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Obama gana tiempo (mientras otros lo pierden)

lunes 21 de octubre de 2013, 19:57h
Aunque a última hora, Obama y sus demócratas, con el apoyo de los republicanos moderados, lograron imponer una solución temporal y de compromiso que ha permitido la vuelta a la normalidad de las dependencias federales cerradas durante tres semanas (el shutdown) y el incremento de la capacidad de endeudarse, lo que ha evitado que el Gobierno federal entrase en suspensión de pagos. Pero el daño ya está hecho y no va a ser fácil que los Estados Unidos recuperen en plazo breve la pérdida de confianza y de prestigio que esta increíble crisis política y financiera ha originado. Obama tuvo que suspender su anunciado viaje a la reunión de las potencias del Asia-Pacífico, dejándole a China –su principal acreedor- todo el protagonismo. Algunos han llegado a preguntarse por el futuro del dólar, principal divisa de reserva del mundo.

También se suspendieron las negociaciones para el ambicioso acuerdo comercial con la Unión Europea porque, como declaró el representante comercial americano, Michael Froman, no había dinero para pagar el viaje de los negociadores americanos que debían trasladarse a Bruselas. Por las mismas razones, se suspendió el entrenamiento de los agentes de seguridad destinados en las embajadas americanas, así como la posibilidad de hacer efectivas las sanciones contra Irán, esenciales como instrumento de negociación, cuando iba a comenzar una ronda de conversaciones con este país sobre su programa nuclear. En la reciente sesión plenaria de la Asamblea Parlamentaria de la OTAN, que se ha celebrado en Dubrovnik, no pudo asistir ningún congresista americano, retenidos como estaban en Washington, donde cada voto era indispensable en esa complicada coyuntura.

Hay una práctica unanimidad en asignar al sector radical del Partido Republicano la responsabilidad por esta crisis que ha llevado al país al borde del abismo, aunque no faltan quienes estiman que Obama debería haber hecho uso de unos insuficientemente definidos poderes de emergencia que, según ellos, la Constitución le atribuye para circunstancias excepcionales. Algo que no está demasiado claro, ni en el texto ni en la jurisprudencia constitucionales. Lo que sí está muy claro es que quienes han llevado a los Estados Unidos a esta comprometida situación han sido los componentes de ese sector más radical y extremista del Partido Republicano, “colonizado” por el Tea Party que, gracias al peculiar y “democrático” sistema norteamericano de primarias, ha permitido que accedan a puestos en el Congreso personas con perfiles populistas, con objetivos electorales a corto plazo y carentes de una visión clara de dónde radican los intereses generales del país, a los que acaban de asestar un rudo golpe.

Obama ha salido como ha podido de este inaceptable chantaje y algún autor ha recordado la similitud de esta situación con la que tuvo que padecer Abraham Lincoln, precisamente el primer Presidente republicano, cuando los sureños le sometieron a un chantaje aún más inaceptable –“o consientes en la extensión de la esclavitud o nos separamos”- y que el propio Lincoln comentó así: “Un salteador de caminos me pone la pistola en la sien y musita entre dientes, ‘¡la bolsa o la vida y te mataré; pero tú serás el asesino!”. Un prestigioso columnista de The New York Times, Thomas Friedman, afirma que el Partido Republicano –abducido por el Tea Party- ha adoptado la táctica de Hezbolá, el radical partido chiíta de Líbano que sintetiza así: “Si nosotros ganamos, nosotros gobernamos, pero si ganáis vosotros, pensaréis que vais a gobernar, pero nosotros haremos todo lo posible, todo lo que esté en nuestra mano, para impedir que lo hagáis y, en consecuencia, gobernaremos nosotros”.

Los Estados Unidos forjaron el primer sistema democrático del mundo y a pesar de la profunda crisis que supuso la cuestión de la esclavitud sureña y la consiguiente Guerra de Secesión, ha funcionado perfectamente durante más dos siglos con la misma Constitución, enmendada sólo en 16 ocasiones (las diez primeras enmiendas son, en realidad, una declaración de derechos añadida) y enriquecida con una oportuna jurisprudencia constitucional. Una de las claves del sistema ha sido un bipartidismo equilibrado que ahora está en peligro pues muchos analistas estiman que si los moderados del Partido Republicano no logran sanearlo prescindiendo de los radicalismos populistas del Tea Party, el futuro del partido puede estar en entredicho. Unos distritos diseñados en su provecho y lubricados con el dinero del petróleo, más unas primarias abiertas, que permiten a elementos poco fiables hacerse con las nominaciones de los cargos más importantes han sido las claves de ese grupo que, en contra de su engañosa fachada, tiene mucho de antisistema. El obstruccionismo como táctica puede producir como resultado la deslegitimación de todo el aparato institucional, del sistema democrático en su conjunto.
Al reflexionar sobre esta crisis norteamericana, es imposible no encontrar algunas similitudes con la presente situación española. A nadie se le escapa que la tesis hezboliana-teapartidista de “si ganamos nosotros, gobernamos; pero si ganáis vosotros haremos lo posible para que no podáis gobernar”, es exactamente la que aquí viene poniendo en práctica el PSOE. Sus raíces están en el Pacto del Tinell y el cordón sanitario anti-PP, pero su más cumplida ilustración es la patética estrategia obstruccionista de Rubalcaba “líder” (?) de la oposición que no tiene más lema que “a ver que dice el Gobierno, que me opongo”. Es penoso y triste comprobar cómo son incapaces de reconocer que la situación general de la economía española –que es la de todos, incluidos ellos, y que nadie niega que sigue sin ser todavía la deseable- está mejor que hace un año. Hasta tienen el tupé de ir por el extranjero criticando la situación española, sin reconocer el menor mérito a la política de saneamiento del Gobierno.

Los socialdemócratas alemanes, haciendo sin duda “de tripas corazón”, se avienen a conformar con la canciller Merkel una nueva “gran coalición”, incluso aunque reconocen que puede ser dañosa para su partido, pues no es cómodo ser el socio menor de una coalición. Una actitud que honra a los socialdemócratas germanos. Eso se llama patriotismo o sentido del interés general del país. Al parecer, los socialistas españoles están ayunos de todo eso. Lo del patriotismo parece que no va con ellos. Está pasado de moda. De lo que tampoco acaban de enterarse es que ese sistemático “nos oponemos” es a ellos a quienes más está perjudicando. Las intervenciones de Rubalcaba y de esos “cuatro jinetes del Apocalipsis” que le rodean como singular guardia pretoriana, sumidos en el catastrofismo del todo está mal, empiezan a ser la irrisión general.

Se están convirtiendo en una especie de tea party a la española, situados no a la derecha como los americanos sino a la izquierda, pero con el mismo nulo sentido de las mínimas exigencias éticas del juego democrático. Si las encuestas sirven para comprobar tendencias –para lo que no valen, desde luego, es para asignar escaños con esas muestras tan limitadas- a la vista está que el PSOE sigue en caída libre, mientras todos los demás mejoran posiciones. Es el resultado de una obstruccionista política de oposición que, al mismo tiempo, es una escandalosa pérdida de tiempo, para ellos y para España, cuyos intereses generales, a ellos parece que no les interesan. Una vez más, se les puede aplicar la conocida maldición mitológica: Los dioses ciegan a los que quieren perder.
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