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ocupará el sillón "n", vacante desde la muerte del filólogo Valentín García Yebra

La escritora y filóloga Carme Riera ingresa en la Real Academia Española con un discurso homenaje a Mallorca

jueves 07 de noviembre de 2013, 15:59h
La escritora y filóloga Carme Riera ha ingresado este jueves en la Real Academia Española con un discurso en el que ha rendido homenaje a su tierra, Mallorca, al reflexionar sobre la imagen que dieron de la isla los escritores y artistas que llegaron a ella entre 1837 y 1936.
Con un discurso de más de 200 páginas en homenaje a Mallorca, la escritora y filóloga Carme Riera ha ingresado este jueves en la Real Academia Española. Riera ocupará en la RAE el sillón "n", vacante desde la muerte del filólogo Valentín García Yebra en diciembre de 2010.

Fue un discurso interesante y ameno para el que la novelista y filóloga se ha sumergido a fondo en la literatura de viajes relacionada con Mallorca y firmada por autores y artistas como Azorín, Rubén Darío, Unamuno, Borges, Juan Cortada, Georges Sand, el archiduque Luis Salvador de Habsburgo, Josep Pla, Rusiñol y Chopin, cuyas "Cartas desde Mallorca" también se citan.



Y es que los escritores que llegaron a Mallorca a partir de 1837 (ese año comenzó a funcionar la primera línea regular de barco entre Barcelona y Palma) conocían los referentes del imaginario clásico sobre las islas y el mito de la Edad de Oro, ese que aludía a "la época en la que aún no habíamos sido expulsados del edén", un ámbito paradisíaco que se suele identificar con la isla.

Los libros y textos consultados por Riera "fueron fundamentales para la repercusión de la imagen de Mallorca en el mundo", y una de las personalidades más influyentes en este campo fue el archiduque Luis Salvador de Habsburgo, por cuyo "particular paraíso de Miramar" pasó hasta su prima Elizabeth, "la inadaptada" emperatriz de Austria.

La Sisí "del celuloide y los 'mass media'" se resistía a ir a Mallorca porque, si lo hacía, podía dejar de gustarle Corfú, "la mágica isla griega en la que se había hecho construir un palacio de mármol, cuyos jardines llegaban hasta el mar", contaba Riera.

Finalmente, Sisí fue en 1892 a Mallorca, a la finca de su primo, y volvió un año más tarde. Cuando se despidió del archiduque le dijo "algo tan exacto como románticamente desolado: 'Ha sido muy bonito, aunque muchas veces nuestros sueños son infinitamente más hermosos si no los realizamos'", citaba Riera.

Conocer la realidad de Mallorca y sus gentes fue importante para los escritores y artistas que llegaron a ella, pero también lo fue para los habitantes de la isla que "aprendieron a mirarse" en el espejo que constituían esos libros.

Y aunque Jovellanos estuvo desterrado en la isla entre 1801 y 1808, antes de la época analizada por Riera, la escritora lo cita porque en sus obras los mallorquines "descubrieron el valor de sus monumentos".

Castigar con el destierro en una isla ha sido práctica habitual a lo largo de la historia. Esa condena se la aplicaron a los senadores romanos que, "como algunos sinvergüenzas actuales, abusando de los poderes de sus cargos, hicieron de la estafa y el fraude una forma de vida", decía Carme Riera en una de las escasas alusiones a la actualidad que hubo en su discurso.

La mayoría de los que llegaban a Mallorca presuponían "un paisaje maravilloso, un clima templado", una tierra sumamente fértil y unos habitantes hospitalarios y longevos, y esa imagen es la que solían trasladar a sus escritos aunque no siempre fue así.

George Sand elogió los paisajes de Mallorca y consideraba Valldemosa uno de los lugares "más hermosos" que había visto, pero fue muy dura en sus comentarios sobre los isleños, a los que identificaba con "los monos" y los veía como avaros, ignorantes y brutos, especialmente los de las clases populares.

No era fácil llegar a Mallorca a mediados del XIX. Aquella primera línea regular tardaba dieciocho horas entre Barcelona y Palma y la mayoría de los pasajeros padecían "el mal del mar", es decir, mareos.

