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Pulso interno en IU de Andalucía

lunes 12 de agosto de 2013, 08:11h

Saltan chispas en Izquierda Unida (IU) de Andalucía a propósito de la investigación del desfalco de los ERE en la Junta andaluza. Durante la pasada semana, el líder de IU y vicepresidente del Gobierno andaluz, Diego Valderas, se sumó a las presiones contra la juez Alaya que tratan de obstaculizar sus investigaciones y urgen a “pasar página” –como dijo Valderas- antes de que la instrucción sobre los ERE haya concluido. Ahora, en cambio, el coordinador general de IU en Andalucía, Antonio Maíllo, enmienda la plana a su compañero de militancia, le desautoriza y solicita lo contrario: que la investigación se complete a fondo y que la Junta colabore realmente hasta que se sancione a los culpables y éstos devuelvan lo robado.

La crispación interna dentro de la formación andaluza no es más que el síntoma de tensiones e intereses más profundos que afloran cuando el partido accede al poder. De un lado, IU piensa que en el conjunto de España el bipartidismo ha llegado a su final y que la coalición será imprescindible para la creación de un nuevo gobierno tras las próximas elecciones. Así lo ha proclamado su líder Cayo Lara en sus últimas declaraciones, cotizando muy cara su hipotética coalición postelectoral con el PSOE, quizá vendiendo muy por anticipado la piel del oso antes de haberle dado caza. Por otro lado, la coalición, no hipotética, sino muy real, de IU con el PSOE en Andalucía -experimento preliminar a esa coalición a escala nacional que se quiere fraguar- demuestra que, en la práctica, Izquierda Unida no ha servido para ninguna regeneración del Ejecutivo andaluz. Más al contrario, su función ha consistido en apuntalar los viejos usos imperantes durante décadas en la Comunidad Autónoma, dando cobertura al clientelismo y las maniobras fraudulentas para obstruir las investigaciones judiciales en marcha.

El vicepresidente de la Junta, Diego Valderas, una vez llegado a los puestos de poder, no ha tenido escrúpulos en sumarse a ese “escrache mediático” desencadenado desde las autoridades andaluzas contra las investigaciones de la juez Mercedes Alaya. Sus correligionarios que no han accedido al poder, ven que esa actitud compromete la credibilidad de la formación con vistas a futuros comicios. ¿Es realista creer que una alianza de IU con el PSOE impulsará acciones reformadoras y regeneradoras, después de las experiencias vividas en Cataluña o en Andalucía? Todo apunta a que se reeditaría a escala nacional la defensa de posiciones sectarias ya vistas con anterioridad en ambas Comunidades.

El caso de los ERE –como el de otros escándalos notorios en otros lugares y partidos- no debe afrontarse con criterios partidistas. Es imperioso lograr un acuerdo nacional donde el conjunto de los partidos políticos y sindicatos declare la verdad sobre los cuando menos irregulares métodos de financiación que todos han empleado en las últimas décadas. Resulta sumamente ingenuo creer que cada uno salvará la cara individualmente en sus particulares odiseas judiciales. En tanto exista una prensa libre y una judicatura que actúe, la verdad acabará saliendo en sentencias que minarán la credibilidad del sistema político. Antes de que éste salte en pedazos, el conjunto de la clase política haría un auténtico e imprescindible bien al país declarando la verdad, asumiendo con dimisiones las responsabilidades políticas sin esperar las sentencias de los tribunales, y rediseñando sin demora un sistema de financiación de los partidos más racional y transparente. Seguir en la trinchera negando las evidencias puede traer consecuencias demoledoras para todos a medio plazo.
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