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Crónica económica

Francia, ese país de la periferia

martes 27 de agosto de 2013, 07:57h
El hexágono ya es casi un país periférico por lo que se refiere al nivel de deuda pública. Las perspectivas sobre lo que puede hacer para mejorar su situación hacen pensar que le espera una larga lucha contra sus instintos para salvarse del desastre. Una vez más.
John Mauldin es un reputado analista económico. En un reciente artículo recuerda que previó, en su momento, que Grecia llegaría a la bancarrota, y que Portugal no le iría a la zaga. España e Italia tendrían que hacer grandes reestructuraciones. Y al formular estas previsiones, Mauldin se fijaba en “el significativo desequilibrio entre exportaciones e importaciones”. Repasando la situación de Europa, el autor cree que el próximo tren en descarrilar será Francia, y como los anteriores se deberá al error humano. El mercado, es cierto, no le da la razón a Mauldin; los títulos de deuda de Francia, incluso a largo plazo, se venden con bajos intereses. Pero eso no le hace pensar que esté equivocado.

“No, Francia no está en la bancarrota”, es el título de un artículo de Le Monde, escrito por Bruno Moschetto. En él, el autor recupera es absurda idea de que un Estado no puede quebrar porque “nos debemos el dinero a nosotros mismos”. Él la reformula diciendo que, para quebrar, el Estado tendría que estar endeudado en una moneda extranjera. Mauldin le responde diciendo que Francia no es dueña de su propia moneda, y no puede salir de la situación imprimiendo dinero.

Bueno, queda una solución, la de subir los impuestos. Pero, como señala el economista, esa solución no está en la mano de Francia, con un tipo máximo del 75 por ciento. Recientemente, no lo recoge Mauldin, el comisario europeo de Asuntos Económicos, Olli Rehn, dijo el pasado domingo que “as subidas de impuestos en Francia han llegado a un nivel crítico. Incrementar de nuevo las tasas afectaría al crecimiento y el empleo. La disciplina presupuestaria debe pasar por una bajada del gasto público y no por nuevos impuestos”.

Y, por último, “claramente, no has hecho tus deberes”, le dice a Francia. Sí, los tipos de interés están bajos. Pero sólo porque están así… antes de subir cuando llega el pánico. Lo que dice Mauldin es que ese pánico llegará, y con razón. ¿Por qué motivos?

El país lleva casi dos años en recesión. El déficit por cuenta corriente se deteriora mes a mes, y eso quiere decir que necesita del crédito exterior para mantener su nivel de vida. Tienen que hacer reformas pro mercado, pero como señala el autor, “Ersnt & Young dijo que el lenguaje anti mercado de Francia se ha convertido en algo casi repulsivo para los inversores”.

Dos: “Tu nivel de crecimiento del endeudamiento es insostenible”. Tres: “El nivel de la deuda de Francia está en máximos de después de la guerra, y se está acercando a los niveles de los países periféricos”. Cuatro: “Tu déficit fiscal”, le dice en segunda persona del singular a Francia, “es probable que esté por encima del cuatro por ciento”. Cinco: “Francia está en un terrible bajón económico”, con la confianza del consumidor en mínimos de 40 años. Seis: “La posesión de deuda francesa en manos extranjeras es un 50 por ciento superior a la de Italia, y cuatro veces la de España”, de modo que depende de la confianza de los extranjeros. Y “Bridgewater estima que si Francia se juzgase sólo por sus fundamentales, su prima sobre Alemania tendría que ser de unos 350 puntos básicos, y no sólo 50”. Siete: “No se puede reducir la deuda y tener un déficit comercial al mismo tiempo”. Y Francia se ha vuelto un país poco competitivo, quién lo diría. Y ocho: “El gasto del Gobierno representa el 56 por ciento del PIB, y el ratio de deuda sobre el PIB es superior al 90 por ciento”. ¿En qué punto dejará de confiar el inversor? Y si va a reducir el gasto público cuatro o cinco puntos del PIB para asegurarse la sostenibilidad de la deuda, ¿qué efecto tendrá sobre la recesión?

Eso es lo que cree Mauldin. Lo que yo creo es que Francia no aceptará tomar las medidas necesarias, se hundirá en la miseria, cuando reaccione, además de tarde, lo hará a medias, y lo que le espera es una década de sufrimientos que acabará a mediados de los años 20, y de la que tampoco está claro que fuera a salir.
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