En el viaje de vuelta, las personas compartían espacio con cerdos mallorquines, muy apreciados en Cataluña y que, según decía Charles W. Wood, eran "grandes, gordos, gruñones, negros y horribles animales". "Gracias al cerdo he visitado Mallorca", ironizaba George Sand.

La supuesta apatía e indolencia de los mallorquines también fue reseñada por otros escritores, y algunos, como el francés Gaston Vuillier, relacionaban esa calma con el sistema alimenticio. Y es que, resume Riera, "tras comer cuatro o cinco docenas de ensaimadas el forastero recién llegado comienza a estar a tono con la isla, esto es, a aceptar la lentitud y la calma".

Tras ilustrar cada aspecto del discurso con numerosas citas, Riera dejó para el final "el homenaje a Mallorca" de Azorín, Unamuno y Borges.

"La tierra que amo es Mallorca. El paisaje que quisiera ver a todas las horas es el de Miramar", escribía Azorín en 1906, tras su único viaje a Mallorca.

La candidatura de Riera, cuya trayectoria ha merecido numerosos premios y que es catedrática de Literatura de la Universidad Autónoma de Barcelona desde 1995, fue presentada por Álvaro Pombo, Carmen Iglesias y Pere Gimferrer, quien ha sido el encargado de dar la respuesta al discurso de ingreso, en una ceremonia presidida por la Princesa de Asturias.

Autora de una amplia obra en castellano y catalán, Riera incrementa la escasa lista de mujeres que actualmente hay en la RAE, integrada también por Ana María Matute, Carmen Iglesias, Margarita Salas, Soledad Puértolas, Inés Fernández Ordóñez y Aurora Egido, quien leerá su discurso de ingreso en los próximos meses.

Como señalaba Riera en una entrevista con Efe difundida el pasado lunes, a la escritora le hace ilusión incorporarse a la RAE cuando se celebra el tricentenario de esta institución, "sobre todo porque ha habido pocas mujeres en la Academia y el hecho de que ahora ingrese otra es un buen agüero para el futuro". "Creo que habrá más mujeres sin duda", afirmaba esta novelista que se considera mallorquina por mucho que en su DNI figure que nació en Barcelona, en 1949.

En esa ciudad trabajaba su abuelo como ginecólogo y su madre prefirió dar a luz bajo su tutela, pero a los pocos días volvió a Palma de Mallorca, la ciudad donde la futura escritora pasó su infancia y buena parte de su juventud.

Aún no sabe qué trabajo le corresponderá hacer en la Academia pero confía en que su doble faceta de escritora y de experta en Literatura Española le sirva para colaborar en las obras que prepara esta institución. "Espero y deseo serles útil, porque estar de florero no me apetece nada", le decía con humor a Efe Riera que ha alternado desde muy joven su labor de profesora con la de escritora: "Más que ratos libres, he dedicado noches enteras a escribir mis novelas".

Carme Riera ha publicado numerosos libros de relatos y novelas, entre ellos "El perro mágico", "Cuestión de amor propio", "La mitad del alma", "El verano del inglés", "Naturaleza casi muerta" y "Tiempo de inocencia", su último libro hasta ahora, de carácter autobiográfico. Su obra está traducida a unos quince idiomas.

Ha obtenido, entre otros premios, el Anagrama de Ensayo por "La Escuela de Barcelona"; el Josep Pla de Narrativa catalana por "Dins el darrer blau" ("En el último azul"), en enero de 1994, la cual lograría un año más tarde el Nacional de Narrativa. Su novela "La meitat de l'ànima" obtuvo el Premio Sant Jordi de novela en 2003.

Esta tarde, Riera leerá un resumen de su largo discurso de ingreso, de más de 200 páginas, titulado "Sobre un lugar parecido a la felicidad", para el que ha utilizado más de treinta textos de escritores y artistas como Azorín, Rubén Darío, Unamuno, Borges, Georges Sand, Chopin, Pla y Rusiñol.
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