“Necesito pasta... necesito un curro”
José María Zavala
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jmzavalagmxnet/8/8/12
martes 17 de septiembre de 2013, 18:23h
Empiezo a preocuparme al escuchar esta frase con tanta frecuencia. Cada vez más personas a mi alrededor ven el final de sus estudios, sus prácticas o su prestación por desempleo con gran inquietud y sin perspectivas. Cada vez más amigos amenazan sin entusiasmo alguno con emigrar del país. La movilidad geográfica es una oportunidad y una experiencia siempre que lo hagas de forma voluntaria. Sin embargo, cuando es producto de un chantaje es algo que no se vive de forma tan alegre. Algunas personas aún tienen vínculos locales y no se sienten seducidas por la flexibilidad del mercado global. En otros casos, el traslado no es hacia el exterior, sino de vuelta a los orígenes, incluso al hogar familiar si es necesario.
Imagino escenarios terribles en los que se mezclarán restos de solidaridad con la sucia competencia incluso entre amigos y conocidos. Me pregunto qué será de los que nos quedamos, si tendremos que echar un ojo a Grecia para ver la que se nos avecina o si de verdad seremos lo suficientemente inteligentes como para ver en este desorden una oportunidad, antes de que pase a poder ser llamado “caos”.
Muchos de nosotros, la gente normal, también tenemos sueños. Pero no lideramos una gran empresa transnacional que promete miles de puestos de trabajo a base de complejos hoteleros y casinos, así que no importamos. No importamos una mierda. Y por tanto, no nos ponen a la banca a nuestra disposición ni legislaciones a medida. A los grandes poderes no les interesa que los individuos, los barrios, los pueblos y ciudades, las mancomunidades y biorregiones, sean independientes y autogestionen sus vidas. Los ingenieros sociales que contribuyen con sus decisiones anónimas a convertirnos en meros consumidores, votantes y trabajadores, ignoran que detrás de cada nombre hay una persona, una historia, un mundo. Así, la deshumanización sigue adelante y no es problema de quienes ostentan las varitas mágicas que aquí abajo los perros se estén poniendo cada vez más furiosos: ¡que se maten entre ellos por los restos!
La solución es más fácil y está más cerca de lo que creíamos. No está en grandes quimeras y en astronómicos rescates, está en nosotros mismos: en lo cotidiano, en lo cercano, en lo básico. Suena hasta retorcido recurrir a informes y especulaciones sobre el éxito de un proyecto turístico. Es humillante mendigar y suplicar al capital que por favor se quede un rato más tomando el sol en la piel de toro mientras realiza esa descabellada vuelta al mundo. El secreto, a veces, está ahí delante.