RESEÑA
Timur Vermes: Ha vuelto
domingo 20 de octubre de 2013, 12:26h
Timur Vermes: Ha vuelto. Traducción de Carmen Gauger. Seix Barral. Barcelona, 2013. 383 páginas. 384 €. 19,33 €. Libro electrónico: 9,99 €
El libro de Timur Vermes -hijo de madre alemana y padre de origen húngaro- representa una doble ficción. Primero, por ser una obra literaria, una novela que se basa en sucesos históricos y de actualidad. Pero también lo es porque, en pleno 2011, tiene a Adolf Hitler como hombre vivo y figura principal de la obra.
El personaje reaparece a través de un hombre “igual a Hitler” (¿o es él mismo?), quien además dice llamarse Adolf Hitler (y carece de residencia y de cualquier otra identidad), que aparece un día cualquiera en un parque de Berlín y descubre que Alemania está cambiada, que no hay destrucción, que los rusos brillan por su ausencia, cuando antes acechaban el búnker de la Cancillería del Reich en los días finales de la Segunda Guerra Mundial. También ha cambiado la gente, hay muchos turcos, los jóvenes (a quienes llama “hitlerianos”) no lo reconocen ni lo saludan como corresponde, con el brazo en alto.
Así se produce el encuentro con el dueño de un quiosco, que le ofrece vivir ahí mismo literalmente, lo “descubre” en su potencial artístico y lo presenta a las autoridades de Flashlight, una productora que provee a las grandes cadenas de TV, una de las cuales pronto lo tendrá como figura “cómica” principal, en el programa de los viernes conducido por Alí Wizgür. Hitler acepta participar, no como un actor que hace las veces de Hitler, sino como el propio Führer que es, o dice ser. Hitler redivivo, en un contexto diferente, pero que conserva los ideales que abrigó en su vida pública entre 1920 y 1945, y que llevaron a uno de los momentos más desastrosos en la historia de la humanidad.
De esta manera, el personaje va desarrollando ideas como la unidad y superioridad racial de Alemania; el odio visceral contra los judíos y su manida monserga antisemita, tema omnipresente; su idea de Estado y de la jerarquía; la valoración de la juventud, único grupo no contaminado; el espacio vital necesario para el desarrollo de los alemanes; el desprecio a la democracia y al comunismo, entre otros. Paralelamente va conociendo el desarrollado mundo del siglo XXI, con ordenadores y no máquinas de escribir, con internet y sus inmensas posibilidades para conocer la historia, con Youtube y tantos otros adelantos que el Führer no conocía cuando perdió la guerra y se suicidó décadas atrás.
Todo ello va apareciendo de manera satírica, como si fuera repetida por un actor de televisión -así lo suponen todos- que “se cree Hitler” y actúa como tal, pero que Timur Vermes presenta con una ambigüedad tal que podría ser el mismísimo Führer del Tercer Reich. Por lo mismo, lo hilarante, lo sarcástico, coexiste con los recuerdos históricos del hombre que gobernó Alemania y quiso hacerse con Europa entre 1933 y 1945. De esta manera, el Hitler del 2011 recuerda emocionado a algunos de sus colaboradores principales, como Bormann, Goebbels y Speer; valora su etapa oscura y solitaria de la década de 1920; su paso por la cárcel, que le permitió escribir Mi lucha, la verdadera Biblia del nazismo; así como se jacta de su triunfo democrático en 1933. Todo eso se vuelve humor negro, nada divertido como le dicen antes de que entre al programa de televisión, cuando vuelve al tema de los judíos.
Esto se nota especialmente cuando, en pleno 2011, Hitler se reconoce como nazi en las entrevistas que le hacen y reivindica el asesinato de los seis millones de judíos (incluso valora su eliminación como factor de prosperidad en la posguerra). Se le presenta un pequeño problema cuando su secretaria, la señorita Krömeier, a quien quiere y valora, resultaba ser descendiente de una familia gaseada en los campos de exterminio nazi. Quizá eso, y un conocimiento histórico acabado, nos llevan a la realidad (del régimen nacionalsocialista tal como fue) y nos sacan por momentos de la ficción literaria.
Este regreso a la realidad se hace quizá necesario, dada la circunstancia de que el personaje del libro se hace curiosamente atractivo, es verdad que como actor genial e insuperable, pero que transmite al propio Adolf Hitler que es, o se supone que es. Quizá por eso sus programas de televisión causen polémica en el transcurso del libro, de la que se hacen eco los medios de comunicación, porque se está resucitando al demonio que se creía cosa del pasado. Y quizá por eso, según sabemos, el libro haya generado más de alguna polémica en Alemania y en la Europa actual (en un momento de resurgimiento del racismo), porque, a pesar de tratarse de una doble ficción y de ser un éxito literario y editorial, trata de un personaje y de hechos históricos lamentables y difíciles de sustraer de su faceta exclusivamente literaria.
Por Alejandro San Francisco