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El Atlético de Madrid tira de garra e inteligencia para ganar con solvencia al Zenit

miércoles 18 de septiembre de 2013, 22:41h
El equipo madrileño ganó con firmeza en su regreso a la Champions League. Los pupilos de Simeone no se amilanaron por la altura de la cita y penalizaron cada error del Zenit. Los visitantes, que trataron de mantener la pelota, se vieron arrollados por la intensidad colchonera. Miranda, Arda y Leo dan los primeros tres puntos de la competición a un Atlético satisfecho por el rendimiento y confianza exhibidos.


La atmósfera genuina de la Champions League regreso al Vicente Calderón casi cuatro años después de la última ocasión en la que la grada del coliseo madrileño vio a su equipo en la competición continental más relevante de clubes. El anhelado retorno a la élite europea que este miércoles se ha escenificado en la ribera del Manzanares llega precedido del bagaje que el proyecto de Diego Pablo Simeone ha insuflado a la entidad rojiblanca. Cimentado en la competitividad que permite al vestuario colchonero mirar de tú a tú a los gigantes de este deporte, el Atlético arrancaba la defensa del hueco que ha reconquistado entre los grandes con la firme intención de no ceder ni un punto en su estreno.

La baja de Diego Costa no debía representar un problema condicionante. Así lo aseguró el “Cholo” en la previa del choque y bajo esta premisa dibujó su guión de partido: Adrián jugaría por detrás de Villa, para aprovechar la velocidad en las transiciones y los desmarques del asturiano. Gabi y Mario seguirían ejerciendo de red de seguridad, Koke distribuiría y Arda marcaría las diferencias en los últimos metros.

Pero el rival no era precisamente un sparring. El Zenit de Spalletti, el técnico que enamoró al calcio italiano con su propuesta alegre, desembarcó en Madrid para llevarse los tres puntos. En su hoja de ruta figutaba no entregar la posesión a los locales y lanzar a sus talentosos puntas –Hulk, Kerzakhov y Danny- desde la calidad de los voluntarios centrocampistas –Witsel y Zirianov-. El técnico transalpino dibujó un esquema con una pieza de la medular incrustada en la zaga, con el propósito de aclarar la posesión de balón y equilibrar los desmanes defensivos, el gran hándicap de su equipo.



Con estas expectativas enfrentadas arrancó la batalla en el césped rojiblanco. El Zenit no se arrugó en su propuesta de amasar la pelota y, de este modo, mitigó el presumible comienzo encendido y pleno de intensidad de los pupilos del “Cholo”. Sin embargo, Villa y Adrián ejecutaban con notable eficacia su rol entre líneas, dejando claro desde el primer suspiro los desajustes tácticos de la zaga rusa. Hulk abrió fuego en el minuto seis con un chut desviado que tuvo réplica instantánea colchonera por medio de un centro-chut de Koke y un remate de Arda, ambos sin consecuencias.

El Zenit trataba de sosegar el ritmo con el balón pero el efervescente centro de campo del Atlético iba ganando la batalla y relegando, de manera progresiva, el balance ruso al repliegue. La batalla por el control del ritmo del partido caída del lado visitante poco a poco, pero, en el guión de Spalletti también figuraba aguantar, madurar el choque y crecer con el paso de los minutos. El Atlético, por su parte, salió buscando ser protagonista, con la presión y transiciones habituales. Sin renunciar a llevar el peso del envite con la pelota. Pero no estaba surtiendo efecto ante la anestesia visitante.

Villa despertó a su equipo y a la grada con un disparo, desde la frontal, que atajó Lodygin en el 19. Hulk, inoperante en el juego y desconectado de la labor defensiva, encañonó fuera un lanzamiento de falta desde media distancia acto seguido. La largas posesiones horizontales del bloque de Spaletti, sin embargo, no conseguía amilanar el rigor colchonero, que seguía mordiendo las combinaciones rivales cuando éstas pasaban a su terreno de juego. Conseguían robar pocos balones en la medular, pero, fruto de uno de estos esfuerzos colectivos surgio la mejor ocasión del primer acto. Gabi recogió un rechace con garra y cedió a Villa, que entraba en el área. El delantero envió su punterazo desviado. Corría el minuto 26 y los pupilos de Simeone no mostraban fisuras en su habitual vehemencia, a pesar del inesperado arranque de partido.

Un golpeo preciso de Filipe Luis -en el 30- desde 25 metros que lamió el poste ruso confirmó el deseado punto de inflexión. La firmeza en el empeño local comenzaba a dar resultados y Arda Turán y Koke empezaban a hilvanar jugadas con el lateral brasileño como protagonista desde segunda fila.


El descanso se aproximaba con el Atlético arrinconando a un Zenit que había renunciado a la posesión de manera definitiva y buscaba transiciones de dos o tres jugadores para tomar aire. El bloque rojiblanco había levantado la línea defensiva hasta el centro del campo y no pensaba bajarla hasta el pitido del medio tiempo. Pero, antes de que el minuto 40 luciera en el electrónico, un saque de esquina botado por Koke encontró su lugar en la red rusa tras un cabezazo brillante de Miranda en el primer poste. El Atlético confirmaba el cambio de escenario con el primer gol del partido y de su trayectoria en la Copa de Europa 2013-2014.

