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RESEÑA

Fernando Vallejo: Peroratas

domingo 15 de septiembre de 2013, 13:32h
Fernando Vallejo: Peroratas. Alfaguara. Madrid, 2013. 320 páginas. 18,50 €. Libro electrónico: 9,99 €
La lengua viperina y poco peluda de Fernando Vallejo alimenta afectos y odios, partidarios y detractores, a partes iguales. Su característica principal es no cultivar la indiferencia entre el público lector. Aquí encontramos motivos por partida doble para detestar o apreciar al autor pues este libro podría representar una suerte de vademécum íntimo. Late en estas páginas acaso la voz menos velada y más profunda del escritor, aquella con divertido, afilado, acento agudo del antioqueño.

Peroratas es un libro misceláneo que recoge treinta y dos textos de índole varia tales como discursos, prólogos, conferencias, artículos o presentaciones de libros. Sin embargo, la acusada personalidad del colombiano se sobrepone a los distintos registros y niveles protocolarios propios de cada género. El autor de La Virgen de los sicarios impone las aristas de su personalidad sobre cada texto reflejadas en un tono duro y un estilo asertivo. Parece tabla de salvación hinchar la propia voz para quien se jacta de haber vivido “a la desesperada”, de no ser vocero de otras voces, aunque sienta la potestad de representar a los sin voz (pág. 45).

El lector curioso recorrerá pues las fobias y filias de Vallejo resumidas en la insistencia de pocos temas como el amor a los animales en “A los muchachos de Colombia”, la bendición del sexo, incluso el órdago sobre el sexo infantil en “El hombre, ese animal alzado”, las durísimas y necesarias críticas a la Iglesia, a la hueca política, y cuestiones más personales como la hiel desprendida contra otros escritores, como el “Cursillo de orientación ideológica para García Márquez”.

En este cajón de sastre salpican párrafos que a la luz de los acontecimientos del presente adquieren una perturbadora y verídica fatalidad. Por distinguir uno que afecta a la literatura pero también en clara alusión a esa brecha inmensa entre gobernantes y gobernados: “En la confusión los linderos de las palabras se nos han borrado y ya estamos en plena torre de Babel. Ya no sabemos dónde está la decencia y dónde la delincuencia. Ya no distinguimos a la víctima del victimario. Se nos enloqueció la semántica”.

Por otro lado, conviene destacar la defensa a ultranza de esa lengua común y generosa que resulta el español y que nos hermana a todo el mundo hispano más allá de océanos y políticos según entiende Vallejo, quien tiene “la religión del idioma, pues otra no ha tenido”. Hay también referencias y notas explicativas sobre el taller del escritor, consejos literarios consabidos pero enunciados con divertido retruécano final: “Los principales enemigos del escritor son: el corrector de pruebas, el periodista, el editor y el lector. En ese orden.”. Y como siempre esa dinamita provocadora: “La maternidad es egoísmo disfrazado de altruismo, lujuria enmascarada de virtud” tan característica del colombiano. En suma, Vallejo en estado puro.

Por Francisco Estévez
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