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Ana Botella, redes sociales y los chistes

jueves 12 de septiembre de 2013, 23:37h
Es posible que lo más cuerdo en esta vida sea tratar de pasar desapercibido, lo que llamamos “no dar la nota”. Quizá lo más sensato sea parecer siempre una persona madura, prudente, equilibrada y rezumar seriedad. De esta forma obtendremos el reconocimiento social ansiado, nadie hablará mal de uno. Sólo así, queremos creer, no seremos objeto del comentario malvado, de la crítica y, sobre todo, de la burla.

Pero con los años, el consejo de los expertos y los miles de errores que se cometen cada día, uno se va dando cuenta de que lo realmente importante, sano para el cuerpo e higiénico para el alma es saber reírse de uno mismo. No sólo porque te va a permitir dar el siguiente paso con mejor ánimo, sino porque hace afrontar la vida con otra perspectiva, predispone al cambio y da fuerzas y valor para mejorar. No hay nada más precioso que saber perder el miedo a hacer el ridículo y ser capaz de reírse de uno mismo.

No estoy capacitado para reconocer si la alcaldesa de Madrid ha sido sincera cuando ha encajado toda la marea mediática que ha generado su “relaxing cup of café con leche in Plaza Mayor”, pero hay que admitirle a la señora Botella la capacidad para haber afrontado con sentido del humor el increíble y desmesurado fenómeno generado en las redes sociales tras su intervención en Buenos Aires.

No es fácil reconocer que se conoce bien el sentido del humor en este país y que ella también se ríe muchas veces de ella misma. Lo cierto es que ha hecho bueno el viejo y sabio refrán que asegura que “si no puedes con tu enemigo, únete a él”. Sabemos que el típico sentido del humor español, muchas veces malintencionado, ha encontrado en Twitter, Facebook, Tuenti, Whatsapp o el propio correo electrónico de cada uno las herramientas perfectas para dar rienda suelta a la imaginación, al ingenio, a esa inspiración y perspicacia para machacar el fallo, el desliz, el error, la exageración o, simplemente, la metedura de pata.

Ana Botella exageró la entonación hablando en inglés. Fue ridículo, es verdad. Por otra parte, las redes sociales no entienden de jerarquías y hasta el Rey ha sufrido el azote de la ‘chispa’ española tras conocerse su lesión de cadera en una cacería de elefantes. No se quedaron atrás los comentarios con su posterior “lo siento mucho. Me he equivocado. No volverá a ocurrir”. Tampoco se libran los deportistas. En este apartado la palma se la lleva Sergio Ramos. No pensó en los miles de comentarios que generó su foto comiendo sushi (comida japonesa) la misma noche en la que Tokio nos ganó la organización de los Juegos Olímpicos. Pero es que el defensa del Real Madrid es reincidente. También fue sonada su felicitación al equipo femenino de waterpolo por su medalla de oro en el Mundial de Natación 24 días después. ¡Un despiste lo tiene cualquiera!

No podemos olvidar a Remedios Cervantes y su patética actuación en un programa de televisión que hizo perder a un concursante 5.000 euros. Miles de comentarios en la Red para una “pifia” sonada. Como los que generó Cecilia Jiménez, personaje que seguro que no recuerdan quién es y que demuestra lo efímero de la fama digital. Su inolvidable rehabilitación del Ecce Homo de Borja fue noticia en todo el mundo e incluso se hicieron camisetas con su ‘obra de arte’.

Aun así, el caso que sirve para dar valor a la respuesta de muchos de ellos al saber reírse de sí mismos, es, por todo lo contrario, el de Sara Carbonero. Su reacción a meteduras de pata, como preguntarle a Iniesta tras un partido si le habría gustado tirar un penalti cuando sí lo había hecho, fue la de no aceptar las críticas y tildarlas de “caza de brujas” de la Inquisición. El famoso #graciassara se convirtió en trending topic en todos los partidos en los que trabajó la periodista.

Y digo yo: ¿Cuántos de los que se han reído de Ana Botella no saben inglés y ni siquiera saben lo que es una ‘relaxing cup of coffee’? ¿Cuántos famosos han pedido perdón como lo hizo el Rey? ¿Cuántos deportistas famosos no han felicitado todavía a las campeonas de waterpolo? ¿Y cuántos periodistas conocen que no se hayan equivocado nunca?

Lo dicho, la autocrítica y reírse de uno mismo no elimina el afán de superación y autoexigencia. Y ser más indulgente y no tener tanta mala leche tampoco excluye seguir haciendo chistes riéndose de todo. ¡Qué se lo pregunten a los leperos!
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