El caso Fritzl: ¿Tenía razón Lombroso? (1)
lunes 05 de mayo de 2008, 22:27h
En los últimos días supimos de un hecho criminal horroroso. Resumidamente: en una ciudad cercana a Viena el electricista Fritzl, que tenía antecedente por violación, mantuvo encerrada a su hija durante 24 años en un sótano de sesenta metros cuadrados y un metro setenta de altura, abusó de ella sexualmente desde que ésta tenía 11 años y tuvo con ella siete hijos; a tres de ellos (de 19, 17 y 5 años) los ocultó en ese sótano. A otros tres los tuvo en su casa; los vecinos afirman que los trataba cariñosamente. Uno de ellos nació muerto y lo quemó en la caldera de la casa. El horror producido al ser conocido el hecho es consecuencia de la confluencia del incesto con el secuestro inusitadamente prolongado, sumados a la doble personalidad de Fritzl, que, aparentemente normal en sociedad, fue capaz de reducir a su propia hija a un objeto sexual, privándola, en realidad, de toda vida social. ¿Cómo explicar tanta brutalidad? Existe una arraigada tendencia a preguntarse por las causas de tales comportamientos. Se quiere saber el por qué de la misma manera que se sabe la causa de la tuberculosis. Hasta ahora no ha sido posible dar una respuesta científicamente satisfactoria a la cuestión.
Entre 1876 y 1896 Cesare Lombroso(1836/1909) sostuvo en cinco ediciones de su libro “L’uomo delinquente” la teoría del delincuente nato, que, en general, ha sido rechazada por su débil base metodológica. No obstante esa antigua teoría orientó, de una u otra forma, reformas del derecho penal en la primera mitad del siglo XX, aunque nunca haya sido la base única de esas reformas. En un cierto sentido, la categoría del delincuente incorregible por métodos pedagógicos y terapéuticos, de v. Liszt (1882), tiene algunos puntos comunes, aunque su explicación sea diversa, con la noción de delincuente nato de Lombroso, para quien el delito es una forma atávica de conducta; el delincuente sería una especie física y psíquicamente anormal del género humano, hereditaria, y el delito sería expresión de un estadio ya superado de la civilización. Freud señalaba en 1913, en Totem y Tabú, a propósito del incesto, algo no lejano de las afirmaciones de Lombroso cuando decía que en nuestro tiempo “viven seres humanos de los que creemos que están muy cerca de los primitivos, mucho más que nosotros, en los que por lo tanto vemos a los descendientes y representantes de seres humanos de otros momentos”. Ferri agregaba, todavía en 1927, que el delincuente nato se caracteriza por “la falta o debilidad del sentido moral que en los hombres normales es la mayor fuerza de repulsa del delito”. Aunque el prototipo de delincuencia en el que se apoyaron estas ideas era el homicida brutal (para otras formas de delincuencia, por ejemplo la de las mujeres o la política, se dieron explicaciones especiales), no cabe duda que hechos como el que comentamos tiene manifestaciones de brutalidad que hasta podrían superar las del asesinato y sugieren que acaso existe el delincuente nato de Lombroso. [516]
Como explicación teórica la noción de delincuente nato carece hoy de aceptación. Es explicable que así sea, pues su base empírica es considerada insuficiente para demostrar lo que Lombroso, Ferri y otros afirmaban. Actualmente el concepto de delincuente nato no es considerado aplicable ni siquiera a estos fenómenos criminales especialmente conmovedores. Las investigaciones basadas en mediciones corporales, rasgos específicos, proporciones del cuerpo, etc. no fueron sometidas al contraste de grupos de supuestos no criminales, ni se supo en qué medida esos datos se reproducían en la población general.
Las explicaciones causales de la criminalidad individual han perdido mucho de su fuerza de convicción. Es notoria la tendencia a reemplazar las explicaciones causales de la conducta del autor del crimen (etiológicas) por el estudio de los mecanismos sociales de la criminalización y, más recientemente, por el estudio sociológico del delito en lo que se llama una “sociedad de exclusión”, caracterizada por la “exclusión del mercado de trabajo, la exclusión social entre la gente de la sociedad civil y las siempre expansivas actividades excluyentes del sistema de justicia criminal y la seguridad privada” (Jock Young, 1999). Estas explicaciones sociológicas presuponen una visión crítica de la sociedad que en el paradigma causal no tiene cabida. Pero, muy probablemente no permitan dar una explicación satisfactoria de crímenes como el de Fritzl, que no sufría ninguna clase de exclusión social.
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Catedrático de Derecho Penal
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