PSOE y PSC guardan entre sus filas militancia favorable a la ruptura, pero las cúpulas no tienen la menor intención de ponerlo siquiera sobre la mesa.
Alfredo Pérez Rubalcaba y
Pere Navarro no van a moverse un milímetro de su postura, han reconocido en varias ocasiones. Principalmente, porque en ello les va la credibilidad entre los suyos. Por ende, el cargo. Así, uno y otro mantienen un pacto tácito de no agresión -verbal, se entiende- más allá de exhibir diferencias pese a desencuentros pasados y pese a los que están por venir, sobre todo en el Parlamento.

Ferraz contempla la indisciplina de voto como mal menor que día a día dejará de ser noticia. Pérez Rubalcaba no puede permitirse una crisis con esta franquicia clave, pasando a ser el secretario general del divorcio, en la misma proporción que Navarro no puede renunciar al apoyo al referéndum dado el perfil de los dirigentes y de la militancia en este territorio. Sin embargo, parece más inamovible la postura del segundo que la del primero: el
Grupo Socialista había alcanzado un acuerdo con los diputados catalanes para abstenerse el pasado martes, pero algo -alguien, para ser más precisos- lo echó abajo.
¿Fue
Susana Díaz la causante del cambio de criterio? La andaluza fue determinante. Contrariar a la presidenta es contrariar al partido en una región que aporta 25 escaños en Madrid y sin el que es muy complicado imponerse en unas
primarias. 25 aportaba también Cataluña en el segundo mandato de
José Luis Rodríguez Zapatero; hoy, 11. Las cifras son útiles para comprender el empeño del expresidente por no enfadar a Cataluña, como se comprende ahora esta misma actitud de su sucesor con Andalucía.
Aunque sólo fuera por razones matemáticas, Pérez Rubalcaba mantiene, aunque ambigua, la única postura que equilibra los apoyos de cara a aspirar a las próximas
elecciones generales. Por fortuna para él, Navarro se agarra a la permanencia en la matriz y algunos de los mayores defensores de la escisión, como el veterano
Alfonso Guerra, acaparan atención mediática pero no gozan ya de peso en los círculos de decisión del partido. Las Juventudes Socialistas, a medio camino, no avalan el 'derecho a decidir', pero tampoco la ruptura.
Y en apenas una semana, conferencia política.
'Ganarse el futuro', la han titulado. Los días 8, 9 y 10 de noviembre, el partido se reúne en Madrid para fijar un proyecto político ni más ni menos que de cara a los próximos diez años. En 384 páginas de ponencia, ya sea por darle carácter de intrascendencia al asunto, porque realmente lo ven así o por olvido, sólo figura una vez la palabra '
PSC'. El objetivo es no convertir un acto vestido de impulso en una enorme discusión.