www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Ha muerto Nelson Mandela

viernes 06 de diciembre de 2013, 16:56h
Nelson Mandela es más un icono del siglo XX que del XXI. Ha muerto en Sudáfrica con la dignidad por la que lucho y en vida se le negó por décadas, con la fortuna de vivir para ver una transformación que con sus más y sus menos, es un reclamo a no dar y a no permitir un paso atrás en la consecución de la igualdad entre seres humanos, conseguida a tirones y empujones, porque nadie se la regaló.

Mandela es ante todo y por sobre todas las cosas, un luchador en tres vertientes muy puntuales que no debemos de olvidar y que precisamente al morir, nos invita a tenerlas sumamente presentes, con las cuales comprenderemos mejor el significado de su deceso:

a) Reclamó la no discriminación racial primero, para los negros por parte de una minoría blanca que actuaba así creyéndose los designios que por siglos mancillaron a la gente que no lo era, nutriendo su cultura, su discurso y su creencia de pretendida justificaba superioridad étnica, para denigrar y no solo para someter a los negros africanos, todos. Eso sí, sin olvidar que los blancos ya eran tan africanos como el que más.

b) Mandela consiguió que se proscribiera la segregación racial en otros países vecinos como Namibia y Zimbabue. En efecto, lo consiguió tras de que el gobierno sudafricano soltó a Namibia (1990) –que la detentaba ilegalmente, desoyendo a la ONU– y fue inspirador en los noventa para acelerar el proceso tras la independencia de Zimbabue (1980). Consiguió eliminar la segregación imperante en ambos países, en donde se había copiado el modelo sudafricano de execrable triple herencia (británica, neerlandesa y alemana), haciendo hasta entonces legal a la desigualdad concomitante de un triple colonialismo.

c) Reclamó la dignidad para los suyos , los de su raza, si lograr eso sí, que en todos los casos sucediera un cambio de mentalidad en pro de reconocerla y vivirla por el solo hecho de cambiar leyes y símbolos del estado sudafricano (la bandera nacional, la lengua oficial y otros) pero al menos se avanzó de forma tal que se prohibió el apartheid.

Este último punto nos evidencia cuán complicado fue el proceso para liberar al luchador sudafricano y que alcanzara su meta, porque cambiar mentalidades implica siempre ceder privilegios si se trata de relaciones de dominio como las que prevalecían. Aquí cabe contarle la complejidad de deshacerse de los símbolos antiguos de dominio y sujeción de la época de la segregación en Sudáfrica, quizás provocando que se pasara al otro extremo, su prohibición más recalcitrante.

Así, recuerdo que hace una década aprovechando una visita a la embajada sudafricana en la Ciudad de México, les pregunté allí por una palabra en afrikaneer. Me respondieron tras unos momentos de espera, en que fueron a consultar, que no podían expresar nada en esa lengua, símbolo del periodo segregacionista (y antes de la más ignominiosa esclavitud). ¿Sabe? la palabra consultada fue “México”. Aún no existía la Wikipedia donde libremente se la puede consultar.

Ello me recordó que, si bien con el ascenso de Mandela, Sudáfrica avanzó en leyes que reconocieron derechos conculcados a los negros, acaso fue complicado asumir los nuevos tiempos y reconciliarse con el pasado reciente; no menos cierto fue que ya en el año 2000, en torno al décimo aniversario de la prohibición de la segregación racial, esos ciudadanos sudafricanos beneficiados se quejaban de que una década después y cuando los negros ya podían visitar las playas reservadas a los blancos, eran ellos, los blancos, los que se abstenían de ir para convivir. No cabe duda que la ley puede cambiar reglas, pero no siempre de forma veloz opera igual sobre las mentalidades. Ahora parece que las cosas han cambiado un poco más. Y me alegro. Es el mejor homenaje que puede rendirse a Mandela.

En todo caso, la lucha de Nelson Mandela de ninguna manera podría circunscribirse a los negros sudafricanos. Ya es universal y Mandela es ya un representante de esa tarea a favor de la igualdad de todos los seres humanos. Ese será su gran legado.

Es una lucha reclamante en contra de todo intento segregacionista, racista para más señas, que ya no admite resquicios legales ni evasiones cínicas. Apunta directo a la yugular de quien se atreva a menoscabar a nadie por su color de piel y por cualquiera otra condición.

Yo mismo en esta columna que usted amigo leal de El Imparcial amablemente sigue en los dos hemisferios, he empleado vocablos como “negro”, precisamente porque las cosas han de tratarse de frente y no con apelativos para ser injusta y discriminadamente eso que llaman ser “políticamente correcto”, porque es hora ya de desprender de cualesquiera carga negativa a tal vocablo si es que de verdad queremos ser igualitarios; si la palabra “blanco” no concita ser negativa, no ha de serlo “negro” y depende de todos nosotros que así la asumamos y solo actuando sin caretas ni falsos pudores, lo demostraremos. En vez de evitar decir “negro” o de voltear hacia otro lado o de andar buscando palabras que maticen lo que jamás debió de conllevar ninguna carga negativa. Voy más. La proscripción de la discriminación ha de iniciarse por el idioma. El día que llamemos “hombre” y “mujer” al hombre y a la mujer y a secas, ese día la Humanidad estará honrado a Mandela, sin necesidad de solo condolerse por su sentida muerte ni de levantarle monumentos ni de dedicarle poemas. Serán nuestros actos de justicia y de inclusión, la mejor forma de honrar al líder sudafricano hoy desaparecido.

Porque la negritud, esa excelsa condición de la que se enorgullecía el gran Nicolás Guillén, preclaro poeta negro de la Revolución Cubana, merece un reconocimiento en estas horas de duelo, no puedo sino seguir los pasos de Mandela y clamar para que su mejor legado sea el trato igualitario a todos. Debe desprenderse de una vez por todas de cualquier cariz despótico y despreciativo de su condición, porque ha clamado por ello incluso y sin duda, el presidente mexicano Benito Juárez, quien universalizó aquella frase que no es de su autoría, pero sí distintiva: “El respeto al derecho ajeno, es la paz”. Clamemos todos juntos: ¡Nelson Mandela! descanse en paz….
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (1)    No(0)

+

0 comentarios