El individuo occidental parece haber dejado de asumir la responsabilidad que le toca, el estado gestado en la segunda mitad del siglo XX no se considera ya capaz de encontrar por sí mismo las riendas que permitan afrontar con éxito el problema y, en definitiva, la ausencia de civismo tiende a ubicarse de tal forma que el ciudadano se olvida con relativa facilidad de que lo es.
En este contexto, Paraguay, país entre Argentina y Brasil institucionaliza la Civilidad en conmemoración de las primeras elecciones democráticas en el Continente Americano. Tales elecciones se celebraron en Paraguay durante la plenitud del Siglo de Oro español. Juan Bautista Rivarola en
“La Ciudad de la Asunción y la Cédula Real del 12 de Septiembre de 1537: Una lucha por la libertad”, Julia Velilla Laconich en
“La ideología de la independencia en el Paraguay” y más recientemente Martín Llano en colaboración con Santiago Manchini lo confirman.
Además, Paraguay es uno de los pocos países que conserva oficial el idioma guaraní (que adquirió el lenguaje escrito gracias a los jesuitas) junto al español. Conservación que es propia de la civilidad.
Si, en la actualidad, los estados tradicionales y sus instituciones se ven con graves límites para solucionar los problemas generados tras el final de la Guerra Fría, éstos deben fortalecer e impulsar la defensa de las ideas de libertad, tradición parlamentaria y democracia desde el ejemplo de civilidad estimulado por este generoso país llamado Paraguay (generosidad reconocida actualmente por
unitedexplanations.org) y apostando seriamente, desde la civilidad, por un gran marco de convivencia y colaboración comercial entre los continentes que baña el Atlántico. En esta línea entiendo que debe ir el
Acuerdo Trasatlántico para el Comercio y las Inversiones entre Estados Unidos y la Unión Europea, donde Irlanda, Canadá, Estados Unidos, Países Bajos, Reino Unido, Dinamarca y Finlandia se encuentran también entre algunos de los países más generosos del mundo.