En el último suspiro antes del parón cambiaron los papeles de la película: el Zenit asumió el control del balón, adelantó línea y el Atlético, ya por delante, se entregó al repliegue y contragolpe. En el 43, Koke rozó el segundo con un disparo desde la frontal que rozó la cruceta rusa y Miranda tuvo un nuevo gol en su cabeza en otra jugada a balón parado en un final volcánico de primer acto. Hulk puso punto y final momentáneo al espectáculo sellando su discreto rendimiento con una falta en el borde del área de Courtois estrellada en la barrera española.


Con la incógnita sobre el reparto de roles arrancó el segundo tiempo. Spalletti no tardó en mover ficha: quitó una pieza de su sistema de cinco para asegurar la salida de la pelota quitando a Luis Neto e incluyendo a Shatov para poner a Zirianov en el papel de equilibrador y encontrar electricidad entre líneas. Simeone, por el contrario, buscó contener el brío ruso con el orden que le es característico y cediendo terreno al Zenit. La escuadra visitante amagaba entonces con llegar a la meta de Courtois con centros desde la banda y verticales que no encontraban a Kerzakhov. Sin embargo, el meta belga tuvo que lucir estirada en un cabezazo certero de Hulk que encontraba la red colchonera pegada al poste. Corría el minuto 56 y no había rastro colchonero en los aledaños de Lodygin. El bloque de Simeone necesitaba estirarse.

No en vano, la reacción de Spalletti recogió su fruto en el 58. Witsel robo y sacó limpia la jugada desde su campo, Kerzakhov cedió en la transición a Hulk, que encontró el espacio que dejaba el desmarque de Shatov a la banda, y el brasileño, con precio en el mercado de 50 millones de euros, asestó un latigazo que perforó la escuadra del Atlético. Empate a uno con el Zenit mandando y el Atlético agazapado, achicando agua. La reacción colchonera no podía hacerse esperar demasiado. Witsel hizo suyo el centro del campo, Danny empezaba a hacer daño en los espacios que dejaban Gabi y Mario a su espalda y Kerzakhov estrelló su buen lanzamiento de falta en el larguero madrileño en lo que pudo ser la sentencia rusa.



Pero en el fútbol no siempre manda la razón. En la jugada siguiente, en el 63, un centro botado por Gabi que el portero despejó en modo deficiente fue cazado por Miranda. El golpeo del central rebotó de manera frenética en los zagueros visitantes y Arda, que trataba de ver la pelota, comprobó como el rechace le golpeo la pierna para significar el nuevo gol rojiblanco. Una jugada rocambolesca que, no solo rompía la preocupante inercia, sino que volvía a poner por delante a los suyos. Máxima renta con el mínimo esfuerzo ofensivo. Las lagunas de concentración volvían a limitar el rendimiento del equipo dirigido por Spalletti.

Tres minutos después, un cabezazo de Koke tras saque de esquina de Turán rozó el larguero. El escenario volvía a cambiar, aunque el Zenit quería volver a dominar la pelota, el ritmo y las ocasiones del choque. Villa marró una ocasión muy clara al rematar fuera, sin oposición, un centro de Koke en el 71. Los pupilos de Simeone sacaban jugo a su planteamiento preferido y rozaban la sentencia en cada llegada. La retaguardia rusa -portero incluido- mostraban una progresión negativa a medida que avanzaban los minutos. El técnico italiano movía ficha para tratar de aprovechar el cansancio local y hacer sangre en la frenética contra de Arshavin. Ziyrianov dejó su lugar en un movimiento muy ofensivo. Witsel debía ahora ejercer de lanzador y cierre único.

Las ocasiones seguían llegado del lado local, volcado al ataque. Koke rozó el poste ruso en un remate potente desde el pico del área cuando llegaba el último cuatro de hora de partido y Simeone ahondó en la apuesta. Adrián, más voluntarioso que preciso, dejó su lugar a Leo Baptistao, para afrontar con mayor potencia los espacios que el equipo rival dejaría, presumiblemente, a la espalda de la defensa.
Y el Calderón dio buena fe de la validez de la apuesta del Cholo. La frescura de Leo provocó que el brasileño cazara un balón en el pico del área rival, desbordara por pura potencia aprovechando la indecisión compartida de Smolnikov y Lombaerts y la colocara ajustada al segundo palo, consiguiendo el tercer gol rojiblanco y la sentencia del debut en Champions del Atlético. Tres a uno en el minuto 80. Tan solo una debacle quitaría los tres puntos del botín colchonero.

El epílogo del partido estuvo protagonizado por la tímida reacción rusa, que apenas inquietó la meta de Courtois, y el carrusel de cambios. Raúl García encontró su sitio en el encuentro en lugar de Turán, el “Cebolla” Rodríguez entró por Koke y Hulk -con más sombras que luces- dejó su sitio a Bystrov-. El Atlético de Madrid ganó de manera convincente en su debut gracias a la apuesta que le ha devuelto a la élite: intensidad, seriedad y rigor. Tres puntos de oro en el regreso colchonero a la Champions League. Simeone vaticinó en la previa que “ninguna música nos va a despistar”, y así fue. Victoria continental bajo el libreto del “Cholo”.
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