El cometa Ison ha alcanzado este jueves su perihelio o máximo acercamiento al Sol, enfrentándose a una gravedad, temperatura y radiación extremas que pueden haberlo destruido. Hasta la próxima semana los telescopios no podrán captar la imagen de cómo Ison ha salido de su andanza. Siendo la desintegración su destino más probable, será imposible asistir al espectáculo visual el cometa venía prometiendo desde su descubrimiento hace un año, con un brillo no registrado desde hace décadas. Sin embargo, el estudio de su fragmentación podría abrir interesantes vías de investigación sobre el origen de nuestro sistema solar.
Imagen del cometa Ison la madrugada del 21 de noviembre desde el Observatorio del Teide (J.C. Casado)A las 19:25 de este jueves, hora peninsular española, el
cometa Ison ha alcanzado el punto de su órbita más cercano al Sol. Es el momento que la comunidad astrofísica ha estado esperando desde que esta bola de hielo, polvo y rocas fuera descubierta en septiembre de 2012. Hace más de un año, cuando se encontraba cerca de la órbita de Júpiter, a 600 millones de Kilómetros de la Tierra, ya se estimó que podía ser uno de los cometas más espectaculares vistos desde la Tierra en las últimas décadas. Eso sí, antes de intentar pasar a la historia debía enfrentarse a una última y vital prueba:
rozar el Sol y no morir en el intento. A partir de la próxima semana, cuando Ison -o lo que de él quede- se aleje lo suficiente del Sol como para no ser envuelto en su brillo, podremos observar si el que apuntaba a ser el cometa de siglo ha logrado superado el crucial momento.
Ison fue descubierto el 21 de septiembre de 2012 por los astrónomos rusos
Vitali Nevski y Artyom Novichonok. Días después de su presentación al mundo, los cálculos sobre su órbita desvelaron que se trataba de un cometa ‘sunrising’ o rozador solar, lo que significa que en algún momento de su trayectoria pasaría realmente cerca del Sol. Este jueves Ison ha acudido a esta cita anunciada con el Astro Rey, el perihelio o máximo acercamiento al Sol. El cometa ha pasado a 1.800.000 kilómetros del núcleo solar, a una velocidad de 1,4 millones de kilómetros por hora y se ha visto sometido a una gravedad extrema, unas temperaturas radicalmente altas y una intensa radiación.
A partir de ahora pueden dibujarse dos escenarios posibles. Si Ison ha sobrevivido a su flirteo con el Sol, podremos asistir con una alta probabilidad a uno de los espectáculos astronómicos visuales más espectaculares de los últimos años. Si las condiciones de su travesía solar lo han derretido como a un cubito de hielo, nos quedaremos sin show, pero el horizonte que se abriría a la ciencia sería mucho más interesante: el de poder indagar en el origen de nuestro sistema solar.
¿Qué tiene Ison?Mientras se escriben estas líneas, unos quince cometas están surcando los cielos. Unos se perciben a simple vista, otros no, pero todos forman parte de un fenómeno astronómico de lo más común. ¿Qué tiene, entonces, Ison para haber levantado tal expectación?
En primer lugar, el brillo que se detectó cuando aún se encontraba a millones de kilómetros de la Tierra llevó a especular “sobre que fuera un cometa inmenso en el cielo cuando pasara por las proximidades de la Tierra”, explica el
director del Observatorio Astronómico de Almadén de la Plata en Sevilla y presidente de la Asociación Astronómica de España, Miguel Gilarte. “Llegó a decirse que podría ser incluso más brillante que la luna”, escenifica.
Tanto Gilarte como el
administrador del Observatorio del Teide en el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), Miquel Serra, ponen el acento en la imprevisibilidad de los cometas. Si su órbita es predecible de forma matemática, su comportamiento puede ser inesperado. “Según las últimas informaciones, el cometa no ha mantenido la tendencia de crecimiento en su brillo”, explica Serra, y señala que esta pérdida de fulgor “podría ser indicativo de que se ha ido desintegrando” en su aproximación al Sol.
Aunque no está todo perdido para quien espera disfrutar de un cielo diferente a partir de la próxima semana, la desintegración es, de hecho, el destino más probable para Ison. Aunque, tal y como señala el presidente de la Asociación Astronómica, se han dado casos de cometas más pequeños que Ison que han sobrevivido a menores distancias al Sol, “hay que tener en cuenta que un cometa es una cosa muy frágil, es una roca rodeada de hielo y, a las temperaturas a las que se ha sometido, lo más normal es que se haya desintegrado”.
Aún no está todo dicho y habrá que esperar a la primera semana de diciembre para que Ison, o lo que quede de él, salga de la zona más luminosa en torno a Sol y sea visible, para comprobar en qué estado ha quedado. “Si se ha fragmentado, lo que se va a ver en el cielo son unos restos mucho más difusos, vamos a perder gran parte del brillo que se esperaba”, admite Gilarte. “Si sale entero de detrás del Sol, se podrá ver desde cualquier sitio, incluso de día”, señala.
A partir de la
primera semana de diciembre, en las proximidades del Sol en el cielo, podrá verse a Ison, desde zonas especialmente oscuras en caso de que se haya fragmentado, desde cualquier punto si ha sobrevivido al viaje, y será el
26 de diciembre cuando alcance su punto más cercano a la Tierra –a unos 300 millones de kilómetros- y sea, por tanto, más brillante y visible. A partir de ahí, se irá borrando del firmamento.
Cometa ‘virgen’El hecho de que su inicialmente especulado potencial de brillo se haya deshinchado no resta importancia a la marca de este jueves en el calendario. Que Ison se desintegre y prive a la Humanidad de un espectáculo inolvidable puede ser un punto a favor de la ciencia, ya que su fragmentación dejaría al descubierto las entrañas del propio Sistema Solar.
“En el interior de los cometas es donde está el material inalterado del instante en que se formó nuestro sistema solar”, explica Serra. Se cree que Ison procede de la llamada
nube de Oort, una esfera que rodea el sistema solar a aproximadamente dos años luz de distancia y que se compone de los residuos del comienzo del Sistema Solar.
A su origen, Ison suma otra característica que le otorga un valor científico incalculable. “Es un cometa virgen”, ilustra Gilarte, “que
nunca ha tenido un desgaste”. Mientras que otros cometas pasan cerca del Sol con cierta periodicidad, este cuerpo de órbita abierta es la primera vez y la última vez que nos visita, albergando en su interior un material incorrupto. Es un residuo primitivo que podría ayudar a los investigadores a conocer cómo se formó el sistema solar.
La sublimación (paso del sólido al gaseoso) de parte del cometa, inducida por las altas temperaturas del Sol, también permitiría hacer “un buen estudio”, según Serra, pero lo que los científicos están esperando “impacientes” es “poder hacer algún espectro” de los materiales resultantes. “Ver la imagen es muy bonita, pero si no se hacen espectros con un telescopio y se analiza su composición, científicamente no se puede decir mucho”, indica.
“Queremos analizar la composición del núcleo del cometa y, por tanto, de los materiales que formaron la nube primigenia de nuestro sistema solar, un objetivo en el que Ison nos ayudará especialmente
porque es un cometa sin malear, que viene directamente de la nube de Oort”, puntualiza el investigador del IAC.
Que Ison no supere la prueba y se fragmente, ofreciendo su composición interna a los telescopios científicos, podría abrir por tanto un escenario más interesante que si sobrevive, regala una bonita estampa y se marcha para siempre, expulsado fuera del Sistema Solar por la gravedad solar.