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El debate entre Angela Merkel y Peer Steinbrück

martes 03 de septiembre de 2013, 01:29h
Acaba de tener lugar el primer y único debate televisivo entre Angela Merkel y el candidato socialdemócrata Peer Steinbrück con vistas a las elecciones alemanas del próximo 22 de septiembre. Una oportunidad para Steinbrück de recortar los 15 puntos en intención de voto que le separan de la canciller y que el exministro de Finanzas socialdemócrata dejó escapar clamorosamente. Los sondeos apuntan a un equilibrio en la opinión pública entre los dos contrincantes tras el cara a cara, lo que mantiene intacta la distancia entre ambas formaciones a tres semanas de los comicios.

Entre los propios seguidores de Peer Steinbrück y del SPD, se señala el escaso atractivo de la imagen del socialdemócrata ante los medios de comunicación para justificar la falta de expectativas electorales en el camino hacia la cancillería. Siendo cierto esto, los motivos últimos de los pocos apoyos de Steinbrück en las encuestas preelectorales se encuentran en el envejecimiento de las recetas de la izquierda socialdemócrata y el anquilosamiento del partido en una estructura funcionarial que lo atenaza como una camisa de fuerza.

Ante los nuevos retos del siglo XXI, la socialdemocracia continúa aferrada a antiguas fórmulas que tuvieron su razón de ser antes de la entrada en funcionamiento del euro y de la globalización económica, pero que ahora parecen desactualizadas e insuficientes. En consecuencia, los ataques de Steinbrück a Merkel fueron irresolutos, deslavazados e incapaces de desbancar la coherencia del adversario. Una derrota electoral facilitaría una necesaria revisión interna socialdemócrata y su adecuación a las circunstancias de los nuevos tiempos.

Angela Merkel llegó al encuentro con el viento favorable de la economía alemana, en crecimiento, creando empleo y perfilándose una vez más como la locomotora que puede sacar al conjunto de la zona euro de la recesión. En clave europea ese fin de la recesión, siendo positivo, no significaría por sí mismo un final de la crisis y del desempleo. El debate ante las cámaras no aclaró si habrá algún cambio de actitud alemán frente a las dificultades del conjunto de Europa. Las reformas y los ajustes presupuestarios continúan siendo una prioridad, pero el dinero sigue sin llegar a la economía real y no se soluciona la fragmentación del crédito dentro de la eurozona, donde las Pymes de muchos países ven asfixiada su financiación.

Si Merkel fuera reelegida canciller en los próximos comicios y queda libre de la presión electoral sería conveniente que revisase cuestiones clave de la financiación del conjunto de Europa, considerando los intereses comunes del continente más allá de los estrictamente germanos. Cada vez se hace más evidente una indispensable modificación de directrices del Banco Central Europeo, al que la canciller no debería considerar como una entidad prioritariamente alemana para permitir que actuase en función de las necesidades de todos los países europeos.
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