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por primera vez en 17 años, un congreso dividido paraliza las operaciones

El órdago republicano contra la reforma sanitaria lleva a EEUU al cierre

martes 01 de octubre de 2013, 08:58h
Este martes comienza el nuevo año fiscal y se agotan los fondos anteriores.
El órdago lanzado por el ala más combativa del partido republicano contra la reforma sanitaria del presidente Barack Obama llevó hoy al Gobierno de EEUU a tener que cerrar parcialmente por falta de presupuesto, una situación que no vivía el país desde hacía casi dos décadas.

El bloqueo legislativo en Washington es total y lo ocurrido con el presupuesto hace temer una crisis aún mayor, dentro de quince días, cuando el Tesoro alcance su techo de endeudamiento y el Gobierno tenga que volver al Congreso a pedir permiso para aumentarlo.

"Por desgracia, el Congreso no ha cumplido con su responsabilidad. No ha sido capaz de aprobar un presupuesto y como resultado, gran parte de nuestro Gobierno debe cerrar ahora hasta que el Congreso vuelva a financiarlo", dijo el presidente de EE.UU., Barack Obama, en un vídeo difundido por la Casa Blanca.

Justo antes de la medianoche, la Oficina de Presupuesto y Gestión de la Casa Blanca (OMB) instruyó a las agencias federales a "ejecutar los planes para un cierre ordenado debido a la falta de fondos".

El cierre parcial de la Administración significa que no abrirá la mayoría de las oficinas federales, centenares de miles de funcionarios tendrán que quedarse en casa, y numerosos servicios visibles, aunque no esenciales, dejarán de funcionar.

El Gobierno federal es el principal empleador de EEUU, con más de dos millones de civiles asalariados y 1,4 millones de militares en activo.

Los militares y los agentes encargados de la seguridad nacional son los únicos a quienes se les garantizará la paga, por decisión expresa de las dos cámaras del Congreso y del presidente, que al menos coinciden en que el orden público no debe peligrar por las luchas partidistas.

De los parques nacionales a la Estatua de la Libertad, por no citar más que algunas de las atracciones emblemáticas de este país, colgarán el "cerrado hasta nueva orden", por falta de fondos, si bien los carteros o los controladores aéreos o los guardias fronterizos que reprimen la inmigración ilegal seguirán en sus puestos, aunque ninguno de ellos cobrará su salario hasta que el conflicto se resuelva.

Los dos grandes partidos, el republicano y el demócrata, se echan mutuamente la culpa de una situación bochornosa que revela la peligrosa parálisis a la que ha llegado la política estadounidense.

Si bien no es nueva la coyuntura de "gobierno dividido" que vive EE. UU., en la que un partido -en estos momentos el demócrata- controla la Casa Blanca y una de las cámaras (el Senado), mientras que el otro -el republicano-, domina la otra (la Cámara de Representantes), lo que sí es nuevo es la incapacidad de ambos para superar sus diferencias.

Las últimas horas de este psicodrama presupuestario han sido un diálogo de sordos entre las dos ramas del Legislativo, que se han pasado la pelota una a otra con la intención, no de encontrar una salida, sino de hacer aparecer al otro como culpable.

En esta ocasión, sin embargo, la mayoría de los observadores coincide en señalar a los republicanos, en particular a su facción más montaraz, el Tea Party, como el desencadenante de la parálisis, al haber ligado la aprobación de un presupuesto temporal, que habría evitado el cierre, a la revocación de la reforma sanitaria de 2010, el gran logro de Obama.

Se desata así el primer cierre del Gobierno de Estados Unidos desde enero de 1996, que forzará a prescindir de unos 800.000 funcionarios y podría costar más de 1.000 millones de dólares a las arcas públicas, según estimaciones de la Casa Blanca.

"(Un cierre del Gobierno) trabará los engranajes de nuestra economía en un momento en que esos engranajes han ganado algo de tracción", advirtió Obama en una comparecencia ante la prensa la tarde del lunes.

La reforma sanitaria aprobada en 2010 por Obama fue el núcleo del desacuerdo en el Congreso, donde el ala más conservadora veía el debate como una oportunidad única de hacer descarrilar la ley antes de que entrara en vigor, hoy mismo, una parte clave de la misma, la oferta de seguros de salud para todos los estadounidenses.

Después de que el Senado rechazara el segundo intento republicano de atacar la reforma sanitaria mediante el plan presupuestario, la Cámara Baja aprobó la noche del lunes una tercera propuesta que buscaba retrasar durante un año la parte más importante de esa ley, la obligatoriedad de tener un seguro médico a partir de enero.

El Senado rechazó de inmediato esa propuesta, por 54 votos a favor y 46 en contra, y volvió a insistir en que se aprobara un plan para proveer temporalmente de fondos al Gobierno federal sin tocar la reforma sanitaria, bautizada por los demócratas como "resolución limpia".

Pero el líder republicano en la Cámara Baja, John Boehner, se negó a dar su brazo a torcer.

El presidente lo denunciaba de este otro modo: "Una facción de un partido, en una cámara del Congreso, en una rama del poder, no puede cerrar el Gobierno entero sólo para reabrir el resultado de una elección".

Obama había advertido de que no negociaría bajo el chantaje de esa minoría, porque "uno no obtiene un rescate por hacer lo que es su obligación", esto es, en el caso del Congreso, aprobar un presupuesto.

Si los republicanos quieren reformar la ley sanitaria, una norma que fue aprobada por las dos cámaras, promulgada por el presidente y validada por el Tribunal Supremo, que lo hagan siguiendo el procedimiento legislativo normal, ha añadido Obama, o sea, pasando antes por las urnas para reunir los votos suficientes.

La rotunda negativa de Obama a negociar bajo "extorsión" se funda además en el hecho de que su rival republicano en las últimas elecciones presidenciales, Mitt Romney, ya hizo de la revocación de la ley sanitaria una de sus banderas y no recibió el respaldo de la mayoría de los estadounidenses.

Toda la maniobra republicana sería, además, inútil, porque una parte muy importante de la Affordable Care Act (la ley de Cuidado de Salud a Bajo Precio, u "Obamacare", como la ha bautizado la oposición) entra hoy en vigor, haga lo que haga el Congreso en relación con el presupuesto.

"Su financiación ya está en marcha, eso no lo pueden cerrar", ha dejado claro el presidente.
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