CRÍTICA DE ÓPERA
El Teatro Real fue, anoche lunes, el escenario del estreno de Theodora de Haendel. La sublime ejecución del director británico Ivor Bolton convivió con una puesta en escena, a cargo de la también británica Katie Mitchell, cuidada en el aspecto visual, pero polémica; no ya por su total extemporaneidad -algo habitual desde hace muchos años-, sino porque tergiversa espuriamente el argumento de este célebre oratorio, el más querido por el compositor de Halle de los veinticuatro que compuso, incluido El Mesías.