El derecho a decidir. Las consecuencias estratégicas del secesionismo catalán (II)
martes 05 de noviembre de 2013, 20:12h
¿Cuál sería la relación entre España y Cataluña post-secesión? ¿Serán dos Estados amigos, rivales o enemigos?
Teniendo en cuenta la polarización y hostilidad generada en el proceso, puesta ya de manifiesto actualmente por los partidarios de la secesión, cabe prever una situación similar a la de la desintegración de Yugoslavia. Relaciones tensas, violentas en las que las dos comunidades enfrentadas continúan su enemistad, alimentando percepciones negativas mutuas y estereotipos hirientes. El resultado es una situación de generación de dilema de seguridad que dominaría las relaciones entre ambas entidades. La experiencia reciente nos muestra que casi todo proceso secesionista lleva a una situación de hostilidad profunda y duradera (la guerra de secesión americana, el desgajamiento de Eritrea de Etiopia, el del Sur de Sudan del resto del país, la guerra civil en Costa de Marfil, las guerras balcánicas, etc).
Las causas objetivas de una relación hostil serían numerosas:
-el trazado de fronteras y el control de las zonas marítimas y aéreas contiguas
-la presencia en el nuevo Estado de una minoría, numerosa, hispanoparlante que sería amenazada de discriminación cultural y lingüística y que buscaría la protección de España eligiendo mantener la nacionalidad española (y europea) y su residencia en Cataluña
-la desconfianza mutua entre servicios de seguridad generaría discontinuidad geográfica e institucional en la gestión de las amenazas transfronterizas: lucha contra la droga y blanqueo, migraciones ilegales, control de fronteras
-el activismo de un nuevo poder fundado ideológicamente en una identidad excluyente que inevitablemente apoyaría las tendencias y movimientos similares en otras regiones españolas y extranjeras (catalanes franceses, país vasco español y francés, países valencianos y baleares, independentistas de todos los colores, gallegos, corsos, bretones, flamencos, padanos, etc.)
-la reacción inevitable del Estado español (o de sus servicios de seguridad e inteligencia) de apoyo abierto o encubierto a la minoría hispanoparlante empujada o justificada hacia una acción de subversión del nuevo ente estatal
¿Cuáles serían las consecuencias sobre España de la secesión?
-en el concierto de las naciones, España sufriría una pérdida considerable de peso específico y de poder relativo, diplomático, económico y militar, convirtiéndose en una potencia secundaria o terciaria no solamente internacional (pérdida más que probable de presencia en el G-20 y otros foros de concierto internacionales), sino también dentro de la UE y la OTAN.
-la oposición de España en el terreno diplomático al no reconocimiento de la soberanía del nuevo ente generaría costes político para España que acentuarían su debilidad internacional .
-esta disminución de poder relativo, diplomático, económico y militar, facilitará o potenciará agresiones, más o menos pacíficas o encubiertas, de actores externos a los intereses territoriales y estratégicos de España (Gibraltar, Ceuta y Melilla, Canarias), y mayores dificultades en la defensa de esos intereses
-pérdida de economías de escala en la generación de capacidades militares y de seguridad que empujarían al alza los costes de la defensa y la seguridad interior reduciendo las capacidades en estas materias y disminuyendo en consecuencia el poder militar del Estado
-alternativamente, el aumento en gasto militar de la nueva entidad estatal contigua al territorio nacional, puede provocar un aumento del gasto militar en una carrera armamentística en detrimento del gasto público social o puramente económico.
¿Cuáles serían las consecuencias para una Cataluña desgajada del tronco español?
-un Estado paria en el concierto de las naciones, excluido de la UE y de la OTAN, con un estatuto próximo al de Kosovo, de limitado poder diplomático, económico y militar
-un Estado débil diplomáticamente, abierto, necesariamente y para romper su aislamiento diplomático, a alianzas con actores internacionales rivales estratégicos de la UE (Rusia, China, Irán, Cuba, Brasil, Venezuela, Ecuador, Países del Medio Oriente, Serbia, Sudáfrica) -aquellos en situación similar de dilema de seguridad (Eritrea, Sudan Sur, etc)
-un Estado con una fuerte fractura interna política y social entre una mayoría bajo influencia identitaria y una minoría substancial culturalmente hispana. Fractura generadora de inestabilidad política y terreno fértil para procesos de limpieza étnica y cultural y, en sentido inverso, de subversión del nuevo Estado
-un Estado débil con capacidades limitadas para hacer frente a las amenazas y riesgos del entorno internacional (terrorismo, crimen organizado, migraciones irregulares, catástrofes naturales, proliferación de ADM, etc.)
-un Estado que buscará, con toda probabilidad, generar poder militar y de seguridad interna que alimentarán el dilema de seguridad entre ambos entes. El alto coste de estas capacidades gravará el presupuesto del nuevo Estado, agravará su situación financiera y disminuirá su capacidad de gasto social
-un Estado que buscará explotar su situación al margen del sistema regulatorio internacional para constituir santuarios financieros y económicos que atraerán capitales de origen dudoso, lo que fomentará la desconfianza internacional y el aislamiento del nuevo ente
El listado de estas causas objetivas y procesos de (in)seguridad y mecanismos de escalada en la rivalidad y enemistad con consecuencias negativas y perjuicios para ambas entidades hacen que el supuesto “derecho a decidir” promovido por el secesionismo catalán, no puede limitarse a aquellos que están a favor de la independencia sino que concierne al conjunto de ciudadanos e instituciones del Estado español.
Para concluir, aunque hay razones objetivas para rechazar la versión estrecha y reduccionista del “derecho a decidir” de los secesionistas únicamente, hay abundantes razones para revisar y reformular el diseño institucional del Estado español proponiendo a la ciudadanía y las diferentes culturas (y no naciones) que componen el Estado español un nuevo modelo. Así, el “derecho a decidir” de todos, y no de unos cuantos, tendría por objeto varias opciones de modelo de Estado: centralizado, autonómico, federal o confederal. Naturalmente, este proceso “quasi-constituyente”, en el que deben participar todas las fuerzas políticas y sociales representativas, debería acompañarse de un proceso, liderado por la sociedad civil, de reconciliación entre las diferentes culturas políticas e identitarias que componen el paisaje español. Ante el estadio del conflicto generado por la ideología secesionista concomitante con la pasividad de los partidos políticos y los intelectuales de ámbito español, la discusión política no es suficiente para reducir la polarización y la hostilidad entre ciudadanos, condiciones necesarias para la reapertura de espacio político en el que una discusión política fructífera pudiera tener lugar. Hace falta un proceso, civil y ciudadano, de pacificación entre españoles y de dialogo cultural que permita, tolere o aun promueva la superposición de identidades y culturas (catalana, española, europea) sin exclusión ni dominación de unas por otras, lo que constituye el ideal europeo.
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Especialista de Estrategia de Seguridad y desarrollo
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