Crónica económica
¿Está el Pacto Fiscal Europeo llamado a fracasar?
lunes 02 de septiembre de 2013, 07:45h
Hay varios acuerdos institucionales encaminados todos a lo mismo: sujetar las finanzas públicas. Fracasaron en el pasado. ¿Volverán a hacerlo? Por José Carlos Rodríguez
La unión monetaria llevó a los redactores del Tratado de Maastricht a imponer unas normas de carácter fiscal razonables, y que darían estabilidad a los países miembros. Eran los famosos criterios de Maastricht, que alemanes y franceses se saltaron a la torera.
España es uno de los países que más los ha cumplido, y sin embargo se ha visto en una situación al borde del rescate por parte de Europa. Al borde por dentro, porque de hecho estamos rescatados, aunque sólo a medias, por nuestro sector financiero. Este caso y el de otros países llevó a Bruselas a pensar que imponer unos criterios fiscales que todo el mundo se saltaba a la torera no era suficiente. Había que imponer nuevos criterios, ahora en el ámbito macroeconómico. Pues si un país acumula muchos desequilibrios macroeconómicos, las finanzas públicas acabarán saltando, indefectiblemente. De este modo se introdujeron el “paquete de seis” y el semestre europeo.
Pero para Alemania y otros, no era aún suficiente. De este modo, se introdujo el Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza en la Unión Económica y Monetaria. Es “en” la Unión, porque no es “de” la Unión. Es decir, es un acuerdo bilateral entre 25 miembros de la UE, en el que no están ni Reino Unido ni República Checa (ni, por el momento, Croacia). No forma parte de los tratados de la UE.
Se le llama, para resumir el largo y cursi nombre que tiene, Pacto Fiscal Europeo. Tiene 16 artículos, y los puntos más importantes son que los firmantes se comprometen a no superar un déficit del 0,5 por ciento ni una deuda del 60 por ciento del PIB. Si la superan, deberán alcanzar esta cota máxima en 20 años. Y los países se comprometen a incluir estos y otros criterios del pacto en normas muy reforzadas, o constitucionales.
Al respecto del PFE, ha escrito un artículo un analista del DB Research (del Deutsche Bank). Se plantea si los tratados de reforma mejorarán las perspectivas para la zona euro. El autor, Nicolaus Heinen, comienza por señalar que los promotores de este PFE, y sus partidarios, destacan tres ventajas: Compromiso, ya que los tratados bilaterales tienden a incrementar la identificación nacional en un compromiso vis a vis. Coherencia, pues el tratado permite hacer recomendaciones ad hoc en áreas de la política en las que “la presión de los compañeros es inefectiva, y en las que la Comisión no tiene competencias de coordinación y supervisión”. Y Control, pues “al utilizar los indicadores correctos, los tratados pueden incrementar la medida de las reformas”, y mejorarlo.
En un segundo paso, muestra que 14 de los 17 miembros de la Unión Monetaria han ratificado el PFE. Una de las cláusulas indica que entrará en vigor el primer enero en el que haya sido ratificado por un mínimo de 12 miembros. Además, “las perspectivas de que los tres países restantes la firmen pronto son buenas”, en referencia a Bélgica, Malta y Holanda. De todos modos son sólo cinco los miembros que han aprobado las normas reforzadas o constitucionales que insertan en la legislación nacional estas condiciones. Uno de ellos, España. Cuatro con reglas constitucionales, y Portugal con una mayoría de dos tercios. A ellos hay que sumar a Malta, que no ha aprobado el tratado pero cuenta con una norma similar en su Constitución, Luxemburgo, que ha aprobado el pacto, no ha implementado el límite de deuda, pero cuenta con una norma de tipo mayoría reforzada (de dos tercios, como Portugal), y Bélgica, que no ha aprobado el tratado, pero cuenta también con una norma reforzada (también de dos tercios).
De modo que la salud del PFE es buena, avanza a gran velocidad para como suelen ser estas cosas. ¿Estamos salvados? Aquí entra el núcleo del artículo, después de haber descrito el pacto y sus avances: “Nuestra tabla muestra que los países de la zona euro están haciendo buenos progresos hacia la asunción de los frenos a la deuda. Esto, no obstante, es sólo parte de la historia: En marzo, el Ecofin y el Consejo Europeo acordaron relajar los requerimientos de ajuste fiscal para los países de la Unión Europea. Los medios financieros de los países necesitan cofinanciar proyectos que reciben fondos del Presupuesto europeo, que pueden deducirse de los requerimientos anuales de consolidación”. Y sigue: “El ejemplo del Pacto Fiscal muestra cuál fácilmente se pued cambiar el “espíritu” de los tratados. Este es el caso incluso cuando la Comisión, que es la más independiente de todas las instituciones de la Unión Europea, es una de las firmantes”.
Es decir, que las normas están bien, los procedimientos de sanción también, pero siempre está la decisión de cada uno de los actores de cumplir la letra y el espíritu de estos tratados. Y esos actores son, nada menos, que gobiernos de países europeos; es decir, de países ricos. De modo que no está del todo claro que vaya a triunfar el PFE donde fracasaron otros, aunque sí merece una oportunidad.