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Rusia y la defensa de los cristianos

sábado 03 de agosto de 2013, 19:28h
Durante más de un siglo, la Rusia de los Zares consideró un deber la defensa de los cristianos del Imperio Otomano. Junto al interés estratégico de tener una salida al Mediterráneo y de extender el Imperio hacia Asia Central hasta las fronteras de la India, San Petersburgo se sintió obligada a proteger a los cristianos –incluso con la fuerza de las armas- de las distintas confesiones que vivían bajo el dominio de la Sublime Puerta. Lo mismo ocurrió en los territorios de Transcaucasia en la órbita de los shahs de Persia. Allí donde ondeaba la bandera tricolor del águila bicéfala, los cristianos sabían que estaban a salvo.

Por supuesto, la situación de los cristianos en el imperio Otomano pasó por diversas etapas y se alternaron periodos de mayor libertad con periodos de franca persecución, matanzas e incluso exterminio, especialmente desde 1876 hasta 1921. El Sultán Abdul Hamid primero y los Jóvenes turcos después vieron en los cristianos los aliados naturales de Rusia –los defensores de la fe ya desde el Zar Alejandro I- y la represión contra ellos fue creciendo hasta su aniquilación. La caída de los zares en 1917 propició la destrucción de los cristianos del Imperio Otomano porque ya no había una potencia exterior que los protegiese con la decisión necesaria. Londres, París o Washington se interesaron por el terrible destino de los cristianos armenios, sirios, caldeos, griegos… pero nadie desplegó un ejército para acudir en su auxilio como sí habían hecho los emperadores rusos.

Hoy, los cristianos en Oriente Medio y el Norte de África sufren de nuevo la violencia, la amenaza y la discriminación a manos de los islamistas radicales que han ido conquistando el poder en los distintos países tras los procesos revolucionarios de la llamada Primavera Árabe. En Egipto, ha habido atentados terroristas contra ellos y se los acusa de urdir un complot contra los Hermanos Musulmanes. En Siria, los cristianos combaten junto a las tropas de Asad para evitar la victoria de los islamistas que acabarían con todas las minorías religiosas del país. Boko Haram siembra el terror en Nigeria mientras las comunidades de Malí ven con preocupación la amenaza yihadista en el Sahel. Allí donde Al Qaeda se implanta, los cristianos pagan las consecuencias con un tributo de sangre. Sirva de ejemplo la dolorosa realidad de las comunidades de rito caldeo en Irak.

Por eso, cobra importancia el mensaje del Patriarca Kiril al Presidente Vladímir Putin durante las celebraciones del 1025 aniversario del Bautismo de Rusia, la conversión de los rusos al cristianismo ortodoxo. El Patriarca ha advertido que "no debemos permitir la desolación de Oriente Medio desde el punto de vista de la presencia de la cristiandad. Eso sería una catástrofe de la civilización. Nuestros orígenes están allí, de allí proviene nuestra fe". El peligro de desaparición de Siria es una realidad para el líder de la Iglesia Ortodoxa Rusa, que ha declarado que "actualmente, debido a la tragedia que tiene lugar en Siria, existe el peligro de que desaparezca la presencia cristiana en ese país".

El Presidente Putin, por su parte, ha reafirmado el valor de la religión como factor de cohesión social y su importancia en la construcción de la identidad nacional rusa. Al margen de la fe que cada persona pueda o no tener, es claro que el cristianismo ortodoxo ha impregnado la civilización rusa y que uno y otra son ya inseparables. Para entender la historia de Rusia, es imprescindible comprender la ortodoxia. El presidente ruso ha instado ya a los líderes mundiales a hacer frente al problema de las persecuciones contra los cristianos.
Ahora bien, ¿qué puede hacer Rusia?

Si en el pasado los zares enviaron ejércitos, Rusia puede hoy mantener o incluso incrementar la cooperación estratégica, especialmente la militar, con los países en que los cristianos sean respetados. En el caso sirio, el apoyo cristiano al Presidente Asad frente a la amenaza común del islamismo, da mayor legitimidad moral a la ayuda que la Federación Rusa presta al gobierno de Damasco. Del mismo modo, cuestiones sin resolver como el conflicto de Nagorno Karabaj o el de Kosovo incorporan, junto a los elementos políticos, una variable de solidaridades religiosas y culturales que no se puede soslayar y que legitimaría la posición rusa de apoyo a los cristianos de los dos territorios.

Sería quizás temerario decir que la Historia se repite sin más y en lo que se refiere a los cristianos de Oriente Medio ojalá nunca se repitan los sufrimientos que padecieron en el pasado. Sin embargo, parece que la mirada rusa se vuelve una vez más hacia Oriente y que las minorías cristianas son parte del interés ruso en la región. El territorio que se extiende desde los Balcanes por toda el Asia central hasta las fronteras de India y China fue el tablero de lo que se dio en llamar el Gran Juego entre el Imperio Ruso y el Británico durante el siglo XIX y parte del XX.
Parece que hoy, aunque con jugadores distintos, se está desarrollando una nueva partida.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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