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logroño

Morante y Perera salen a hombros tras inventarse dos grandes faenas

sábado 21 de septiembre de 2013, 00:08h
Los diestros "Morante de la Puebla" y Miguel Ángel Perera se inventaron dos grandes faenas al quinto y sexto toro, respectivamente, de la corrida con la que se inauguró este viernes la Feria de San Mateo de Logroño, que les valieron cortar dos orejas cada uno y salir a hombros del coso de la Ribera.
Ponce sorteó en primer lugar un toro muy protestado de salida por su escasa apariencia. Nunca debió salir a la plaza de Logroño un toro así. Pero, por si fuera poco, a la falta de presencia se sumó la falta también de esencia en su comportamiento, muy flojo, sin ánimo de embestir y rajándose además a las primeras de cambio.

Todo lo que hizo el valenciano fue a base de muletazos sueltos a media altura y sin apreturas, en una labor en la que el animal fue por un sitio y el hombre por otro. En la suerte suprema anduvo muy desconocido el torero, desconfiado y desdibujado sobre todo con el descabello, por lo que, al final, fue pitado.

El cuarto fue un toro brusco y sin entrega con el que Ponce anduvo más centrado, pero, igualmente, despegado y ejecutando un toreo a media altura. Faena, por tanto, tibia y ayuna de emoción.

El primero de Morante también recibió algunos pitos nada más hacerse presente en el ruedo. Pero las cañas se tornaron en lanzas cuando el de la Puebla del Río se estiró de capote. Preciosas verónicas en el recibo, saliéndose a los medios con mucho temple y jugando exquisitamente los brazos.

Excepcional también una puesta en el peto por chicuelinas al paso; pero en un proyecto de tercer quite el toro ya "cantó la gallina", evidenciando pocas fuerzas y amagando también por rehuir la pelea.

Y así fue. No aportó nada el astado en el último tercio, sin celo alguno, por lo que la faena de Morante fue un continuo quiero y no puedo.

Pero el entusiasmo total llegó en el quinto frente a un toro que al principio no parecía gran cosa pero que en las probaturas con la muleta ya se vio que podía servir si el torero le tocaba las teclas oportunas.

Y vaya si las supo tocar "Morante de la Puebla", que fue haciendo poco a poco al toro en una faena de menos a más, a mucho más, con fragmentos de toreo despacioso, relajado y de mucho gusto, de suma torería. Labor, además, en la que se vio a un torero disfrutando en la cara del toro, tanto que llegó a sonar un aviso antes de montar la espada, que entró a la primera y tuvo un efecto fulminante.

La plaza, blanca de pañuelos, pidió las dos orejas que, finalmente, paseó.

Al primero de Perera ya le costaba desplazarse en el capote, siempre con un trote cochinero y la cara muy suelta, y perdiendo además las manos en la muleta. Perera acertó a sujetarle en los primeros compases a base de mucho temple y llevarle siempre muy "tapado".

Pero aquello no fue más que un espejismo, pues muy pronto el animal se desentendió, buscando insistentemente las tablas ante la desesperación de Perera, al cual no le quedó otra que tirar la toalla.

Espoleado por el "lío" de Morante en el toro anterior, salió Perera frente al sexto, el mejor toro del envío por nobleza y duración, con el que el extremeño estuvo rotundo y compacto de principio a fin.

Dos pendulazos sin enmendarse y un cambio de mano por delante fueron la tarjeta de presentación de una faena de muleta poderosa y mandona de Perera, que anduvo muy preciso y exacto en todo momento, toreando con temple y mucha largura. Parón final de mucha emotividad y estoconazo hasta la bola. Dos orejas sin discusión.
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