Crónica económica
Se esfuma el apoyo a la integración económica europea
jueves 19 de septiembre de 2013, 08:10h
Se ha presentado en Madrid la edición de 2013 del informe Transatlantic Trends, que ya recogimos en estas crónicas el año pasado. Está elaborado a partir de un estudio de opinión pública en los Estados Unidos, la Unión Europea y Turquía, ese país asiático con un pedazo del continente y que espera algún día formar parte y no formar parte de la Unión Europea. En el informe ha participado la Fundación BBVA, junto con otras instituciones de diversos países.
Sus conclusiones son relevantes. Europeos y estadounidenses creen que es positivo el papel que juegan las dos potencias en el mundo, y los dos consideran negativo el papel de China y de Rusia. En este sentido, la opinión pública española comienza a mostrarse más alejada de los Estados Unidos que el resto de los europeos.
Los españoles también tendemos a compartir un pensamiento que en otras latitudes (y longitudes) se llamaría bolivariano. Es cierto que la pregunta a la que nos vamos a referir está mal diseñada. Plantea dos opciones: 1) La mayoría de los beneficios del sistema van a unos pocos, y 2) El sistema funciona de manera justa para todos. ¿Qué sistema funciona de manera justa para todos? Pero sólo le opone la opción uno, cuando otra respuesta posible, y por cierto más real, de que el sistema produce beneficios y pérdidas, pero que globalmente beneficia a más ciudadanos de los que perjudica. En cualquier caso, y pese al erróneo diseño de la encuesta, España está entre los líderes de los que piensan que el sistema trabaja sólo para beneficio de unos pocos: lo piensa el 91 por ciento. Ven al sistema económico como una creación hecha por y para ricos, y se ven a sí mismos como personas explotadas.
Tercera pincelada: “Españoles, polacos y franceses son quienes menos aprueban la gestión económica de sus respectivos gobiernos: 18, 23 y 23 por ciento, respectivamente”. En España se identifica la política del gobierno con la austeridad y los recortes. Los españoles no le ven ventaja alguna a esa política, y eso que la situación de nuestra economía no es tan dolorosa como la portuguesa o, líbrenos Dios, de la griega. Y que de algún modo, la situación comienza a mejorar.
Vamos ahora a otro capítulo del informe. Recoge las respuestas a la pregunta: “Respecto del grado en que la crisis económica actual le ha afectado personalmente a usted o a su familia, ¿diría usted que su situación financiero se ha visto…? Y los que responden “muy o bastante afectada” se mantienen estables en los Estados Unidos, excepto con un pico en 2011, mientras que en la UE ese porcentaje sube diez puntos entre 2009 (55 puntos) y 2013 (2013). Ahora bien, mientras que en Alemania ese porcentaje cae 12 puntos (de 56 a 44 en estos años), en Francia sube 23 (de 42 a 65), en Portugal 43 (de 47 a 90), y en España 18 (de 64 a 82).
Esas dos vetas del informe son vistas como consecuencia la una de la otra en negocios.com. Dice Fernando Díaz Villanueva: “En España pintan bastos. Nuestro país, que transita ya por el quinto año de depresión económica, no sólo desconfía ya abiertamente de las instituciones europeas y el euro, sino que se ha convertido en el país más antiamericano y estatalista del continente. No es casual que los españoles se encuentren entre los que más padecen en sus propias carnes la crisis. El 82 por ciento declara sentirse personalmente afectados por la crisis económica frente al 29 por ciento de los suecos, el 44 por ciento de los alemanes o el 69 de los británicos”.
Pero de todo lo recogido en el informe, quizás lo más relevante es el siguiente cambio de opinión: “Muy pocos ciudadanos son partidarios de que la Unión Europea tenga más autoridad sobre la política presupuestaria y económica de los estados miembros: sólo el 26 por ciento en el promedio europeo (porcentaje que disminuye respecto al 37 por ciento de 2012 y al 40 por ciento de 2011) cree que la UE debería ejercer un mayor control de la política económica nacional, frente al 68 por ciento (se incrementa respecto al 57 por ciento del año pasado y al 55 por ciento de 2011) que opina lo contrario”. El apoyo a la integración económica europea se ha esfumado.
Por otro lado, la mayoría de los europeos piensa que hay que reducir el gasto. Pero cuando se va a los detalles, capítulo por capítulo (defensa, ciencia y tecnología, transporte e infraestructuras, Estado de Bienestar…), entonces su opinión es contraria al recorte del gasto.