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DEL PERIODISTA DAVID FELIPE ARRANZ

De la aventura a la denuncia: Las cien mejores películas sobre migración

Laura Crespo
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lauracrespoelimparciales/12/5/12/24
domingo 08 de diciembre de 2013, 16:06h
Actualizado el: 13 de diciembre de 2014, 00:23h
El filólogo y periodista David Felipe Arranz ha publicado su último trabajo literario, Las cien mejores películas sobre migración (Cacitel), un recorrido a través de la gran pantalla por el fenómeno de la migración, una realidad “tan antigua como el propio ser humano”. Desde clásicos mundialmente reconocidos, como Charlot emigrante, del genio Charles Chaplin, hasta joyas prácticamente inéditas cuyas copias no se encuentran con facilidad. El volumen presenta al lector una “combinación perfecta” para digerir un concienzudo análisis sobre los movimientos migratorios a lo largo de la historia, “disfrutando de un producto cinematográfico excelente”.
Tres años ha costado parir esta nueva criatura. Después de Las cien mejores películas sobre el racismo y Las cien mejores películas sobre obras literarias españolas, el filólogo y periodista David Felipe Arranz vuelve a amasar un inmenso estudio sociológico a través del séptimo arte en Las cien mejores películas sobre migración (Cacitel). Tal y como explica Arranz en una entrevista con este periódico, las noticias sobre los fenómenos de inmigrantes ilegales que plagaron los medios de comunicación en 2010 le hicieron cuestionarse por qué “los diferentes Estados no encuentran una solución a la oleada de emigrantes” que parten del “ahora llamado mundo en desarrollo para convertirse en inmigrantes ilegales, sin papeles, en los países supuestamente desarrollados”. Cien películas seleccionadas a partes iguales a partir de listas de usuarios y expertos y gracias al "olfato" del propio autor que componen una radiografía del fenómeno de la inmigración a base de fotogramas.


David Felipe Arranz, autor de
Las cien mejores películas sobre migración.

Pero, ¿por qué abordar una realidad tan compleja y rotundamente real a través de un medio cuya base es la ficción?
El cine ofrece la gran ventaja de que a la realidad social que presenta se le une la estética. Si, gracias a ese envoltorio cinematográfico, se presenta un documento real y relevante como una auténtica obra de arte, creo que la combinación es perfecta.

Desde Al otro lado (2005, Gustavo Loza), hasta Yo, un negro (1958, de Jean Rouch), las cien películas propuestas por Arranz recorren un listado alfabético con títulos cuyas críticas no bajan del notable alto.





¿Cómo ha evolucionado a lo largo del tiempo la imagen que se transmite de las migraciones a través del cine?
Los primeros cineastas lo expresaban con un relato muy literario, siguiendo una estructura narrativa clásica. Presentan la clásica "Odisea", una historia de superación de un estado de pobreza, de un estado de transición que culmina con la llegada al nuevo mundo, al nuevo país. Es un punto de vista que parte del cine de aventuras. En los setenta y ochenta se produce el cambio de paradigma: los cineastas empiezan a hacer un cine mucho más comprometido, donde clarísimamente se sitúan a favor de los inmigrantes ilegales.

- Una película tan emblemática como La aventura de Plymouth (1952, Clarence Brown) representa cómo el fenómeno migratorio se recogía en un formato aventurero.
- Algunas películas se adelantan a su tiempo, como América, América (1963, Elia Kazan), sobre la dureza de los trabajos en los que se emplean los inmigrantes griegos en América. Empieza siendo un relato de aventuras para quebrarse hacia la mitad del metraje y convertirse en un mensaje de protesta.
- En La frontera (1982, Tony Richardson) nos encontramos con un Jack Nicholson metido a policía de fronteras en el paso de Texas que abandona la narrativa de aventuras y se sitúa en el lado de apoyo del inmigrante.





En la actualidad estamos viviendo en nuestro país un fenómeno migratorio, en este caso el de jóvenes que buscan en el extranjero las oportunidades laborales que no encuentran en su lugar de origen. ¿Lo veremos reflejado próximamente en una corriente cinematográfica?
Evidentemente, con la emigración de nuestros compatriotas a otros países, se está produciendo un relato de desarraigo. Qué duda cabe de que toda la gente joven que se marcha a trabajar al extranjero está repitiendo ese patrón de la España de principios de los sesenta consiguiendo trabajos incluso más ínfimos de los que se lograban en la época. Antes se movían en la vida industrial, ahora se colocan en rangos muy, muy bajos del sector servicios. Sin duda, de aquí saldrá una narrativa cinematográfica muy sugerente.

