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¿Nos espía Estados Unidos?

sábado 26 de octubre de 2013, 16:43h
No hay nada nuevo en la vulnerabilidad de las redes sociales de Internet, de los móviles. El espionaje es una herramienta habitual entre los depredadores. Desde los particulares que acceden sin problemas a esa redes sociales como Facebook y a los móviles y que se enteran de lo que dicen sus contactos y sus supuestos amigos. Lo que es cosa de niños. Hasta el espionaje a gran escala de los países.

Estados Unidos está en el ojo del huracán. Medio mundo ha sido espiado, 35 líderes de todos los países, desde las agencias de inteligencia americanas. Pero resulta que han sido pillados. Por ingenuos o prepotentes. Y por Snowden que se ha llevado hasta los sacapuntas y al que Putin exprime como un limón. Y, por lo que parece, todavía queda mucho zumo.

La nación que dice defender las libertades y la democracia ha utilizado a los expertos del Pentágono para colarse como una sanguijuela en las redes sociales de todo el mundo, incluso, por lo que ha trascendido, han espiado y escuchado las conversaciones telefónicas de los grandes líderes mundiales. Desde Merkel a Rajoy pasando por Hollande y todo el que se ha puesto a tiro. Incluso a los amigos de Washington. Toda una encrucijada. Una vergüenza. Una torpeza.

Se suponía que Obama era un adalid de la libertad y de la democracia y, por lo que parece, se ha convertido en el monstruo de las cavernas. El Watergate de Nixon es una broma ante el despliegue de espionaje que supuestamente ha puesto en marcha el presidente americano.

Es verdad, que EEUU no es lo que era. Los problemas de financiación con los republicanos, que han estado a punto de hundir la economía mundial, la recesión ante el empuje de China, India y hasta Rusia están dejando atrás al otrora paraíso norteamericano. El Imperio se desmorona. Y eso supone un drama para Occidente y para la democracia.

Pero la fórmula para combatir ese retroceso no es precisamente el espionaje masivo. Es verdad que Internet es un libro abierto y las conversaciones por el móvil pueden ser detectadas por el más tonto. Hace poco, se publicó un informe de los millones de espionajes particulares que se producen a costa de las redes sociales, los sms y las llamadas.

Cualquiera puede enterarse de lo que escribe o habla su amigo o su enemigo. Sólo hace falta ponerse en manos de un informático, incluso mediocre. Millones de parejas han roto por la broma de los mensajitos cariñosos. Uno se entera de todo lo que quiere. Aunque sea poco cortés.

Pero que el que todavía es el Imperio del mundo, por lo que se augura por poco tiempo, se dedique a espiar a sus aliados, a sus amigos y, por ende, a sus enemigos es una vergüenza. Obama está obligado a dar una explicación.

Los satélites no están para espiar ni para destruir. Sin ellos, el mundo colapsaría. Están para facilitar las comunicaciones, para que la información fluya, para que las industrias funcionen, para que vuelen los aviones, para que funcionen los trenes, para la electricidad que abastece el mundo… y para impedir cualquier amago de ataque nuclear o, incluso, para desviar un meteorito que impacte contra el planeta. Para todo.

Los americanos han pasado de ser los líderes del mundo a convertirse en los más torpes e ingenuos. La decadencia les acecha, quizás por esa escasa cultura frente a los clásicos de Roma, de Grecia, de Europa o la milenaria tradición de Oriente. Y, seguramente, Obama ni se ha enterado. Se cree el rey del mambo.

El hombre que ilusionó al mundo, el líder de los desamparados y de las minorías étnicas, se ha convertido en un guiñapo en manos del poder real del implacable Imperio USA. Otro Kennedy, pero más morenito. Esperemos que no acabe igual.

El mundo entero había puesto sus esperanzas en él. Y ha pasado a la Historia por su personalidad, por su simpatía y por ser el primer presidente americano de raza negra. Recemos para que no provoque con sus torpezas el final de la Historia de EEUU. Del guardián de Occidente. De la democracia. Porque los imperios que emergen, China y Rusia, aliados con los islamistas radicales, entre otros, no son de fiar. Mejor que dominen el mundo los pánfilos de los americanos que los depredadores totalitarios que asoman su hocico asesino, antidemocrático y avasallador. Pero, para ello, Obama debe dejar de hacer el ganso.
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