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TEMBLADERA SINDICAL

sábado 19 de octubre de 2013, 17:59h
Reproducimos a continuación un artículo publicado por Luis María Anson en el diario El Mundo:

“La trampa de los liberados o el abuso de los eres son calderilla menor al lado del gran negocio de los cursos de formación”, me decía un exdirigente sindical, avergonzado por la voracidad de UGT y CCOO para trincar dinero público. Los liberados forman parte de la camelancia de las centrales, que disponen, gracias a ellos, de gentes que nutren sus manifestaciones a las que los trabajadores cada vez acuden menos. El bocadillo, la dieta y el autobús gratis de Solís Ruiz han sido sustituidos por la trapisondería de que la empresa pague a los caraduras para que no den un palo al agua y, a cambio, acudan a las concentraciones sindicales. Esperanza Aguirre denunció con dos tacones la sinvergonzonería y en algunas Comunidades se ha empezado a restringir el número incontable de los liberados.

Los eres sangran en la conciencia de las centrales. A costa del dinero público destinado a aliviar la situación de los parados, algunos sindicalistas se han forrado los bolsillos y los sindicatos han pagado facturas de actividades tan ejemplares como viajes gratis total, banquetes suculentos o mariscadas en que no falte de nada.

Pero el dinero de verdad no está ahí. El dinero incesante fluye de los cursos de formación que en gran parte se han convertido en una desmesurada camelancia para colmar los bolsillos sindicales del dinero que procede de unos contribuyentes sangrados hasta la hemorragia por los dirigentes políticos. Difícil contabilizar los miles de millones -¡miles de millones!- que en los últimos años se han derrochado en los llamados cursos de formación destinados en teoría a preparar a los desempleados para futuros trabajos. Sin negar que se han organizado cursos serios, los sindicatos se han mofado de la opinión pública, para justificar el dinero embolsado con otros cursos no tan serios como risoterapia, gimnasia mental, acoso moral, asilo presencial, globalización…

Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo saben ya que, desde diversas instancias, se han puesto en marcha equipos de investigación para denunciar los abusos cometidos y denunciar ante la opinión pública y ante los jueces el destino de una parte de la colosal cantidad de dinero derramado sobre las centrales sindicales. Cándido e Ignacio han puesto sus barbas a remojar. No les llega la chupa al cuerpo. Si alguien tira de verdad de la manta de los cursos de formación, el escándalo puede fragilizar definitivamente la imagen de los sindicatos.

En la Comunidad de Madrid se manejan datos demoledores. Por lo pronto, Ignacio González ha dejado en 4 los 71 cursos de formación que los sindicatos impartían y ha reducido en un 90% el dinero público del que Méndez y Toxo se beneficiaban: de 2.600.000 euros se ha pasado a 196.000. Valencia ha emprendido el mismo camino. Otras Comunidades estudian la situación. Y también numerosos municipios, aparte la Administración central. Las denuncias de abusos han alcanzado tal volumen que en cualquier momento un juez, o una juez con los tacones tan bien puestos como Alaya, puede iniciar la investigación judicial, lo que convertiría al magistrado o magistrada en estrella rutilante de la judicatura. Me consta, por otra parte, que algunas investigaciones periodísticas están muy avanzadas.

Los sindicatos son piezas esenciales en una democracia pluralista. Por eso hay que andar con mucho cuidado con las denuncias. No se trata de destruir a los sindicatos. Se trata de regenerarlos y democratizarlos. Se han convertido en un suculento negocio y en agencias de colocación. Una lástima. Desempeñaron un papel esencial en la Transición. Y tanto Nicolás Redondo, el grande, como el inolvidado Marcelino Camacho, un hombre honrado, constructivo e inteligente, contribuyeron de forma decisiva al trasvase sin violencia de una dictadura atroz de 40 años a una democracia plena.

La tembladera sindical ante la investigación sobre los cursos de formación ha dejado sin aliento a Méndez y a Toxo. El incesante maná del gran negocio puede cesar de raíz. La espada de Damocles se balanceará sobre las cabezas de los sindicatos si se pone en marcha la maquinaria de la justicia. Los gansos sagrados del Capitolio sindical graznan ya sin cesar, advirtiendo a Toxo y a Méndez del asalto de jueces y periodistas”.
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