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publica [i]Los nombres que jamás serán pronunciados[/i]

Alicia Huerta: "Concibo mi última novela como una aportación para dar a conocer el drama de los niños robados"

jueves 05 de diciembre de 2013, 15:23h
Los nombres que jamás serán pronunciados, la tercera novela de Alicia Huerta, es una obra coral en la que se dan cita personajes de varias generaciones y temas como el espionaje, los casos de niños robados, el amor y la búsqueda de uno mismo.
Su tercera novela tiene un ritmo trepidante...
Así es. Me di cuenta cuando al compartir párrafos en Facebook no podía escribir nada sin desvelar algo, así que pensé que no tenía nada de relleno. De todas formas, entiendo que eso no guste a todos los lectores, ya que pueden echar en falta más reflexiones o descripciones por mi parte.

¿Descripciones? Su relato está plagado de ellas.
Eso me ha llevado mucho esfuerzo. Han sido cinco años de trabajo. A diferencia de esta historia, mis otras dos novelas las escribí casi simultáneamente porque no era consciente de que las estaba escribiendo.

¿A qué se refiere?
Me refiero a que son novelas que me sirvieron como terapia en un momento difícil. Ambas responden a mis instintos mientras que Los nombres que jamás serán pronunciados la he escrito siguiendo un proceso más creativo a pesar de que, como en las otras ocasiones, me he dejado llevar por un personaje principal que ha irrumpido en mi mente y que me ha exigido contar su historia.

Esa historia de la que habla trata sobre el espionaje y los casos de niños robados, entre otros temas. ¿En qué ha consistido el trabajo de documentación?
Considero que los casos de niños robados es una realidad difícil de creer. Eso me ha obligado a investigar sobre el asunto para saciar mi curiosidad; tanto que he ido a asociaciones para hablar con ellos y conocer sus vivencias. La novela ya estaba empezada cuando comencé a leer sobre este tema, de modo que no lo considero el origen del libro, sino un telón de fondo. También me ha llevado tiempo documentarme sobre los servicios secretos, de los que tenía que saber más si quería escribir con propiedad. Creo que hay tres puntos fundamentales en la novela: el espionaje de antes y ahora, el asesinato de Carrero Blanco y los niños robados.



¿Qué hay de las mujeres de las que escribe? ¿No son también una parte fundamental del relato?
Sin duda. Primero fue Elisa, luego Claudia y ahora Silvia. Tras varias reuniones con la editorial con la que he trabajado, quedamos en publicar la novela en la primavera de este año, pero después se pospuso a Navidad. Al mismo tiempo que estábamos corrigiendo y maquetando, se hizo la portada. Cuando me la mandaron, pensé que era preciosa, pero no me imaginé a un hombre comprándola. Fue la primera vez que tuve conciencia de que quizá me estoy centrando demasiado en las mujeres. La prueba es que la próxima también está protagonizada por un personaje femenino.

En sus libros está muy presente el amor. Aunque sus protagonistas no siempre acierten con sus parejas, terminan siendo felices.
Creo en los finales felices. Mis tres novelas acaban así, a pesar de que el relato hace presagiar lo peor. ¿El amor? No creo que sea un tema lineal porque creo que siempre hay altibajos. Lo considero el motor que mueve el mundo junto al dinero. Mis tres novelas son de amor, pero la última más que ninguna. En el amor, para ganar tienes que perder. Además, es tan injusto de quién te enamoras… Para mí ese es el verdadero leitmotiv de la novela: demostrar la injusticia del amor.

¿Silvia es el personaje más complejo del que ha escrito?
Sí. En momentos creo que al lector no le van a gustar sus decisiones porque es capaz de seguir adelante dejando atrás unos padres y una hija. Tiene una capacidad de regeneración alucinante.

¿Cuando escribe tiene presente que puede no gustar al lector?
No, no pienso en si gustará al lector porque cuando escribo estoy metida absolutamente en la historia. Es más, estuve llorando dos días después de terminar este libro. Sentía que echaba de menos a mis personajes.

¿Imagina a los personajes de los que escribe?
No lo hago, aunque sí en el caso de los lugares en los que transcurre la novela. Los visualizo continuamente como si pasara una película ante mis ojos. Quizá de alguno de mis personajes sí me imagino los andares o sus gestos, pero no los rasgos.



Su segunda novela fue autoeditada a diferencia de la que ahora presenta, que ha sido publicada por una editorial. ¿Qué tal la experiencia?
Estoy trabajando muy bien con ellos a pesar de la presión, porque ha habido momentos muy duros. Escribir es muy divertido, pero corregir es un horror. Al no ser un libro autoeditado, ellos pueden pronunciarse sobre su contenido. Tampoco hay que olvidar que les pertenecen los derechos de autor durante los próximos cuatro años. Para mí era importante ver cómo funcionaba esta novela en una editorial. En el caso de Palabras de agua, tienen distribuidores en casi toda España, y eso es bueno porque el problema de las editoriales de autoedición es que no tienen distribuidores para poder ganar más margen y eso dificulta que las novelas lleguen a más gente.

¿No está contenta entonces con la autoedición?
No, no es eso. Creo que he aprendido mucho. Para un escritor que está empezando, creo que es una buena alternativa para ir dándose a conocer. Eso te permite trabajar entre tanto en el siguiente trabajo para intentar colocarlo en una editorial. El problema es que hay mucho escritor y no dan abasto.

¿Cree que el tema de los niños robados puede ayudarle a llegar a más lectores?
Partiendo de que huyo de hacer sensacionalismo con este asunto, me gusta concebir la novela como una aportación para dar a conocer este drama. Pero, insisto, es una historia de amor y de una mujer y su hija. El resto forma parte del telón de fondo.

Alicia Huerta presentará la novela el 11 de diciembre a las 20:00 horas en el restaurante Tierra de Queiles, en la calle Hermosilla, número 7, de Madrid.
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