La revolución del Papa Francisco (II)
viernes 04 de octubre de 2013, 21:04h
El Papa Francisco ha declarado Alfredo Scalfari, el fundador del diario “La Republica”, que “la Curia tiene un defecto. Se ocupa de los intereses del Vaticano que son todavía en gran parte intereses temporales”.
“Esta visión vaticanocéntrica se olvida del mundo que la rodea. No comparto esta visión y haré lo posible para cambiarla - continúa el Papa -”.
Scalfari no ha perdido tiempo en publicar estas declaraciones a tres páginas en su diario. Se da la circunstancia que lo ha hecho el mismo día que arrancaba la reunión del ya llamado “G-8 Vaticano”, o sea la reunión de ocho cardenales venidos de todo el mundo para reformar la Curia. Francisco volvió a sorprender con sus críticas al Gobierno Central de la Iglesia y a sus responsables.
Dice: “Los jefes de la Iglesia han sido con frecuencia narcisistas, adulados y malamente excitados por sus cortesanos”. “La Corte es la lepra del Papado”.
El Papa envió una extensa carta a Scalfari el 11 de septiembre. Unos días después la secretaria del periodista le anunciaba con voz agitada que tenía al Papa al teléfono. Ambos se citaron para el martes de la semana pasada. En el diálogo mantenido el Papa dejó muy claro que la Iglesia tiene que volver a ser una comunidad del pueblo de Dios. Además condenó duramente el clericalismo, y añadió -, “el clericalismo no debería de tener nada que ver con el cristianismo. Nuestro objetivo – dijo - no es el proselitismo, sino escuchar las necesidades, los deseos, las desilusiones, la desesperación, las esperanzas. Hay que mirar al futuro con espíritu moderno y abrirse a la cultura moderna”.
El Pontífice también declara abiertamente que cuando obtuvo los suficientes votos en el cónclave y antes de aceptar le embargaron las dudas. Por eso me retiré unos minutos, mi cabeza estaba vacía y me invadió una enorme ansiedad. Para hacerla pasar y relajarme cerré los ojos y desapareció cualquier pensamiento, también el de rechazar o aceptar el cargo.
En un momento – relata – me invadió una gran luz, duró un instante pero a mí me pareció larguísimo. Después la luz se disipó, me levanté de golpe y fui a la habitación donde estaban los cardenales y sobre la mesa estaba el acta de aceptación. La firmé”.
Me recuerda en algo a Teilhard de Chardín, pero sería un mal autor y un mal escritor, lectores, si sacara unas consecuencias a estas declaraciones tan precisas y concretas, por eso les dejo a ustedes el silencio para que cada uno saque su propio juicio y sus propias consecuencias.