La emigración de españoles a la que asistimos hoy en día puede compararse con la que vivieron nuestros padres y abuelos en los sesenta y que el cineasta toledano Carlos Iglesias retrata en Un franco, catorce pesetas (2006).





¿Hay diferencias en el retrato de la migración según el país en el que se produzca la película o la nacionalidad del cineasta que cuente la historia?
Sí puede apreciarse que cada país o cada continente desarrolla su propio problema. Por ejemplo, el cine francés y belga se centra en el entramado de mafias que recibe a los inmigrantes ilegales y cómo estos se van empleando en redes de construcción que paga unas retribuciones ínfimas. Esto se traduce en accidente, muertes y una quiebra social enorme.

La promesa (1996, Luc y Jean Pierra Dardenne) enfoca desde los ojos de un niño cómo las promesas sobre un nuevo mundo se ven truncadas. En El silencio de Lorna (2009, Luc y Jean Pierra Dardenne), una joven albanesa llega a un ámbito de las mafias del Bélgica.





En el Reino Unido preocupa mucho el trasiego de inmigrantes en barco.

True North (2006, Steve Hudson), basada en hechos reales, cuenta cómo un el capitán de un barco pesquero escocés se libra con prácticas poco éticas de una “carga” de inmigrantes ilegales chinos trasladados desde el Mar del Norte al Reino Unido.





Todos los cineastas de Sudamérica y Centroamérica hablan del flujo de inmigrantes del sur al norte en el continente americano y hay también un conjunto de películas que tratan un fenómeno quizás menos conocido: los episodios de xenofobia y racismo dentro del propio cono sur de América.

Alambrista (1978, Robert Young), Bolivia (2001, Israel Adrián Caetano), Espaldas mojadas (1953, Alejandro Galindo), o El norte (1983, Gregory Nava) son buenos ejemplos de la cinematografía latinoamericana sobre migración.





Toda la cinematografía italiana recoge fenómenos de la emigración de la Italia rural del sur hacia Milán en busca de trabajo.

Rocco y sus hermanos (1960, Luchino Visconti) indaga en los movimientos desde zonas rurales hacia Milán.





En España, a parte de la emigración hacia el exterior, la cinematogafía ha recogido también estos fenómenos de migraciones interiores, a veces con brotes de xenofobia.

La piel quemada (1967, de Josep Maria Forn) aborda las migraciones de los andaluces a Cataluña. Fue una película muy complicada porque mostraba la cara oculta de la España del desarrollismo.





Es Estados Unidos, con su potente industria de Hollywood, la que suele marcar las pautas de representación cinematográfica. ¿Estamos acostumbrados a entender la migración desde un punto de vista estadounidense o van ganando terreno otras miradas?
Ya se abren otros caminos. Creo que la preocupación europea de cómo se recibe al inmigrante está generando una corriente cinematográfica muy sugerente. Está el relato estadounidense, que es muy válido y aún el predominante, pero también existe un relato europeo muy interesante. En Europa nos preocupa mucho el fenómeno migratorio y el tipo de narración cambia. Afortunadamente está empezando a crecer el éxito de un grupo de cineastas independientes que sitúa el edén prometido al inmigrante en Europa.

En películas como Solino (2002), el cineasta turco-alemán Fatih Akin está abriendo vías narrativas muy interesantes partiendo de historias de amor de inmigrantes para hablar del encuentro entre turcos y alemanes.





Como el cine, ¿es también ahora la sociedad más sensible que antes al fenómeno de la migración?
Creo que el fenómeno de la migración siempre ha estado muy presente en la sociedad, lo que pasa es que ahora se ha multiplicado mucho la producción de largos centrados en este tema, sobre todo gracias al cine independiente.

Los Bandeirantes (1960, Marcel Camus) ya recoge la imagen del emigrante como un hombre herido por las inclemencias, por el tiempo y por la sociedad. Muchos clásicos, como The Glass Wall (1953, Maxwell Shane) o Hawaii (1966, Geroge Roy Hill) mostraron una incipiente conciencia social.





