Seudo Autenticidad
Fernando González y Galán
martes 22 de octubre de 2013, 20:16h
El pasado diecisiete de octubre de 2013 se celebraba en la Universidad Iberoamericana de Asunción (Paraguay) el nombramiento como Prof. Dr. Honoris Causa a Mario Bunge. Diez años antes la Universidad de Salamanca también lo nombró Dr. Honoris Causa. Mario Bunge, realizó una exposición hablando de la seudo ciencia en la antropología, la sociología, la física y la economía. Calificó a Stephen Hawking de macano. Y descalificó la concesión del premio Nóbel a varios economistas. Afirmó que las matemáticas y la química eran las únicas ciencias que se habían mantenido puras. Pero cuando llegó a la historia, la filosofía y el psicoanálisis su exposición abandonó completamente el suelo de la argumentación para abundar en el terreno del capricho.
En relación a la historia afirmó que sobraban los mentirosos. Cuando tocó algunos ejemplos, perdió de vista la teoría de los géneros literarios tan necesaria para interpretar atinadamente los textos antiguos e incluso las sagradas escrituras de la Biblia: En consecuencia, para Bunge, Herodoto fue un farsante porque atribuyó mil caballos al ejército Persa los cuales, según él, no cabían en Ática. El premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades de 1982 por unanimidad, afirmó que los españoles llegaron a América ¡exclusivamente para saquearla! Según él, en el siglo XVI español había vascos, catalanes y extremeños. Los extremeños, según Bunge, fueron los que llegaron a América y eran brutos, malas personas y sin letras; los catalanes en cambio, eran las buenas personas pero desgraciadamente se quedaron en España. Por lo visto, el Siglo de Oro español no era el resultado de la unión de Castilla y Aragón. Es decir, no había ni castellanos, ni aragoneses. Más tarde ante una crítica que le planteé, matizó su afirmación: ni leyenda negra, ni leyenda blanca.
En relación a la filosofía, tras diversas expresiones muy vulgares contra él, afirmó que Martin Heidegger era un seudo filósofo. Preguntarse por la angustia ante la muerte no era una cuestión seria, sí la biología evolucionista en relación con la biología individual.
En relación con el psicoanálisis, atribuyó a Sigmund Freud afirmaciones que jamás escribió. Obvio las aportaciones posteriores de Sandor Ferenczi, Melanie Klein, Wilfred Bion, Donald Winnicott, Pierre Marty en psicosomática o André Green entre muchos otros. Llegando a afirmar que los psicoanalistas hacen dogma exclusivo de Sigmund Freud. Descontextualizó completamente el Complejo de Edipo por imbecilidad y extirpó la capital importancia del cuerpo, en tanto que soma, para la teoría psicoanalítica; restando incluso la delicada y cuidada consideración que todo tratamiento psicoanalítico serio tiene para el cuerpo o soma y su relación con la psique y con la mente.
Enmarañó la ciencia con el método, confundió ciencia con filosofía y despreció al psicoanalista tildándolo de simple consejero, sacerdote o cualquiera. Atacó al pensamiento. En suma, sin elegancia, etimológicamente entendida, evidenció un profundo y lamentable desconocimiento de historia, filosofía y psicoanálisis; yo diría que, aunque no lo mencionó, incluso de José Ortega y Gasset. Si la autenticidad es un valor en la moral orteguiana quizá habría que introducir una expresión más apropiada para la moral que profesa Mario Bunge: Seudo autenticidad.
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Profesor en la Universidad Comunera
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