego, Vilas-Boas entregó el peso resolutivo al número 11 del equipo. De su respuesta en al adaptación en las nuevas funciones dependería el futuro de su club, en primera instancia, y de su trayectoria deportiva, ya que, tras el potencial demostrado en los años precedentes como secundario, llegaba el momento de tomar las riendas como jefe de la manada. Pues bien, la reacción al cambio le ha vuelto a entregar el galardón de estrella del fútbol británico con 26 goles y 15 asistencias.

Con Bale en la plantilla madridista, Ancelotti cuenta con más soluciones para resolver los obstáculos que se plantean en el césped. El libreto del italiano parece indicar que el galés tiene cerrado el carril interior del ataque, por lo que recuperaría su rol pegado a la cal, desbordando en el uno contra uno, desatascando defensas cerradas en la parcela central, resolviendo el embudo que podrían general Özil e Isco, y, también, trazando diagonales combinativas o en solitario para buscar la meta rival. Capacitado para asistir desde fuera y desde dentro, de rivalizar con Ronaldo en los lanzamientos de falta y de liderar las frenéticas contras madridistas por su velocidad de conducción y claridad en el manejo del tempo de las transiciones, el Real Madrid apuesta por amarrarse un nuevo jugador franquicia. Un futbolista que, con el inexorable paso del tiempo, adquiera el rol protagonista que deje Cristiano. Para que las soluciones y guión expuesto se cumpla, primero ha de superar la adaptación al ritmo de la Liga BBVA -sensiblemente más lento-, al nivel técnico del campeonato doméstico nacional y a la exigencia de la institución deportiva más sometida a presión del planeta. Si se desenvuelve con coherencia a lo mostrado en las islas, su carácter e inteligencia deberían ejercer de colchón para una adaptación firme. De ser así, si Carletto encuentra un sistema en el que Bale, Özil, Isco y Ronaldo expriman su talento al máximo, no resulta razonable negar el favoritismo merengue para cualquier competición en disputa.
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