El sentido del “Aidós” y la política
martes 10 de septiembre de 2013, 20:30h
Desde mi juventud he admirado profundamente la cultura griega, su profundo sentido del ser humano, su creatividad y evolución. Los griegos han aportado a la cultura universal su esqueleto más sólido, principios e ideas como la democracia, la política, el alma, la filosofía, la educación o paideia, la virtud o arete, la ética, etc., encuentran en Grecia su nacimiento o desarrollo. Siempre es provechoso mirar a Grecia para hallar puntos de referencia o parámetros de reflexión y orientación.
No debemos olvidar que son los padres de la democracia y que la sociedad ateniense del siglo V y IV a.C. era una sociedad cultural e intelectualmente verdaderamente desarrollada. Como se sabe los poetas eran los grandes educadores del pueblo griego, el teatro era como la televisión de hoy en día, allí se reflejaban las grandes cuestiones y se plasmaban los distintos acontecimientos y valores imperantes. La tragedia de Esquilo, Sófocles o Eurípides, los viejos textos de Homero o Hesíodo o la comedía de Aristófanes contribuyeron de manera decisiva a perfilar la cultura griega, desde sus inicios en Eolia, pasando luego por Jonia, para su esplendor filosófico en la península ática, con la revolución que supuso la persona de Sócrates.
Los griegos y sus valores sociales tenían muy presente el sentido del aidós, para marcar su actuar, para conocer los límites y para ética y socialmente reaccionar frente a ellos. ¿Qué era para un griego el aidós? Pues lo podríamos traducir como la vergüenza ante lo mal hecho, cuando uno sabe que ha actuado mal y se avergüenza de ello ante los demás. El sentido del aidós o la vergüenza ante lo mal hecho, para los griegos tenía su importancia social, ética y educativa. El aidós marcaba un límite, suponía un reconocimiento del mal cometido y además implicaba una autosanción que sufría el titular, el encontrarse mal, avergonzado por el mal cometido. La presencia y existencia cultural y social del aidós no es menor, pues implica que no todo vale, que no todo da lo mismo y que existen cosas de las que hay que avergonzarse.
Aristófanes en su mejor obra, Las Nubes, así lo contempla. Ya al final casi de la misma se da el agón discursivo entre el argumento peor y el argumento mejor, en el fondo Aristófanes busca salvar los valores educativos tradicionales de la época dorada de la Atenas de Pericles, Fidias y Sófocles frente a la nueva sofística, que a través del discurso puede defender una cosa y la contraria, indistintamente de su enfoque ético o valorativo. Así dice el argumento peor al mejor (1075): “En cambio, si frecuentas mi trato, da rienda suelta a tu naturaleza, salta, ríete, no tengas nada por vergonzoso […]”.
Hay algunas cuestiones que en estos últimos años estamos viviendo en la vida política española que nos muestran una importante ausencia de aidós, de sentido de la vergüenza. No hay democracia sin valores, sin límites y los griegos, padres de la misma, lo tenían muy claro al respecto. Si los protagonistas de esas acciones vergonzosas no sienten el aidós, al menos los ciudadanos debiéramos de perseverar para demostrar y exigir que no todo vale y sí existen muchas cosas que hay que tener por vergonzosas.
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Catedrático de Derecho de la URJC
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