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RESEÑA

Felipe Pigna: Evita, realidad y mito

domingo 15 de septiembre de 2013, 14:01h
Felipe Pigna: Evita, realidad y mito. Destino. Barcelona, 2013. 382 páginas. 22 €
Recuerdo que cuando apenas tenía 15 años tuve una interesante conversación sobre la transición argentina, con un joven que gozaba de la nueva etapa que vivía su país en la década de 1980. Hablamos cosas del nuevo gobierno, datos históricos sobre el general Perón, con un tono relativamente monótono. Todo cambió cuando le pregunté por Eva Duarte de Perón, Evita. Ahí cambió el entusiasmo, el tono tuvo ese sello indubitado de las cosas trascendentes: “Ah no, eso es distinto. ¡Evita era una diosa!”. Y continuamos hablando, ya no me acuerdo de qué, seguramente porque seguía impresionado con esa impresionante afirmación.

Algo de eso es lo que se desarrolla en la extraordinaria novela de Tomás Eloy Martinez, Santa Evita (Madrid, Alfaguara). Por sus páginas circula esa mezcla visible de pasión política con una devoción con tintes cuasi religiosos hacia quien se convirtió en la gran defensora de los pobres mientras vivía, y una especie de santa no canonizada pero milagrosa después de muerta. Un hito literario sobre la mítica líder argentina.

El trabajo de Felipe Pigna que ahora comentamos tiene un valor histórico que vale la pena mencionar. Él logra, a pesar de toda la mitología que rodea la vida (y la muerte y la posteridad) de Eva Perón, hacer un texto de historia, con un completo trabajo de fuentes primarias sobre las cuales se va construyendo la biografía de la pequeña y pobre Eva Duarte, que luego se traslada a la capital para ser actriz y realizar sus sueños, hasta el momento en que le cambió la vida para siempre: cuando conoció a Juan Domingo Perón, llamado a ser el líder de Argentina en un momento de transformaciones a mediados del siglo XX. “Gracias por existir”, le dijo Eva a Perón, en una mezcla de frase coqueta y política. Pronto serían inseparables. Eva Perón es un fenómeno difícil de clasificar, complejo para estudiar y comprender.

Tenía una formación intelectual muy básica para las responsabilidades que le tocaría desempeñar. En realidad, más que ideas políticas tenía intuiciones. Esto, que en otra persona podría ser un insulto, en ella era una realidad a la que supo sacar partido en su beneficio y en el de su causa. Y esas intuiciones las sostenía hasta el fin con una convicción que a su vez era convincente. Entre ellas encontramos su pasión por los desposeídos (los “descamisados” o “grasitas”, como los llamaba); una repetida retórica antioligárquica; el fanatismo peronista público y confeso; un feminismo ecléctico y atractivo en su momento.

En realidad, lo realmente importante no eran sus ideas, ni siquiera sus intuiciones políticas, sino lo que podríamos llamar su carisma personal, ese atractivo magnético que la hizo crecer, ejerciendo una verdadera sugestión sobre quienes se acercaban a ella, los que se beneficiaban de su obra social, los que la conocían.

Todo esto se acrecentó con cuatro factores históricos relevantes: 1. La irrupción del liderazgo de Perón y su advenimiento al Gobierno de Argentina, donde Eva lo acompañó muy pronto en las más diversas tareas. 2. Su trabajo de base con los pobres, en lo social y en lo político, realizado con una intensidad y dedicación difícilmente equiparable. 3. Su viaje a Europa y el impacto que provocó. 4. Su agonía y muerte que la llevó a la eternidad.

Sus mayores limitaciones, podríamos decirlo, se presentaban en el ámbito económico, debido al asistencialismo que presidió sus actos, así como su dificultad de comprensión de factores como el aumento de la riqueza, la disminución efectiva de la pobreza o la relación entre pobres y ricos desde el punto de vista de la distribución del ingreso.

Evita tenía talento político y lo usó a raudales, a pesar de algunas decepciones (como la vicepresidencia que le fue ofrecida y retirada). Quería pasar a la historia y se preparó para ello con tiempo, en especial en sus últimos meses de vida.

El libro tiene algunas limitaciones propias del género biográfico. Por ejemplo, parece que todo hubiera pasado por Evita, y por lo mismo se echa en falta un mayor desarrollo de la figura de Perón, sus ideas y régimen. A pesar de todo -por ejemplo de su tendencia favorable a Evita- se trata de una obra valiosa y que logra ser equilibrada, que no cae en los excesos y que prefiere la historia a la mitología. En ocasiones, sobre todo hablando de temas laterales dentro del desarrollo de la historia de Evita, el autor utiliza frases rimbombantes, con exageración retórica y a veces poco fundamentada.

En otro sentido habría sido valioso conocer las fuentes doctrinales del peronismo, que deambulaban entonces entre un filocomunismo y un filofascismo, emparentándose con un cristianismo socializante, aunque con elementos autóctonos, eminentemente argentinos y latinoamericanos.

Un libro que anima a ser leído y que acerca a conocer a una de las mujeres más importantes de la política latinoamericana del siglo XX. Mujer que, en cualquier caso, está condenada a dejar muchos cabos sueltos, porque su vida se ha visto y biografiado entre la historia y el mito, las pasiones y los recuerdos, la historia personal y la colectiva, su vida, su muerte y la posteridad. Mujer amada y odiada hasta límites difíciles de comprender.

Por Alejandro San Francisco
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