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A las FARC les dan alergia las urnas

domingo 25 de agosto de 2013, 08:13h
El anuncio del presidente colombiano, Juan Manuel Santos, de someter a un referéndum nacional los posibles acuerdos a que llegase en La Habana con la organización guerrillera de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) ha causado una reacción alérgica entre los representantes de los narcoterroristas. Estos se han levantado de la mesa de negociación amparándose en el eufemismo de hacer una “pausa”. La simple mención de las urnas provoca sarpullidos entre los guerrilleros más veteranos de América Latina. Un síntoma más de las enormes dificultades que Santos encontrará para que adopten una mentalidad democrática.

La posición de las FARC ha sido hasta el momento tajantemente opuesta a cualquier refrendo. Su postura consiste en que las negociaciones secretas –y de poder a poder- de la Habana den paso, sin consulta popular de ninguna clase, a una Asamblea Constituyente que refunde Colombia, teniendo asignados de antemano una porción de escaños, así como periódicos, emisoras de radio y televisiones a su servicio sufragados con dinero público. En una Asamblea Constituyente de estas características, las FARC tendrían la oportunidad de reabrir la negociación de Paz y revertir los acuerdos firmados desde la posición de ventaja de la amenaza -en realidad, chantaje- de volver a las armas si no se cumplieran sus deseos. Una situación que sería suicida para la pujante democracia colombiana y ante la que ningún Estado de Derecho debería transigir pese al señuelo de la paz. Ningún paso habría de darse sin un respaldo mayoritario de las urnas si no se quiere entrar en un proceso de auto-aniquilación del sistema democrático.

La propuesta de Juan Manuel Santos no deja de ser muy arriesgada al vincularla a su reelección: el tiempo juega en su contra. Las leyes colombianas prohíben realizar referénda al mismo tiempo que elecciones, y necesita llegar a amplios acuerdos para cambiar esta ley, cuando parte de la oposición –liderada por el expresidente Álvaro Uribe- está en contra de la propia negociación en curso y se niega taxativamente a que guerrilleros con las manos manchadas de sangre con torturas y homicidios opten a ser representantes parlamentarios.

Los lógicos intereses políticos de Santos no deberían hacerle ceder en este punto. Solo una votación nacional puede validar o rechazar los acuerdos con las FARC y jamás debería haber un parlamentario -en Asamblea Constituyente o no- que deba su escaño a una negociación en vez de a los votos. Los guerrilleros saben que las papeletas de unos comicios no les darán grandes respaldos, después de los crímenes cometidos en más de medio siglo, y por mucho que se arroguen poseer la voluntad popular, tratarán por todos los medios de alcanzar posiciones de ventaja sin apoyo de los votantes: cambiar una mentalidad homicida por otra democrática parece estar más cerca del milagro que de las realidades políticas.
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