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Melodía sangrienta en Pyongyan

domingo 01 de septiembre de 2013, 08:51h
Las noticias sobre Corea del Norte suelen referirse a su programa nuclear, que la dictadura comunista que gobierna el país se empeña en mantener a toda costa, haciendo oídos sordos de los requerimientos de la ONU. Y, de vez en cuando, realiza un ensayo nuclear que le acarrea sanciones de Naciones Unidas, y despierta todas las alarmas en la comunidad internacional, máximo cuando el régimen de Pyongyan es muy dado a las amenazas y la fanfarria militar. Por ejemplo, hace apenas unos meses, Corea del Norte dijo que estaba preparada y dispuesta a realizar un ataque a Corea del Sur, lo que puso en alerta a los países de la zona. Aunque no hay que olvidar que tiene cientos de misiles apuntando a Seúl, las intimidaciones norcoreanas tienen mucho de provocadora palabrería, propaganda doméstica y chantaje para obtener réditos económicos con sus amenazas. El régimen es consciente de que si lleva sus acciones al límite, en un posible conflicto sufriría las consecuencias.
Por desgracia, dentro de su territorio puede poner en marcha el mayor comportamiento homicida sin miedo a nada, pues el pueblo norcoreano vive en un estado de terror permanente, además de sumido en la miseria, mientras que no se escatiman recursos para desarrollar una carrera armamentística insensata. Todo producto de una dictadura de inspiración estalinista que se ha perpetuado de padres a hijos, y en la que el hermetismo es la norma. No obstante, ahora ha trascendido que su actual líder Kim Jong-un ha mandado ejecutar a la cantante y a once miembros de la orquesta Unhasu -parece ser que ante otros componentes del grupo y de familiares-, bajo la acusación de un presunto delito de grabar y difundir pornografía y de estar en posesión de varias Biblias. Se da la circunstancia de que la vocalista del grupo, Hyon Song-wol, había sido novia del tirano norcoreano, lo que añade, si cabe, un componente aún más siniestro.
En estos días, el régimen de Pyongyan parece querer mostrar al mundo un rostro “amable” en sus negociaciones con su vecino del sur para reabrir el complejo industrial de Kaesong. Pero el verdadero es el que siempre tuvo, y del que la ejecución de los miembros de la orquesta Unhasu es una muestra. Y ¿cuántas más habrá de este cariz que no trasciendan? El régimen norcoreano es un alumno más que aventajado del sanguinario estalinismo, y a nadie engaña, por mucha opacidad tras la que intente ocultarse.
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