Cantinflas y Chespirito lo internacionalizaron
En medio de la cruda realidad que colinda el día a día de América Latina, no es raro ver cómo muchas culturas de esta región hallan en el humo el mejor recurso, si no para escapar de ella, por lo menos para digerirla, y México no podía ser la excepción. Entre chistes, “carrilla” y albures, el carácter local de la comicidad en el país azteca, ha llegado a tales niveles de exportación, que aún, después de casi cinco décadas, el público de todo el mundo sucumbe a las locuras de Cantinflas, al desparpajo del Chavo del Ocho o a la torpeza del Chapulín Colorado, para robarnos carcajadas con buenas dosis de “chile” mexicano.