¿Esta conciencia presente en el cine se llega a transmitir a la sociedad? ¿Somos, en general, sensibles con este tema?
Desde luego, el apoyo que presta el público a estas películas es escaso. Cualquier cineasta de los que estamos hablando sabe que sus películas no han sido taquilleras. Son películas muy premiadas, muy conocidas en el ámbito cinematográfico y muy reconocidas a nivel artístico, pero que no han dado el salto al gran público. La sensibilidad artística de un cineasta o de un escritor destaca un fenómeno al que tal vez el ciudadano le da la espalda. Son temas incómodos, apasionantes y que remueven conciencias, un tipo de cine poco ‘palomitero’.

En este mundo (2002, Michael Winterbottom) habla sobre dos jóvenes afganos que deciden, en la frontera, saltarse al mundo occidental, dejándose muchas cosas por el camino. Ganó el Oso de Oro en el prestigioso Festival de Cine de Berlín pero tuvo escasa repercusión en taquilla. Tampoco a todo el mundo le atrajo la idea de seguir la vida un inmigrante paquistaní, antigua estrella del rock que ahora empuja un carrito de venta de café por las calles de Nueva York, el argumento de Un café en cualquier esquina (2005, Ramin Bahrani).





¿Es común que las películas de esta temática se salgan del género dramático, como hizo el cómico Chaplin en Charlot emigrante?
Aunque la mayoría son dramas, estas películas están llenas de esperanza. Todas están protagonizadas por inmigrantes que guardan la esperanza de regresar a su tierra. Lo bonito es el motor que empuja a cada uno de ellos. La palabra 'esperanza', de hecho, está en muchos de los títulos, es la palabra positiva que unifica muchas de las historias de la migración. Ninguno de los personajes pierde jamás la esperanza de regresar a la tierra que lo vio nacer, el reencuentro les marca a todos ellos como meta final.

Los baúles del retorno (1995, María Miró) recoge el drama del pueblo saharaui. Esos baúles de los campos de refugiados de Villa Cisneros, en el Sáhara Occidental, guardan la esperanza del pueblo saharaui.





Según los datos que recoge Las cien mejores películas sobre migración, es en la década de los noventa y, sobre todo, en los 2000, cuando se produce un ‘boom’ de esta temática en la gran pantalla. ¿Por qué?
Sin duda, se debe a los medios de comunicación, a la aparición de más canales de información, como la televisión o Internet, a través de los cuales los cineastas pueden nutrirse del trabajo que hacen los periodistas. Además de como fuente de información o inspiración, los medios de comunicación también allanan el camino al cine apoyando la sensibilización de la opinión pública acerca del drama de los inmigrantes ilegales. Sin duda, el periodista ha jugado un rol fundamental y, de hecho, muchos de estos cineastas han trabajado previamente como periodistas.

Recomendaciones del autor

-Cuando naces… ya no puedes esconderte (2005, Marco Tullio Giordana). Un niño que se encuentra en un yate con sus padres, en un viaje de placer por el Mediterráneo, cae al mar. Es recogido por una balsa repleta de inmigrantes ilegales y emprende un viaje por un mundo hasta ahora desconocido: el de las mafias dedicadas a introducir ilegales en Italia.

-14 kilómetros (2007, de Gerardo Olivares) relata un viaje a través del desierto que separa África de Europa.

-Antes de la lluvia (1994, Milcho Manchevski), sobre la guerra de los Balcanes y los fenómenos de migración que desataron.

-La ciudad (1998, David Riker), una película sobre cómo se ganan la vida los inmigrantes mexicanos en Nueva York.

- La foto del compromiso (1994, Kayo Hatta). Ambientada en los años 10, cuenta la realidad de la compra de esposas por catálogo por parte de los japoneses que se encontraban trabajando en los campos de azúcar de Hawaii.

-La otra América (1995, Goran Paskaljevic) habla de un español que tiene un bar en Brooklyn y hace amistad con un montenegrino.

-Los mercaderes (1959, Francesco Rosi) destapa todo el estraperlo y la mafia que montaban los inmigrantes ilegales italianos en la Alemania de posguerra.

-Las puertas del paraíso (1968, Adrzej Wajda). Un documento excepcional sobre la llamada Cruzada de los niños en el siglo XIII, en la que cientos de adolescentes y niños marcharon hacia Jerusalén. Los pocos que alcanzaron la santa ciudad con vida, fueron convertidos en esclavos.




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