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Los 35 años de nuestra Carta Magna

martes 03 de diciembre de 2013, 20:11h
Nuestro sistema político democrático tiene una serie de pilares básicos y esenciales que poco a poco van cumpliendo años. Hace pocos días escribíamos sobre los 38 años del reinado de Juan Carlos I, nuestro Jefe del Estado y titular y protagonista del Título II de nuestra Constitución. Hoy le toca la conmemoración a la propia Constitución de 1978, que un seis de diciembre de hace 35 años fue mayoritariamente apoyada por el pueblo español y se configura como la norma jurídica suprema que regula nuestro actual sistema político.

Es bueno siempre hacer un poco de memoria y ser conscientes de lo que celebramos y de lo logrado entre todos. La Constitución de 1978 culminó un ciclo histórico que se inició en 1812 con la fallida Constitución de Cádiz. A finales del siglo XVIII se inicia la senda del Estado democrático y constitucional, principalmente en el Reino Unido, Estados Unidos y Francia. A lo largo de los siglos XIX y XX van incorporándose paulatinamente diferentes países a esta senda democrática. España -de los primeros Estados en tener una buena Constitución, como la de 1812- no fue capaz ni de cumplirla, ni aplicarla. Fue más papel mojado que otra cosa.

Igualmente pasó con el resto de nuestros textos constitucionales del XIX y del XX, vidas cortas -salvo la Constitución de 1876-, de poca eficacia política y jurídica, Constituciones de partido -los tradicionales partidos liberal o conservador- y no de todos los españoles, fruto del consenso como la actual. No se solventaron los problemas de la excesiva intervención de los militares en la política, del papel predominante de la Iglesia, de la crisis social y económica de España y de las tensiones nacionalistas. La Constitución de 1978 logró triunfar en casi todos los terrenos en las que nuestras anteriores Constituciones fracasaron.

Nuestra Constitución de 1978 ha traído paz y concordia entre los españoles y las tradicionalmente malavenidas dos Españas. Nos ha proporcionado un Estado constitucional que ha funcionado, que ha generado prosperidad económica y desarrollo social y cultural. Ha sido una Constitución de todos y para todos, norma jurídica, más que política, pero que en estos últimos años está recibiendo una presión excesiva, y no deseable, por parte de una determinada clase política catalana que busca, como en los lamentables tiempos pretéritos vividos, no respetar el Estado democrático y constitucional que todos los españoles nos dimos hace 35 años.

La democracia tiene que hacerse y construirse todos los días. Tenemos que saber lo que tenemos, para valorarlo en su medida. La historia contemporánea de España ha sido buena en estos últimos 35 años, gracias a una Constitución que tenemos que saber defender y valorar, ninguna ha cumplido tan bien su función en nuestros dos siglos de historia como ésta. Queda mucho trabajo por hacer y por conseguir. Hay que profundizar en el respeto a la Constitución de 1978 y sus valores. Debemos defender y consolidar el Estado de Derecho que en ella se propugna, la independencia de los jueces, un Estado social justo y solidario, un Estado descentralizado basado en la justicia y la igualdad, sabiendo que los derechos humanos y las libertades públicas sólo se predican de los ciudadanos, nunca de los territorios.

Resta trabajo por hacer. Debemos actualizar y reformar la Constitución de 1978 para que en el año 2013, nos sigua siendo útil y fructífera como lo ha sido hasta ahora. Es tiempo de volver a ser, como en la Transición política, generosos, inteligentes y pragmáticos, pensar en el interés general y en lo que nos une, más que en lo que nos separa. Es tiempo de claridad y decisión, no de egoísmos ni de tibiezas.
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