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Éxodo de empresas catalanas hacia Madrid

miércoles 21 de agosto de 2013, 08:13h

Más de 1.000 empresas ubicadas en Cataluña han iniciado un éxodo imparable para cambiar su domicilio social a Madrid. Se trata de datos extraídos del Boletín Oficial del Registro Mercantil (BORME) que abarcan los tres últimos años y que hablan por sí mismos con mayor contundencia que cualquier declaración de ningún empresario. Los consejos de administración toman frías decisiones en función de datos reales no distorsionados por la ideología y a la vista de las auténticas expectativas de futuro. Y la política puesta en marcha por destacados partidos catalanes tanto en el Parlamento como a su paso por la Generalidad, está deteriorando de forma objetiva la economía de los ciudadanos de la Comunidad Autónoma catalana. Estamos ante una incontrovertible realidad estadística que debería hacer meditar seriamente a las fuerzas políticas hegemónicas en Cataluña.

Que el exilio empresarial tenga como destino la capital de España no ha de extrañar si a la vez se constata que la Comunidad madrileña ha sido depositaria del 70 % del total de la inversión extranjera que llega a nuestro país y que Madrid lidera este año la creación de nuevas sociedades mercantiles dentro del conjunto de la nación. Son muchos los factores que ayudan a ese liderazgo, entre otros, un sostenido y gran esfuerzo por el equilibrio presupuestario, una fiscalidad más baja y la reducción de trabas administrativas. A todo lo cual habría que añadir dos ingredientes más: confianza y estabilidad política. Elementos cada vez más resquebrajados precisamente en el ámbito catalán.

En este sentido, a nadie se le escapa que un desencadenante fundamental de esa marcha masiva de empresas se encuentra en el empecinamiento de la Generalidad de seguir adelante con una secesión unilateral frente al resto de España –y, por ende, de la UE. Un pulso descabellado en las formas y los objetivos, muy difícil de culminar, pero cuyo solo anuncio genera una amenaza a la seguridad jurídica cuyas consecuencias ya se comienzan a ver: una estampida empresarial en toda regla. Los descalabros electorales de CiU a cuenta de la insensatez política de Artur Mas -incapaz de revisar sus notorios errores-, la ascendencia cada vez más determinante de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y las desnortadas decisiones de un PSOE-PSC ideológicamente errabundo, están pasando una amarguísima factura al bolsillo y al empleo de los ciudadanos en Cataluña. Cada bravata nacionalista causa un socavón en el tejido económico.

Si se amenaza con cambiar unilateralmente las reglas de juego, nada permanece igual y se compromete la estabilidad empresarial. ¿Qué ocurriría si esas amenazas se materializasen algún día? La elite de la política catalana está hipotecando el futuro económico de su Comunidad sin un ápice de sensatez. Ahora mismo trabaja a fondo por un gran éxito de una Diada independentista. A buen seguro, de conseguirse, ese éxito emocional de la secesión acelerará el éxodo silencioso pero demoledor de las empresas con sede en Cataluña: ¿para cuándo el “seny” catalán?

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