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Más (con acento) sobre el independentismo

Santiago López Castillo
sábado 21 de septiembre de 2013, 16:08h
La inmediata era no escribir una línea más (adverbio) sobre el independentismo. Cargante. Sofocante. Coñazo. Los nacionalistas llevan 35 años regando con gasolina la convivencia nacional -quiero decir España- y los últimos cinco años esparciéndola con pólvora del rey, un decir, hasta que pegue el pedo. Pero también es responsabilidad del comentarista sereno denunciar una ambición soberanista ilegal echándole el pulso al Estado de Derecho.

Ya lo dijo mi afectísimo Gregorio Peces-Barba, padre de la Constitución, cuando al caerse de un guindo, antes de morir, con múltiples cesiones hacia los nacionalistas, manifestó: “Nos ha engañado como a unos chinos”. Los chinos ya no nos engañan. Nos dan duros a pesetas, todo a cien. No hay día en que no suelten una parida, una bravuconada, una amenaza, un exabrupto e incluso un regüeldo. Se tiran a degüello al ministro Fernández Díaz, santo varón (lo de santo lo digo por su condición de creyente tirando un poco a meapilas), y hacen caso omiso a la quema de banderas españolas y los retratos del Rey. ¿Qué hubiera pasado si unos ciudadanos españoles quemaran la señera y no digamos la estelada? La parda. La mundial. Rajoy y sus cuates estarían ya en el tribunal de derechos humanos o inhumanos, derecho a decidir, bla, bla, bla, soc una naciò.

- Oiga, ¿y eso qué es?

Quede claro que me pasé tres cuartas partes de mi ocio veraniego en la Costa Brava, lo más bello del litoral mediterráneo, donde conocí personalmente -como se dice con redundancia- a Salvador Dalí y José Pla con boina y abotonado el cuello de la camisa. Y también pasé todos los inviernos en Baqueira/Beret, donde conocí al desde antes de ayer -es un decir- a mi amigo Manolo Español, aranés hasta los tuétanos y madridista hasta los esos por no decir la palabra que mejor rima. Es más, coopero con una ONG catalana que lleva mi amigo y senador de CiU Josep Maldonado en ayuda a los niños africanos pero al que recrimino por siempre llevar a las criaturitas la camiseta del Barça y nos las del Real Madrid, que todos somos hijos de Dios.

Dicho esto, y sin querer ser augur, la cosa independentista se está poniendo más (adverbio de cantidad) que fea. A la Casa Real le están apartando de instituciones regionales, conmemoraciones e inauguraciones diversas. Y en mucho tienen que ver los separatistas catalanes, no Cataluña entera. Más que diálogo, matraca secesionista, aplíquese la Ley con todos sus números y letras: Arts. 155, 149, referéndum, y, especialmente, el art. 8 referido al papel de las Fuerzas Armadas para garantizar la unidad de España. Por recordarlo, el capitán general de Canarias fue destituido por Bono. Bueno, bonito y barato.
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