El catedrático de Historia del Arte publica el ensayo La invención del arte español
Francisco Calvo Serraller: "El arte cambia, pero no progresa porque no caduca"
Elena Viñas
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elenavinaselimparciales/11/5/11/23
jueves 31 de octubre de 2013, 14:59h
Actualizado el: 15 de diciembre de 2014, 18:24h
El catedrático de Historia del Arte de la Universidad Complutense Francisco Calvo Serraller ha publicado el ensayo La invención del arte español, en el que aborda cómo se ha configurado su personalidad, así como su consagración internacional gracias a la puesta en valor de El Greco, Velázquez, Goya o Picasso, cuyas contribuciones no han de entenderse como una evolución del arte, sino como deudoras de aquellos estilos que las precedieron.
Dice en su ensayo que el arte "sufre cambios, pero es dudoso que signifiquen progreso, lo que de ser así anularía el interés del arte del pasado". ¿No es correcto hablar entonces de sucesión de estilos en la Historia del Arte?
El arte cambia, pero no progresa porque no caduca. El arte no da respuestas, hace preguntas. Ese es el interés que tiene. La técnica las da, pero el arte nunca. ¿Qué es más interesante, preguntarse o responder? Yo pienso que preguntarse. El hombre es creativo cuando se hace preguntas y vulgar cuando da respuestas.
Se pregunta sobre el estilo singular de la pintura española y del diferencial artístico de lo español, pero ¿qué hay de su imagen tópica?
Nosotros siempre averiguamos quiénes somos por otros. Me refiero a nosotros de forma individual y a la sociedad española en general. En el arte, el reconocimiento ha llegado a través de otros. Nosotros hemos sabido de nuestro arte cuando lo han hecho los extranjeros. Ha sido en ese momento cuando se ha puesto en valor. El problema de España es que la maduración de su personalidad artística empezó en el siglo XVI, pero sólo cuando en el siglo XIX la gente desde fuera comenzó a hablar del arte español, se empezó a tomar conciencia de lo que teníamos. ¿Por qué ese reconocimiento tardío? Porque estábamos aislados. El problema de la decadencia española no es sólo que pasó de una potencia imperial a un país de quinto orden, sino también que durante dos siglos se encontró completamente aislada sin dar la oportunidad de que nadie se asomara para contemplar y apreciar lo que se estaba haciendo.
¿Hablamos de lo mismo cuando nos referimos a arte español, arte hecho en España y arte hecho por españoles?
Así está muy bien planteado. En realidad no hay un arte español. Hay un arte en España, cuyas características son atribuidas por otros por el hecho de ser español. ¿Y por qué las atribuyen así? Porque tenemos una serie de moldes de identificación que van desde lo más genérico a lo más específico. Toda la tradición artística occidental se desarrolló bajo un patrón unitario, el clasicismo. El arte español empezó a tomar una personalidad a contrapelo después de la Reforma y la Contrarreforma, cuando se escinde la identidad europea dentro del cristianismo en dos versiones antitéticas. De las dos, España eligió la que perdió, la contrarreformista, mientras que el resto de Europa se hizo reformista y protestante. A diferencia de ellos, que prosperaron, nosotros no lo hicimos. Sin embargo, los que evolucionaron pagaron un precio por su desarrollo, conquistas técnicas y crecimiento económico, que no fue otro que perder lo que habían sido. Es entonces cuando encontraron en España el recuerdo de lo que habían perdido.
Cuenta de Picasso que las cartelas que acompañaban a sus obras en las exposiciones en el extranjero decían de él que era pintor francés nacido en España.
Sí, eso lo he visto yo prácticamente hasta diez años después de la Transición. De Picasso, a pesar de ser el paradigma del artista moderno, se ha sabido después que era el español más arraigado de todos los artistas de la época, por eso me resultaba sorprendente aquella cartela, que también podía leerse en obras de Miró o Dalí. España, al abrirse después de 1975, logró que en el extranjero fueran reconocidas las raíces antropológicas de estos artistas. Picasso, de sus 92 años, se pasó prácticamente 72 viviendo fuera de España. Si diéramos a esa duración un valor, es lógico pensar que no era español, sin embargo que pasara la mayor parte de su vida en Francia no lo convierte en francés.
Con su muerte dice que se produce la deriva de la práctica artística, atrapada por el mercado e instituciones. ¿Por qué es una amenaza?
A mí el arte me interesa porque es un material radioactivo. Tiene tanta energía que te puede matar. Quienes son más sensibles a ese material radioactivo son las instituciones, que quieren neutralizar su peligro y aprovechar su rendimiento. Ese es el peligro que veo a la deriva institucional. ¿Por qué es un peligro que el Gran Hermano, que es el Estado, te quiera ayudar? Porque la sobreprotección no potencia las cualidades. Es estimulante el conflicto con la realidad, ya que toda creación surge ante el estímulo de una dificultad. Si se neutralizan esas dificultades, se obtiene un ser no autónomo. El mercado del arte, por su parte, sólo quiere hacer un negocio, funciona igual que el de los bonos de la Bolsa.