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¿Qué podemos decir los mexicanos después de un año del Gobierno de Enrique Peña?

Juan Federico Arriola
martes 26 de noviembre de 2013, 20:10h
La democracia mexicana no tiene actores demócratas, o más bien, muy pocos, tan pocos, que caben en un Volkswagen Sedan modelo 1976 y sobra un sitio.

Los partidos políticos mexicanos: Partido Revolucionario Institucional (PRI), Partido Acción Nacional (PAN), Partido de la Revolución Democrática (PRD) que son los grandes, así como los pequeños Partido del Trabajo (PT), Partido Verde Ecologista de México (PVEM), Partido Nueva Alianza y el Partido Movimiento Ciudadano no practican la democracia hacia dentro y no están preparados para competir contra otros sin trampas, sin transparencia en el uso de los recursos públicos, ni excesos de costos en los gastos de campañas federales y estatales.

El gobierno de Peña tiene muchas características del viejo régimen priista: demagógico, ineficiente en materia económica, populista y lo que es peor, en algo no se parece a los gobiernos post revolucionarios mexicanos de mediados del siglo XX: no garantiza gobernabilidad.

Como ciudadano mexicano no veo ninguna mejoría en seguridad pública y en crecimiento económico en un año de gobierno. El propio Peña pidió a los mexicanos cierta paciencia y se comprometió a que en un año se verían resultados.

Por otra parte, el gobierno de Peña no ha combatido la corrupción como él mismo declaró hace un año. Si bien la ex jefa del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación está en prisión desde febrero de este año –jurídicamente por la comisión de múltiples delitos y políticamente porque desafió al gobierno de Peña con insolencias tremendas- y el ex gobernador de Tabasco está bajo proceso penal por diversos delitos de orden financiero; hay otros personajes que gozan de la impunidad plena. Por ejemplo, el ex gobernador del Estado de México, vecino a la Ciudad de México, Distrito Federal, Arturo Montiel, no obstante el escandaloso enriquecimiento que logró en pocos años, siendo de origen humilde o dicho en otras palabras, que no es rico de abolengo, su sucesor en el cargo de gobernador y sobrino Enrique Peña, así como el extinto gobierno panista de Felipe Calderón, han protegido a este personaje que aún aparece en escándalos judiciales: le privó a su segunda esposa oriunda de Francia, el derecho de visitar y ver a sus hijos menores.

Por otra parte, también está el escándalo del ex gobernador de Coahuila, Humberto Moreira, que dejó en la quiebra a su Estado con una deuda enorme ¿fue para financiar la campaña de Peña? Y hoy vive dorándose la piel en un lujoso departamento en Barcelona, España.

En Política Exterior, Peña tampoco ha seguido la tradición diplomática mexicana: en vez de defender la soberanía de México, se inclina ante los intereses políticos y comerciales de China y Estados Unidos y no logra mejorar el personal diplomático, cuando México tiene diplomáticos de carrera cultos, políglotas y conocedores del Derecho Internacional, Peña opta por improvisar y envía de Embajador de México en Grecia al ex gobernador de Veracruz, Fidel Herrera, un hombre cuasi-ignorante que no conoce de temas jurídicos, históricos, culturales, de diplomacia, de comercio internacional, etcétera.

Por último el gabinete de Peña no merece el respeto de los ciudadanos: en Hacienda, su titular que peca de arrogancia ha tenido que corregir las cifras económicas continuamente y su política hacendaria es terrorista e ineficaz; el de Gobernación, es un político local e inexperto que no entiende los problemas de ingobernabilidad e inseguridad que existen en la mitad del territorio mexicano y el procurador general de la República no es penalista, criminólogo, no fue agente del ministerio público, ni juez en materia penal, es un viejo político, de los que se llaman dinosaurios, con mucha experiencia en cargos públicos, tan diversos, que no se especializan en nada.

En lo particular, no creí en el discurso de Peña durante la campaña presidencial. Hoy los hechos lamentablemente nos dan la razón a los críticos. Sabemos que el actual presidente de México, tiene la piel muy delgada y no soporta las críticas. ¿Quiere refutar Peña a sus críticos? Sólo tiene una forma de hacerlo: con hechos, porque sus palabras hasta el día de hoy son huecas, llenas de nada.

Juan Federico Arriola

Profesor de Derecho

Profesor de Derechos Humanos en la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México.

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